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Reconstrucción de Ecuador tardaría cinco años

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Edificios desmenuzados, puentes caídos, carreteras rajadas, postes de luz tendidos en el asfalto: el devastador terremoto de Ecuador ha dejado un rastro de muerte y destrucción, un mazazo económico en este pequeño país petrolero golpeado ya por la caída de los precios del crudo.
Todavía es pronto para una evaluación oficial certera de las costos económicos de este rabioso temblor en la costa ecuatoriana, pero basta recorrer ciudades y poblaciones como Portoviejo, Manta y Pedernales (estado Manabí, oeste) para constatar que no son ni la sombra de lo que eran: están rotos, los daños son enormes.
"Habrá que reconstruir Pedernales, el centro de Portoviejo, el barrio de Tarqui en Manta, Canoa, Jama, eso tomará meses, años y costará centenas, probablemente miles de millones de dólares. Pero no hay desafío que no podamos superar como país", dijo el presidente Rafael Correa en una visita a Pedernales, epicentro del desastre.
Diluida la bonanza petrolera, con una pérdida de USD 7.000 millones por la caída de los precios del crudo y un frenazo en las exportaciones no petroleras, Ecuador enfrenta ahora una gigantesca tarea de reconstrucción.
Las exportaciones de Ecuador se han visto afectadas por la devaluación de las monedas de sus vecinos Colombia y Perú, que abarata en esos países sus productos y fomenta la salida de capitales en Ecuador vía importaciones.
La reconstrucción deberá hacerse en una situación fiscal crítica: en 2015 Ecuador creció un tímido 0,3% (frente al 4% esperado) y se prevé un 1% en 2016. El FMI sin embargo augura una caída del Producto Interno Bruto de 4,5% para este año.
Durante una visita a Pedernales, una pequeña ciudad con playas sobre el Pacífico y fuerte actividad turística -uno se los sectores que el gobierno de Correa viene potenciando para impulsar la entrada de divisas-, el vicepresidente Jorge Glas dijo a la AFP que se han activado fondos de USD 450 millones para la reconstrucción.
Además, el miembro más pequeño de la OPEP, cuya economía depende en gran parte de las exportaciones petroleras, contará con líneas de financiamiento del Banco Mundial, el Banco Interamericano (BID) y otros instituciones, así como ayuda material y humana de países como Venezuela, Colombia, España y Perú.

"En mal momento"

Con eso se podrá cubrir parte de la rehabilitación de centenares de edificios, puentes, carreteras y otras infraestructuras destrozadas, algunas de las cuales fueron construidas con la inmensa renta petrolera de estos últimos años.
"Un terremoto siempre es malo, pero en este caso agarra a Ecuador en mal momento, con pocos fondos para la emergencia, y hay que ver qué va a hacer. Es bastante complicada" la situación, explicó a la AFP el economista Sebastián Oleas, profesor de la Universidad de San Francisco de Quito (USFQ).
Oleas recordó sin embargo que esta vez "no se rompió el oleoducto", como en el terremoto de 1987, que dejó al país sin poder exportar petróleo durante seis meses, con consecuencias nefastas para la economía.
Las autoridades ya confirmaron que ninguna de las principales refinerías del país -ni siquiera la de Esmeraldas (noroeste, la más cercana al epicentro)- ha sufrido daños, como tampoco tiene desperfectos el sistema de oleoductos.
Los aeropuertos están operativos, incluso el de Manta, un puerto pesquero y balneario turístico de 253.000 habitantes que está entre las principales ciudades afectadas.
"Por el lado productivo, la afectación no debería ser mayor. Aunque Manta es una zona industrial importante, las zonas más afectadas, entre el norte de Manabí y Esmeraldas (el estado al norte, fronterizo con Colombia), no son zonas productivas. Y la mayor parte de carreteras destruidas están en zonas secundarias a nivel productivo", aseguró a la AFP el economista Alberto Acosta.
"Es decir, eso no va a parar la producción y de ninguna manera va a justificar la contracción económica. Pero en estas circunstancias reconstruir todo va a ser mucho más difícil, más costoso, porque no hay los recursos y va a tocar destinar recursos de otros temas, y eso significa que va a haber una presión mayor en la caja fiscal para poder solucionar los daños", agregó este economista de la consultora grupo Spurrier.
A nivel personal, también el sismo es desastroso para muchos. Rubén Gallard, de 58 años, vio cómo se le derrumbaba en Manta el hotel y las dos tiendas de alimentación de su propiedad.
"Perdimos todo, no nos queda ni ropa, perdimos nuestra única fuente de ingreso. Algún tipo de ayuda tiene que llegar", le dijo a la AFP frente a lo que queda del hotel.

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