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Novios habitantes de calle han vivido 30 años en una alcantarilla, en la autopista Medellín-Bogotá

Katherín Mosquera y Carlos Vásquez dicen que la falta de oportunidades los obligó a meterse a una alcantarilla y formar ahí un hogar. Ahora, por una ampliación de la vía, no tienen a dónde ir.

Novios habitantes de calle han vivido 30 años en una alcantarilla, en la autopista Medellín-Bogotá

En una alcantarilla, que se encuentra en la autopista Medellín-Bogotá, vive una pareja de adultos mayores. Ellos son Katherín Mosquera y Carlos Vásquez, a quienes les sobra el amor y las ganas de luchar, a pesar de su dura situación.

Carlos dice que lo que más le gusta de este lugar es “la tranquilidad, no el bullicio de arriba y los atropellos de la sociedad arriba”.

Pero su pareja reconoce que no es lo mismo a tener un techo. “Le digo la verdad, esto es duro, cruel, porque no es lo mismo vivir en superficie que abajo”, aseguró Katherín.

Esta pareja de adultos mayores desde hace más de 30 años habita en este espacio. Aunque para algunos es un hueco mal ubicado, para ellos es la casa que siempre anhelaron.

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Yo le doy gracias a Dios que al menos tengo aquí donde vivir, hay muchos que desearían tener cualquier rancho plástico”, manifestó Carlos.

“A Dios le pido tranquilidad, estabilidad y quizás un apoyo, algún hogar donde uno pueda descansar, comer, vivir en paz, que todo en la vida no puede ser sufrimiento”, exclamó Katherín.

Quienes transitan la autopista Medellín-Bogotá han sido testigos de esta historia, pero a Katherín y Carlos les llegó la hora de salir de la alcantarilla, pues por la ampliación de la vía su 'casa' desaparecerá y ya el problema es que no saben para dónde irse.

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Tienen que salirse de su hogar, ellos llaman este sitio su hogar y los conocimos y ya llevan ese mensaje bonito de que independiente de lo material, son felices estando juntos”, señaló la subintendente Leidy Bastidas, integrante de comunicaciones de la Policía del Valle de Aburrá.

Han cumplido lo de estar juntos en las malas, porque las buenas aún no han llegado. Estos habitantes de calle no pierden la esperanza de que, gracias a la solidaridad de muchos, por fin puedan salir de las profundidades de la ciudad y que su amor ponga bien los pies sobre la tierra.

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