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Viaje al corazón de un cuento de Borges

El escritor argentino Jorge Luis Borges ilumina con pistas las ansias de conocimiento que tienen los lectores cuando salen de viaje por sus libros. Aquí, un ejemplo.

Viaje al corazón de un cuento de Borges
Viaje al corazón de un cuento de Borges

Jorge Luis Borges nos abre una puerta para viajar más allá de lo que leemos. Así como en la Muerte y la brújula nos llena de pistas para llegar al asesino, muchos de sus relatos están cruzados de señales que invitan al lector a cruzar la frontera de sus líneas.

La casa de Asterión, uno de los relatos incluido en su libro El Aleph, es un buen ejemplo de pistas párrafo tras párrafo.

La vivienda del protagonista tiene puertas abiertas e infinitas, no tiene techo y sus partes se repiten muchas veces. Borges no habla de laberinto, pero lo describe.

Alguna vez Asterión pisó la calle y provocó terror entre los transeúntes. Borges no habla de un monstruo, pero eso ven los hombres.

La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar.

El personaje del relato es único e irrepetible, y para más señas es hijo de una reina, cuyo nombre Borges jamás menciona.

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Más adelante el relato arroja un dato adicional.

Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal.

¿Quiénes son y por qué lo visitan? Borges se guarda la respuesta.

Asterión es redentor de esos visitantes desconocidos que mueren sin que se unte de sangre. De la misma forma, espera ser redimido. Su deseo se cumple en la última línea de la historia que funciona como pista definitiva.

-¿Lo creerás, Ariadna? – dijo Teseo -. El minotauro apenas se defendió.

Con el punto final, el lector inquieto buscará al minotauro, mitad hombre y mitad toro, en las páginas de la mitología. Allí encontrará lo que Borges no narró, pero nos obligó a rastrear.

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Asterión es hijo de Pasifae, la esposa del rey Minos, y de un toro blanco. Esa unión antinatural fue propiciada por los dioses molestos con el rey por su falta de halagos con la divinidad.

La casa es el laberinto que Minos le ordenó construir al arquitecto Dédalo para esconder el vergonzoso fruto de la infidelidad de su mujer.

Los nueve hombres que entraban cada año a su casa eran prisioneros de guerra, sometidos al suplicio del laberinto y la muerte.

Teseo, un preso de guerra que enamoró a Ariadna, la hija de Minos y Pasifae, recibió de ella un ovillo de oro y una espada para que matara al minotauro y pudiera salir del lugar.

De esa manera, de pista en pista, Borges pone al lector en la tarea de escudriñar los significados ocultos de sus relatos; las historias detrás de las historias.

El relato del Asterión crece cuando el lector va más allá de sus líneas y viaja a la isla de Creta para descubrir la magia del lugar donde se tejió esta historia.

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