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Durante pandemia, panteras y grandes felinos se han convertido en presa fácil de los cazadores

El hombre y su arma hacen de las suyas mientras los guardabosques y protectores de la fauna silvestre están en cuarentena.

Tortugas, osos, aves y otros animales salvajes, también quedaron el la mira del hombre y su arma, que hacen de las suyas mientras los guardabosques y protectores de la fauna silvestre están en cuarentena.

El confinamiento obligatorio que llevó a los humanos a refugiarse, le dio carta blanca a las especies silvestres, que se tomaron por asalto la selva de concreto.

La frase que más ha acompañado las imágenes del panorama que deja el COVID-19 en la humanidad, es que la naturaleza se está tomando un respiro.

En Colombia, uno de los países más ricos del mundo en fauna silvestre, el problema es que las autoridades se fueron a cuarentena, dejando el camino libre a los cazadores ilegales, según explicó Esteban Payán, de la Fundación Panthera, que estudia la vida de grandes felinos.

“Generalmente en un año recibimos entre 4, 6 y hasta 8 registros de cacería anual de jaguar o de puma. Solo en las primeras semanas de la cuarentena había 5 Jaguares cazados, 1 puma y 3 tigrillos”, explicó el director regional para América del Sur de Panthera.

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Así las cosas, jaguares, pumas, tortugas, osos, aves y otros animales salvajes, llevan tres meses en la mira de los indolentes.

Pero esta no es la única amenaza que los acecha, el trabajo comunitario, es decir, la pedagogía ambiental con los campesinos, pende de un hilo por la pandemia.

“Mucho del trabajo nuestro, sobre todo con felinos, requiere trabajar con la comunidad. Claro, el reto ahora es: ¿Cómo llegamos remotamente allá, donde no hay computadores, donde la señal de internet casi no existe, donde no hay señal de celulares? Lo que creemos que ha pasado ahora en cuarentena es que ha aumentado la cacería incidental, es decir, que salen a cazar roedores para comer y se encuentran un felino y le disparan por miedo, por malas prácticas”, explicó Payán.

Pero la ignorancia y el lucrativo negocio del tráfico de fauna silvestre no solo generan desequilibrios en los ecosistemas, también representan un peligro para la salud pública, problemas epidemiológicos, como el que hoy estamos padeciendo, cuenta Erwin Palacios, biólogo de la ONG Conservación Internacional.

“Muchas veces pensamos que el problema solamente es la caza ilegal y el comercio de fauna silvestre para consumo, pero no, también lo es el comercio de fauna legal, que es peligroso porque prácticamente ningún país del mundo tiene un control realmente serio de esas especies que pueden ser importadas de uno u otro país, si pueden traer enfermedades”, señaló el director de estrategias participativas de conservación.

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Y en este triste panorama, las aves no son excepción.

En el programa Amazónico están convencidos de que se pueden cambiar los disparos de los rifles por los obturadores fotográficos. Juan Pablo López, quien está al frente de la iniciativa, habla con orgullo de los logros de su equipo.

“Yo creo que anteriormente, cuando uno visitaba una zona, el campesino, el común, el colono documentaba o comentaba con gran alegría cuáles eran sus especies trofeo, ¿cierto? Decir: ‘Yo cacé el águila porque se vino y se me comió las gallinas, o cazaba patos y paujiles para sobrevivir’. Ese chip ha ido cambiando, la gente ya ve los animales como un medio de su entorno que deben de conservarlos”, indicó el coordinador en monitoreo y gestión del conocimiento.

Protegen las tortugas y obtienen agua potable

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Pero, aunque pocas, también hay buenas noticias, como la protección de la tortuga cabezona en la Alta Guajira, una especie amenazada en el planeta.

En bahía Hondita, el Trabajo de Conservación Internacional, ONG que busca proteger la fauna silvestre, logró concientizar a una comunidad Wayyu para que nola tome como primera opción de alimentación.

“La comunidad cree en el proyecto, cree en la conservación de la tortuga y ya se identifica con la tortuga. Volver a consumirla creo que ni siquiera les cabe en la cabeza”, anotó Laura Jaramillo, gerente del programa Marino.

Esta iniciativa fue reconocida por la empresa privada, que donó paneles solares que hacen un milagro en el desierto: convierten la humedad del aire en agua potable, una justa compensación por defender la fauna.

¿Qué pasará con ellos cuando pase la pandemia?

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Los defensores de la fauna silvestre ya piensan en como debería ser el periodo de post-pandemia, pues el respiro de la naturaleza sin presencia de los seres humanos es apenas un suspiro si no se piensa en acciones a largo plazo.

“Deberían empujar para que todos los gobiernos, con un movimiento social fuerte, creara un plan verde para después de la cuarentena. Vamos a cambiar, ya vimos lo destructivos que somos, pero no hay ninguno en el panorama, ninguno muy claro”, dijo Esteban Payán.

Para ellos, poco a poco la humanidad se acostumbrará a esa rara normalidad de convivir con el virus y tristemente en las ciudades ya se sienten los pasos del animal grande, el animal enfermo que sometió a todas las especies y que hoy necesita entender que si no convive sanamente con ellas, está condenado a desaparecer.

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