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El municipio de Antioquia al que la violencia convirtió en un pueblo fantasma

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Cáceres es vigilado por 100 uniformados. Las bandas obligaron a huir a 1.569 familias en 2018. El Defensor del Pueblo lo visitó y quedó aterrado.
Carlos Negret, jefe de esa entidad, dijo que “es una situación aberrante, uno queda aterrado después de visitar cinco municipios del Bajo Cauca y encontrar Cáceres casi vacío por la angustia de la gente. Lo que acabamos de observar en el municipio es la gente paniquiada. Tenemos que contarle al país que hay que mirar a Cáceres”.
Negret estuvo el viernes en la población que según datos oficiales tiene cerca de 37 mil habitantes, pero de los cuales se marcharon cerca de 4.500 en 2018 bajo amenazas de las bandas criminales como las Autodefensas Gaitanistas de Colombia o Clan del Golfo y Los Caparrapos, las cuales se disputan el control territorial para traficar con cocaína y quedarse con el cobro de las extorsiones.
El alto funcionario recibió denuncias graves, que son corroboradas por personas que viven allí pero que hablan con temor y bajo la condición de no revelar sus nombres.
Las denuncias van desde el reclutamiento armado a niños desde los 11 años, para que integren los grupos armados, circulación de panfletos intimidatorios y el abandono completo de barrios, como La Magdalena, que está detrás del parque principal de ese municipio en el que las únicas calles pavimentadas son la Bolívar, la Santander y Calle Nueva.
A ese lugar, una noche antes de la visita de Negret, llegó  un escrito en el que les exigían a sus habitantes marcharse.
“Ayer (jueves) llegó un panfleto de Los Caparrapos obligando a la gente a que salga del barrio La Magdalena, que acabamos de caminar, es un corredor del río Cauca, para seguir haciendo fechorías”, denunció Negret, mientras recorría el lugar bajo un fuerte esquema de seguridad.
Las amenazas son similares a las que según habitantes del municipio llegaron el 20 de febrero, para que allegados al exguarda de tránsito Diego Teherán no asistieran a su sepelio.
O como las que circularon cuando fue asesinado Osneider, un joven de 24 años al que en el municipio llamaban ‘Agüitas’ y al que consideraban “la alegría del pueblo”.
“Trabajaba en una empresa llamada Futuro Aseo. Era el que barría las calles. Después de matarlo mandaron un panfleto que decía que quien fuera al entierro se iba con él”, dijo una fuente anónima.
Al cementerio, a darle el último adiós a quien para muchos era considerado el joven más querido de Cáceres, solo fueron unas 70 personas.
Es el momento en el que más gente se ha visto en las calles. La situación fue recogida en palabras de la comunidad por el Defensor del Pueblo. “Se lo voy a resumir en palabras de la comunidad. Me siento preso, me siento confinado en mi propia casa, este es un pueblo de todos municipio de nadie”, le dijo el funcionario a la prensa.
Otra muestra es que de los 2.300 estudiantes que tenía el Liceo Monseñor Gerardo Patiño, el más grande del municipio, unos 1.000 abandonaron las clases.
“Graniadito, graniadito los van matando a los estudiantes y a los profesores”, esgrimió el Defensor como una de las causas de la deserción escolar. Otra es que los niños de 11 años están siendo llamados a formar filas de los grupos armados, que si bien no andan uniformados, recorren el pueblo y la ribera del río Cauca exhibiendo armas largas y cortas, dijo Negret.
“Esto pareciese que ya no existía en Colombia, pero estos grupos armados, las AGC y Caparrapos están reclutando niños de 11 años, eso no tiene ninguna consideración humana, es una violación flagrante al DIH”, manifestó el funcionario.
La situación llevó a que el funcionario exija mayor inversión, mayores oportunidades de vida legales, pues “es muy triste cuando una población como esta esté dedicada la gente a extorsionar”.
La visita del funcionario fue un bálsamo para algunos, pues según él la gente ni siquiera se atrevió a salir a las calles a recibirlo, como lo hicieron en otras ocasiones.
El temor que los cobija es el mismo que tiene amenazados a cinco de los 11 concejales y el que lleva a pensar a muchos que su alcaldesa encargada Sandra Durán ni siquiera viva en el municipio, sino en Caucasia -a unos 45 minutos- por temor a ser asesinada. La buscamos y su teléfono, como otros en la localidad, ni siquiera fue contestado.
Cáceres está a unas seis horas de Medellín en carro.

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