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8:16 pm - 3 de Septiembre de 2019

Codo a codo trabajan erradicadores de coca y los guardianes del aire para lograr su misión

Por: 
Noticiascaracol.com

Un equipo de Noticias Caracol los acompañó en la peligrosa misión que desarrollan en Tumaco, donde hasta entregar víveres es toda una aventura.

Como pocos que se han visto cara a cara con la muerte, el mayor Raúl Montoya, piloto de Black Hawk de la Policía, conoce muy bien los riesgos de volar sobre esta zona en la que el enemigo no duerme.

“Los riesgos se enfrentan especialmente en estas áreas que son tan difíciles, aparte de eso, las condiciones meteorológicas son bastante complicadas y la presencia de los grupos armados ilegales hacen más difícil la tarea”, contó Montoya.

Estos pilotos tienen la misión de cuidar de los erradicadores manuales de cultivos ilícitos, uniformados que prestan su espalda para cargar las motobombas con las que fumigan las matas de coca.

Ellos son la primera línea de fuego en la lucha contra el narcotráfico de Tumaco, territorio que aporta el 25% de las 169.000 hectáreas que, según la ONU, tiene Colombia sembradas en coca.

Estos erradicadores también se exponen a la explosión de minas, ataques de francotiradores y hasta picaduras de culebras. Amenazas que los mantienen en alerta, pues saben que a cada minuto se juegan la vida y la de los que cuidan.

“Cuando por voluntad divina se pierde la vida de un compañero en la cabina, es la frustración que uno tiene, porque está tratando de hacer lo que más puede para poder ofrecer esa ayuda”, expresó el capitán Oswaldo Vladimir Reyes, copiloto de Black Hawk de la Policía.

Estos uniformados prácticamente no pasan una jornada sin tener una novedad. Siempre hay alguien que los acecha debido a que su labor de proteger a los que erradican la coca, juega en contra de al menos cuatro sanguinarios grupos (Disidencias, el Clan del Golfo, el ELN y los Caparrapos) que se lucran de esa actividad delictiva.

Son pilotos, técnicos, rescatistas y responsables de que los grupo de 300 hombres que se sumergen en lo más profundo de la selva durante 15 o 20 días estén a salvo, con comida y garantías para poder salir al terminar su misión. Para ellos, incluso la entrega de víveres a los erradicadores es una aventura.

La silenciosa lucha contra el narcotráfico que se desarrolla en tierra, es vista desde los cascos de visión nocturna de esos ‘ángeles’ que, a bordo del Black Hawk, vigilan el conflicto por la hoja de coca que, además, deja rastros de la deforestación.

En esta guerra, los miembros de la fuerza pública se cuidan unos a otros de las minas y de los francotiradores que respiran bajo la espesa selva. Sin embargo, tal como lo cuenta el mayor Montoya, “como todas las personas, hemos sentido miedo, pero esta profesión y la misión que estamos realizando hacen que uno se sienta orgulloso y saque valor para afrontar los miedos”.

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