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Doloroso testimonio de una médica que no pudo salvar a otro galeno del COVID-19

Era un hombre sano, menor de 50 años, al que el virus derrotó en cuestión de días. Vea también las difíciles pruebas que sortea el personal de la salud cuando regresa a casa.

María Teresa Ospina, una médica intensivista del Hospital de la Universidad Nacional, ha vivido en carne propia el temor que hoy acosa a los empleados del sector de la salud por cuenta del COVID-19.

Ellos ven cómo las salas de espera, los pasillos y las camas de los hospitales se llenan de pacientes que buscan atención para superar la enfermedad. Además, son testigos de la muerte de personas con las que incluso han compartido durante años.

“Ayer en Tunja falleció un compañero mío de pregrado, o sea, había estudiado la carrera completa con nosotros, nos graduamos en el 94 y era un hombre sano, de menos de 50 años; sí es muy doloroso para nosotros ver que gente que está bien, en dos días puede complicarse y ya no estar con nosotros”, contó María Teresa, profesional de la salud.

El personal del área de la salud tiene claro que aún se está lejos de contener el virus.

“Para nosotros es un dolor adicional no saber si nosotros vamos a estar algún día en una de esas camas, si la exposición tan grande que a veces tenemos y por la que a veces la gente no se preocupa nos vaya a llevar a una de esas camas”, reflexionó la profesional.

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El aislamiento con sus familiares y la imposibilidad de abrazar siquiera a sus hijos sigue siendo una situación difícil de enfrentar.

“Yo tengo dos niños muy pequeñitos, llegamos, abrimos la puerta y ellos salen corriendo a recibir a papá y a mamá, porque mi esposo también pertenece al área de la salud, él es intensivista, y los tenemos que dejar en una línea para que no crucen de ahí. Mamá pero abrázame, somos familia, me dicen, y yo respondo: no, no, no, estamos sucios”, reveló Cindy Aguilera, enfermera especialista en cuidado intensivo.

Los trabajadores de la salud son todos, también los encargados de la seguridad a quienes les han tocado situaciones con los familiares de los fallecidos que no quieren volver a vivir.

“Es complicado, por ejemplo, ver familiares agolpados en las porterías esperando una noticia o algo al respecto”, dijo Armando Calvo, supervisor de seguridad del Hospital Universidad Nacional.

La cifra de ocupación en UCI va de nuevo en ascenso, el personal sanitario espera en noviembre las mismas cifras del pico que pasó el país a mitad de año y por eso el llamado es a una conciencia colectiva de la ciudadanía para el autocuidado.

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