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Andrés Hurtado García, los ojos que han capturado los exuberantes paraísos ecológicos de Colombia

Nació en Armenia, subió cuando tenía 7 años al Nevado del Ruiz y desde entonces se destinó a recorrer la naturaleza. Esta es su historia.

Conocer y retratar la belleza majestuosa de Colombia es un lujo que no todos se pueden dar. Andrés Hurtado García, ecólogo y fotógrafo, ha tenido ese privilegio y desde que tiene memoria ha recorrido el país. Hoy es insignia en la educación ambiental.

Con 80 años, los pasos de Andrés Hurtado García siguen siendo enérgicos. A este doctor en Literatura, periodista, ecólogo y fotógrafo pareciera que los títulos le importaran poco, pues sabe lo que sus pies han recorrido y lo que sus ojos han visto.

Nació en Armenia, en el seno de un hogar de 12 hijos y con una fascinación por la naturaleza desde siempre.

"Cuando yo estaba entre 3 y 4 años, tenía, no sé por qué, una fascinación por los ríos (y la tengo). Me gusta buscar el origen de los ríos y así. Cuando hice conocer a Colombia y al mundo el Caño Cristales, no lo descubrí pero lo hice conocer, llegué hasta el nacimiento y he llegado a nacimientos de ríos en todos los continentes, incluido el Asia”, recuerda.

Con apenas 7 años de edad subió por primera vez al Nevado del Ruiz.

"Subimos a 5.200 metros del Ruiz, yo llegué a la cumbre feliz, yo corría por la nieve encantado. Los compañeros grandes se vomitaban, les dolía la cabeza, yo los miraba y decía: ¿qué les pasa a estos? Cuando bajé, ellos se aliviaron y yo comencé a vomitar. Ahí comenzó mi vida de alpinista que me llevó a ser profesor de alpinismo en España y a escalar en todos los continentes", dice.

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Desde entonces, los viajes no le han faltado. Se convirtió en luchador incansable del medio ambiente y un fotógrafo insaciable de las maravillas de Colombia.

Con su experiencia logró publicar tres libros y el cuarto está en proceso. ‘Colombia secreta’, el primero, es el libro de lujo de mayor venta en Colombia; el segundo, ‘Caminando Colombia’, y el tercero, ‘Parques Nacionales’ de Colombia.

Andrés reconoce que en sus viajes a lo único que le tiene miedo es a las minas antipersona en la selva o ahogarse y aun así no dejaría nunca de viajar.

Con recelo cuida a sus fieles compañeras de travesía, sus cámaras, y confiesa su disgusto por el abuso del Photoshop.

"Yo he visto fotografías de Caño Cristales, con unos colores rojos. Y a alguien que publicó en una revista unas fotos mías y que les pusieron un Photoshop violento, le dije: 'oiga, perdone, ese no es el color del río'. Yo acepto que le pongan algo para quitarle los reflejos o para quitarle manchitas porque de tanto cambiar lentes entran manchitas, o porque tome la foto en un día muy opaco”, cuenta.

De sus recorridos por el mundo en pro de la ecología, hay temas que en definitiva le indignan.

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"Inglaterra, Alemania y Noruega, desde el tiempo de Santos, dan millonadas de dólares para que Colombia conserve la selva Amazónica y la preserve, y ven que eso no ha servido para nada y siguen dando. Dirán en el gobierno, ¿serán tontos? No, no, tontos no son. Mire usted el presupuesto del ministerio donde está, es de los últimos. Segundo, lo que todos los ambientalistas estamos en contra es el Puerto de Utría, que destruiría lo que queda de la selva del Chocó, porque le hacen carreteras y la carretera lleva gente y la gente daña la selva”, cuestiona.

Andrés Hurtado García es consciente de que por más esfuerzos que haga el hombre, ya existe un daño irreversible.

Cuenta que la pandemia le dio el tiempo para escribir otro libro, pero también para hacer una reflexión sobre la vida.

"Mi conclusión es miti-miti. Yo vivo una felicidad total en la naturaleza, en lo que he hecho y en lo que pienso hacer. La mitad, y la otra mitad es una tristeza infinita. Me tocó ver ahora en Puerto Carreño, cuando hice la segunda o tercera vez el recorrido de Humboldt por el Orinoco, que estábamos en Puerto Carreño con unos amigos y llegó el carro de la basura, levantaron la tapa y antes de que los encargados metieran las bolsas, apareció una nube, como 15 niños y mujeres al carro de la basura a sacar porquerías y a comer. Yo vivo muy triste. Yo lloro por la situación de tanto colombiano. Esa es mi vida", describe.

Una trayectoria que lo ha llevado a todos los continentes, y que le ha permitido experimentar de primera mano las necesidades del ser humano. Hasta el último de sus días, dice Andrés, velará por exaltar las riquezas de Colombia, dejando en sus fotografías un legado imborrable para la humanidad.

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