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El clamor de tres niños en Boyacá que estudian a punta de vela porque no tienen electricidad

Antes de la pandemia tenían que caminar dos horas para llegar a la escuela. Ahora deben andar por trochas para ir a la casa de un vecino a cargar su único celular y volver a hacer las tareas.

En medio de caminos difíciles de transitar vive la familia Saldaña, desplazada por la violencia, en el occidente de Boyacá . Llegar a Quípama, el pueblo más cercano, les toma cuatro horas y a la escuela, dos.

La pandemia los obligó a quedarse en su pequeña casa y su vida cambió. Por eso, Dilan, el mayor, asumió la vocería en un video que se hizo viral:

“Mi nombre es Dilan, el nombre de mis hermanos es Emanuel y Alex. Estamos estudiando, pero el problema es que no tenemos luz en la casa. Nos toca ir donde los vecinos a cargar el celular. Luego de llegar de allá nos ponemos a sacar las tareas, nos coge la tarde para sacarlas, nos alumbramos con velas, duramos hasta la una o dos de la mañana. Ya estamos cansados de la misma rutina, ya no nos provoca estudiar más”.

“Mis papás han ido a hablar con varias entidades del gobierno y no nos ponen cuidado, nos ignoran, nos dicen es que toca pagar el punto de luz. Nosotros somos campesinos humildes, no tenemos suficientes recursos para pagar el punto de luz. Por eso, le pido señor presidente que nos ayude con ese problema”.

Pero la historia fue más allá. Los pequeños grabaron un video para mostrar no solo la realidad de lo que viven, sino las largas caminatas para ir a cargar el único celular que les permite comunicarse con el mundo. Su padre los guio.

“Esto es un aparatico para cargar el celular”, dice Dilan.

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“¿Y cuánto se le demora cargando el celular?”, pregunta el padre

“Se demora cuatro horas para cargar”, responde el pequeño.

“¿Y donde quién va a ir a cargar el celular?”, cuestiona su papá

“Ahí abajo donde un vecino que nos gastamos 25 minutos”, puntualiza el niño.

Después de caminar, regresan a revisar lo que su maestra les ha enviado para hacer las tareas, que se complementan con las actividades escolares que su madre recoge en la escuela; para entonces, ya la luz del día se ha ido. Esta historia se repite día a día.

“Ya vamos para la casa a hacer las tareas, quiero saludar a la profe que la quiero mucho y nos ha ayudado a gestionar para la luz. Gracias profe”, destaca Dilan.

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Geraldine, su profesora, es hoy su guía y heroína en todo este proceso. Ella pide que muy pronto les ayudan con la luz.

“Por ahora se encuentran viviendo en una casa a más de una hora de distancia de las escuelas. Desafortunadamente, ellos no cuentan con vías ni acceso a la energía eléctrica”, explica Geraldine Hernández, kadocente.

Luis Alfonso, el padre de los niños, ha tocado varias puertas en busca de una solución.

“Vinieron los de la empresa de Boyacá, Epsa, y dijeron que si se podía colocar la luz, pero que ellos llamaban y es el momento que no sabemos nada. Luego vinieron los de la empresa Codensa, hicieron lo mismo que los de Boyacá, pero ellos nos dijeron que sí se podía echar la luz, pero que se demoraba un par de meses o hasta el otro año”, relata don Luis Alfonso Saldaña.

El punto de luz tiene un costo, dinero que él no tiene cómo pagar. Mientras, la profesora les insiste a los niños que no hay que desanimarse y seguir adelante.

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“A mis niños les quiero recordar que las cosas se ganan con esfuerzo y dedicación, no desfallezcan ante las dificultades que con la ayuda de Dios pronto lograremos una solución”, resalta Geraldine.

De eso sí están seguros los niños, quienes, a pesar de las dificultades, envían las tareas y son el mejor ejemplo de la clase.

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