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¡Qué paridera! Todas estas maromas hacen algunos en Santa Marta para tener agua en su casa

El problema no es el líquido, sino las vergonzosas gestiones de los que la han administrado en los últimos años, opinan hasta los indígenas de la sierra.
El agua, limpia y pura, baja libremente desde las cumbres de la Sierra Nevada de Santa Marta, un caudal que cualquier ciudad envidiaría. Pero pese a semejante regalo de la naturaleza la capital del Magdalena y beneficiaria de estos ríos vive una de las peores crisis por la falta del líquido.
Es cierto, no llueve. El caudal de aguas es mínimo, pero ¿qué pasa en la cuenca de los ríos? Antonio Nieto, director de operaciones la empresa de Aguas de Santa Marta explica que “la parte alta no se está cuidando adecuadamente, hay mucha deforestación y un poco de fenómenos adicionales que están haciendo que los caudales sean cada vez menores”.

Sin dejar de mascar la hoja de coca y frotar sus poporos ancestrales, los indígenas de la sierra empiezan a deshilvanar el problema. Desde tiempo atrás exigen a las autoridades proteger el agua y a la sierra como un territorio sagrado, pero dicen que nadie los escucha.
El problema tiene varias aristas, este es solo uno: la desprotección de las cuencas en las narices de Corpamag, la autoridad ambiental. Otro es el robo descarado de la escasa agua que hay; centenares de conexiones ilegales pinchan el tubo madre del acueducto desviando agua.
Las distintas captaciones en los ríos que bajan de la sierra llegan a una vieja planta llamada Mamatoco. Según los ingenieros de Esmmar, tiene un déficit del 50%. En el líquido que recibe, 800 litros por segundo son robados a diario, es decir, el 70% del agua.
En los barrios, la emergencia se enfrenta con carrotanques que distribuyen el líquido a las zonas más afectadas. En barrios como Pescaíto, la presión del agua no llega y la gente debe acudir a los pozos.
Donde no cuentan con la fortuna de tener un acuífero cerca, la opción son los galones en el rebusque diario y los aguateros se ganan la vida cargando el líquido a las viviendas. María Celeste Montenegro, residente del sector, explica que “cuesta 500 pesos cada pimpina, donde caben como siete galones, entonces el viaje está costando como 7 mil pesos. En mi casa son 7 viajes, son 25 mil pesos semanalmente”.

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