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Conductores de funerarias: así es trabajar con la muerte en una pandemia

Recogen los cuerpos en los hospitales o casas y, bajo estrictas medidas de seguridad, los llevan a los cementerios. Noticias Caracol los acompañó en su dura pero necesaria labor.

Recogen los cuerpos en los hospitales o casas y, bajo estrictas medidas de seguridad, los llevan a los cementerios. Noticias Caracol los acompañó en su dura pero necesaria labor. Suscríbase [GRATIS] a nuestro canal en YouTube: http://bit.ly/2Jhc3oO. Descargue nuestra aplicación: http://hyperurl.co/appnoticias Síganos en Google: http://bit.ly/2MrIZP3 WhatsApp El Periodista Soy Yo: http://bit.ly/2QD18rw WhatsApp Noticias Caracol Ahora: http://bit.ly/34ed1uQ Síganos en redes sociales: Facebook: https://www.facebook.com/NoticiasCaracol Twitter: https://twitter.com/NoticiasCaracol (@NoticiasCaracol) Instagram: https://www.instagram.com/noticiascaracol/ Nuestros canales en YouTube: Caracol Televisión: http://bit.ly/2CHpld2 Suscribirse Gol Caracol: http://bit.ly/2yAIGcU Suscribirse Shock: http://bit.ly/2CHNKzi Suscribirse Blu Radio: http://bit.ly/2CFF7Fo Suscribirse La Kalle: http://bit.ly/2JkgfEz Suscribirse Caracol Play: http://bit.ly/2SkyjlM Suscribirse El Espectador: http://bit.ly/2D4rkt7 Suscribirse

Todo se convierte en un ritual después de entregar un féretro en los hornos crematorios de los cementerios. Son los conductores de las carrozas fúnebres y sus ayudantes quienes también le ponen el pecho al coronavirus.

Saben que se exponen a diario a un posible contagio, pero después de varios meses de pandemia se han vuelto verdaderos profesionales en el tema de bioseguridad.

“Si es en un domicilio, nosotros aislamos la entrada y salida del cuerpo. Lo embolsamos para que no haya derrame de fluidos”, cuenta José Luis Velasco, trabajador de una funeraria.

Su labor no termina cuando entregan a los fallecidos. Allí empiezan una tarea dispendiosa que tiene que ver con la desinfección, no solo de las carrozas fúnebres, sino de sus elementos de trabajo.

En un lugar dispuesto especialmente para ello, en cada cementerio, paso a paso van desinfectándose y despojándose de tres trajes que llevan puestos. A una bolsa roja van a parar los desechos peligrosos.

Aún así, sienten temor a terminar contagiados. “El miedo siempre persiste sobre el contagio, ya que es permanente (el contacto), pero siempre prestos a acompañar a las familias y no desistir de esta prestación de servicio”, dicen.

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Sus edades oscilan entre los 20 y 28 años. Se dividen en varios grupos para ir y volver al cementerio unas treinta veces al día y cada vez deben hacer el mismo procedimiento de desinfección.

Hasta el momento nadie ha terminado contagiado, los trajes y protocolos les han salvado la vida.

Lo que según ellos sí duele mucho es tener que servir de emisarios de cientos de familias bogotanas que les piden darles un último adiós a sus seres queridos.

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