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Policía que perdió las piernas en un campo minado es el ángel de centenares de habitantes de calle

“Cuando uno pasa por el dolor se vuelve más sensible ante las situaciones de los demás”, dice el patrullero, que ha regalado prótesis y muletas en Bogotá.

Elizabeth Mahecha es una de las habitantes de calle agradecida con la labor del uniformado José Carvajal, que hace dos años perdió las piernas al caer en un campo minado mientras erradicaba cultivos ilícitos.

“Yo escuché una explosión, yo nunca supe si fui yo el que la había pisado, yo solo supe que volé hacia el cielo”, dijo en ese momento el patrullero.

Hoy, consciente de lo que sienten quienes no tienen sus extremidades inferiores, recorre Bogotá para ayudar a los que más lo necesitan.

“Cuando uno pasa por el dolor se vuelve más sensible ante las situaciones de los demás, yo no tengo mis piernas y sé lo muy importante que son las muletas o los bastones”, dice el patrullero.

Fue así que conoció a Elizabeth, que vive en un improvisado cambuche debajo del puente de la estación Ricaurte y quien hace casi tres años perdió la pierna derecha.

“Tenía migraña y me fui al médico, me mandó dos inyecciones fuertísimas y me fui a la droguería y en la droguería me jodieron, me hicieron perder mi piecito”, cuenta la mujer sobre lo que le pasó.

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Desde ese momento empezó a enfrentar otro drama, además del infierno de las drogas: “me da mucha tristeza y yo consiento mucho mi mochito para poder caminar. Vivo muy triste y acomplejada porque me siento menos que otra persona, me siento inútil”.

Afirma que las muletas que consigue con mucho esfuerzo se las roban “esos desgraciados ñeros (…) Yo me siento a tomar un tintico o a comer algo y cuando menos siento es que ahí, en mis propias narices, me las rapan, y yo las jalo, pero me ganan en fuerza y claro, salen a correr con ellas”.

Por eso había decidido reemplazarlas con palos de escoba y así salía a pedir dinero por las calles de Bogotá para sobrevivir y en las noches regresar a su hogar, un improvisado cambuche debajo del puente de la estación Ricaurte, hasta donde llegó Carvajal.

El patrullero ha contado con el apoyo del general Silverio Suárez, director de Bienestar Social de la Policía, con quien también brinda refrigerio y mercados, con lo que “hemos impactado en esta pandemia a unas 15 mil personas”.

Pero a Elizabeth, Carvajal le dio algo más que muletas, preparó dos regalos de Navidad.

El primero fue una prótesis. Y mientras ella se secaba las lágrimas por ese presente empezó a acercarse otro: su hija, a quien no veía hace dos años.

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