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El ojo del halcón: la historia de uno de los policías que cuida a Medellín desde el aire

Foto: Javier Velásquez

Cuatro oficiales pilotean el helicóptero que circunda la capital antioqueña para enfrentar alteraciones en la seguridad. Sacamos a uno de ellos del anonimato.
Su nombre es José Iván Orjuela Bautista, ostenta el cargo de mayor y lleva 11 años en la institución verde oliva.
El mayor Orjuela tiene una cadena de oro con un Cristo, regalo que le dio su esposa, al que se encomienda en cada misión.
En ese lapso, este hombre nacido en Bogotá en 1981, hace 36 años, ha pasado de patrullar las calles de su ciudad, donde enfrentó la delincuencia y compartió experiencias con los habitantes de la localidad de Usme durante los 18 meses que estuvo al frente del CAI de ese lugar del suroriente de la capital; las de Bucaramanga, donde estuvo encargado de la vigilancia de algunas calles de esa ciudad y de liderar operaciones de tránsito y transportes; las de Santa Helena del Opón (Santander), donde tuvo como misión enfrentar a la guerrilla de las FARC, a ser un férreo enemigo del narcotráfico en el Bajo Cauca antioqueño, donde estuvo a punto de perder la vida.
“Era comandante de visores y en Caucasia fui a sacar a un policía enfermo de uno de los emcares (escuadrón móvil de carabineros), en ese momento fui hostigado por la guerrilla de las FARC, que estaba en ese sector, se veían pasar balas de lado a lado y nos impactaron en una pala (hélice). Se veía el fogonazo, repelimos el ataque y nos fuimos a la base en Caucasia. Eso fue hace 5 años”, recuerda este uniformado al que sus amigos más íntimo le dicen ‘el perro’, por ser leal, cariñoso con sus seres queridos y su alma de buen sabueso.
Los últimos cinco meses de este amante de los vallenatos de Diomedes Díaz han pasado en la ciudad del club cuyo fútbol admira y del que, paradójicamente, no ha podido disfrutar de cerca: Atlético Nacional.
Helicóptero que reforzará la seguridad en Medellín ya se dispone a... “Lo más cerca que he estado es en los sobrevuelos que se hacen en el estadio Atanasio Girardot para evitar refriegas entre los hinchas, para garantizar la convivencia”, cuenta sobre los movimientos que hace desde el Halcón, como le llaman al helicóptero que la Alcaldía de Medellín adquirió en mayo para reforzar la seguridad de la ciudad, a 6.500 pies de altura, unos 3 mil metros en el cielo.
A la aeronave se sube dos veces al día, durante una hora cada recorrido. Algunos de ellos ya están planificados, los otros resultan de improvisto, como el día que miembros del Clan del Golfo atacaron a una patrulla en el sector de Pajarito, en San Cristóbal.
Vea también: Atentado contra una patrulla, en Robledo Pajarito, dejó dos uniformados heridos
“La noche anterior habíamos acompañado un operativo contra esa banda, algo que hacía parte de la estrategia de seguridad de Medellín para contrarrestar la delincuencia. Pero el día siguiente en la noche estos terroristas lanzaron explosivos a una patrulla y tuvimos que apoyar con las cámaras y el reflector”, describe.
Pero también hace parte de su trabajo hacer recorridos que llama de persuasión, para evitar, por ejemplo, casos de fleteos como los que son denunciados en las redes sociales.
“Se elige el distrito (zona planeada por los oficiales), por ejemplo porque se esté presentado hurto en esa zona, se vuela a la hora indicada de la recurrencia del delito para hacer persuasión, para hablar por el parlante y prender la sirena”, describe el mayor Orjuela, que lleva 11 años desde que se convirtió en piloto de la Policía.

Lo hizo en la escuela de aviación en Mariquita (Tolima), aunque su sueño cuando era niño y recorría las calles del barrio Fátima (en el sur de Bogotá) era enfrentar a los ladrones, como se hace en los juegos infantiles.
“Por eso entré a la Policía y en el grado de subteniente conocí el servicio aéreo. Ya llevamos 11 años en esta labor”, dice este egresado del colegio Andrés Bello, del barrio Alquería de Bogotá.
El ojo del Halcón
Las jornadas del mayor Orjuela comienzan todos los días a las 5:10 de la mañana, cuando suena su reloj despertador. Dependiendo de los turnos que le hayan sido asignados sale a correr –una de sus pasiones- o directo al comando de la Policía para vestir su overol antinflamable y estar al tanto de las órdenes del general Óscar Gómez, comandante de la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá, o las de ‘J3’, como llaman al coronel Juan Ramírez Moscoso, comandante operativo del mismo despacho.
A las 6:00 a.m. está en el aeropuerto Olaya Herrera, al frente de su bebé.
“Se hace prevuelo de la máquina, se revisa que esté bien, se hace ‘check list’ y se procede a estar en el hangar, pendientes del vuelo”, cuenta, mientras recuerda que son tres ciudades las que cuentan con esa estrategia de seguridad, de vigilar las calles desde el aire: Bogotá, Cali y Medellín, a las que prontamente se les unirá Barranquilla.
Por aire y tierra: así fue el megaoperativo contra bandas de Barrio... A conducir ese aparato aprendió en 2002 cuando se presentó al curso de ascenso para teniente y recibió la oportunidad de hacer el curso para piloto.
“Nos presentamos 150 oficiales a pruebas, quedamos 40, y pasamos 16. De ellos solo 14 nos graduamos. Algunos somos pilotos de helicóptero otros de avión”, dice el oficial, que es casado y tiene otro bebé, este sí de verdad, que nació un mes antes de que fuera trasladado a Medellín con su familia.
El mayor Orjuela dio sus primeros pinos en un Huey II, similar al usado por el Ejército de Estados Unidos en la guerra de Vietnam, y luego fue capacitado en Texas para ser el ojo del Halcón que vigila la capital paisa.

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