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Enfermera ha luchado contra el COVID-19 no solo en sus pacientes, también en esposo, hija y padre

A pesar de su drama personal, su papá está en cuidados intensivos, ella dice que el virus no la va a vencer. Así la procesión vaya por dentro.

La enfermera Ana Silvia Figueredo teme que llegue el día en que su esfuerzo no sea suficiente para atender a más pacientes.

"Un estado crítico para nosotros significa una caída, uno ve la caída de su paciente, entiende hacia donde se dirige. Es como verlo caer desde muy alto, sin un paracaídas y yo estoy aquí como el resto del universo...esperando. Es impotencia", relata Ana Silvia, jefe de enfermería de la subred sur de Bogotá.

Es un abismo al que salta todos los días en esta pandemia de COVID-19 que, dice, le ha enseñado más que lo aprendido en 20 años de experiencia. Asegura que todos los días se despierta con un único objetivo: salvar vidas.

"Cuando sale un paciente es una batalla totalmente ganada y librada a favor de nosotros. Eso es aliento para corazón, eso anima a seguir haciendo las cosas bien hechas", comenta la enfermera.

Es un virus al que no le pierde el miedo, pero que aprendió a enfrentar. No solamente le arrebató la vida de pacientes que se volvieron cercanos, también de colegas que partieron y en cuestión de días casi se lleva lo más preciado: su familia.

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"El día que pude sacar a mi esposo de la unidad de cuidado intensivo, cuando ya nos podíamos ir para la casa, esa vez sentí que le ganamos una batalla a la muerte", señala.

El golpe de ver a su marido intubado 17 días en una UCI fue fuerte, pero la vida le tenía preparada otra dura prueba. Unas semanas después, el virus contagió a su hija.

"Tener la niña en esas condiciones, no en ese grado de complejidad, pero también terminó en un quirófano, francamente desarma a cualquier persona y alcanza uno a preguntarse por qué uno está pasando por una situación como estas", dice Ana Silvia.

Y como un efecto dominó, el COVID-19 también afectó a su padre, quien hoy está en una UCI del hospital El Tunal, con un pronóstico reservado.

"Cuando me dicen que mi papá está entrando en una falla renal, yo ya pienso en números. Básicamente pregunto en cuánto está el BUN, la creatinina, el potasio; porque yo ya sé que una falla renal lo va a llevar a una terapia de reemplazo renal", explica la enfermera.

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Ana Silvia no solamente conoce la presión de tener en sus manos la vida de un paciente, también la de un familiar: "Atender uno a sus propios familiares intensifica el miedo a la enfermedad, el miedo a fallar. Porque si las cosas no resultan bien, uno tiene un sentido de culpa en todo esto, como si uno le hubiese fallado a la familia. Es un inmenso miedo a no poder sacarlos adelante”.

Pero Ana no se deja vencer. Es el timonel de al menos 2.000 enfermeras que, como ella, arriesgan su vida a diario en los hospitales públicos del sur de Bogotá.

Ella encarna el drama que viven miles de pacientes contagiados, sólo que en su caso la procesión va por dentro.

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