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Excombatientes que marchan hacia Bogotá pararon en vía al Llano a pedir perdón por pescas milagrosas

Víctimas recordaron el drama que vivieron por estos secuestros y los asesinatos a manos de las extintas FARC. Rodrigo Granda dijo que “las guerras hay que extirparlas”.

En medio de la marcha que realizan cientos de excombatientes de la extinta guerrilla de las FARC hacia Bogotá , un grupo de ellos hizo una parada sobre la vía al Llano para pedir perdón a las víctimas de las llamadas pescas milagrosas.

“Fue un acto de irresponsabilidad que no debió haberse cometido porque, en general, no era gente comprometida en el conflicto interno. Murieron en esta confrontación armada soldados y policías, pero también guerrilleros y guerrilleras”, dijo Rodrigo Granda, miembro del partido FARC.

Granda agregó que “obviamente eso ocurre en la guerra” y que las guerras son atroces, infames y “no pueden ser humanizadas”.

“Las guerras hay que es extirparlas, exterminarlas y, en ese sentido, si algunos inocentes sufrieron, pues obviamente les pedimos perdón”, aseguró.

Previo a este encuentro entre víctimas y excombatientes de las FARC en Pipiral, Meta, los habitantes de esta vereda ubicada sobre la vía al Llano recordaron las tomas guerrilleras y las llamadas pescas milagrosas que se vivieron a finales de los años 90.

Después de 15 años, Fabiola Rey Acuña aún tiene intacto el recuerdo de su esposo, un hombre responsable y entregado a su familia quien un día salió de Pipiral en busca de un mejor futuro, pero nunca regresó. Fue asesinado por la extinta guerrilla de las FARC.

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“La verdad fue que mataron a ocho y entre esos estaba él. Lo acribillaron muy feo, no sé por qué, no entiendo por qué, pero ya son 15 años desde que lo mataron”, señaló la mujer, víctima del conflicto armado.

Y es que la vía Bogotá-Villavicencio fue reconocida a nivel internacional por las famosas pescas milagrosas, comandadas por alias ‘Romaña’, cabecilla de las desaparecidas FARC.

Dos de los hermanos de la hoy gerente de derechos humanos del Meta, Rocío López Robayo, fueron secuestrados en aquella época.

“Esta pesca milagrosa fue dramática para todas las familias, para mi familia, terrible. Fueron dos de mis hermanos, uno estuvo aproximadamente 15 días secuestrado y la otra estuvo más o menos cinco días”, dijo.

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Bibiana Herrera, habitante de Pipiral, tenía apenas 15 años de edad y recuerda cómo su madre la ocultaba debajo de la cama cuando la guerrilla amenazaba con tomarse la pequeña población.

“Salían por la montaña donde está la cruz y empezaban a volearle plomo al peaje. Uno estaba alerta debajo de la cama. Un día tuvieron un enfrentamiento con el Ejército y pedían que les ayudaran, que los dejaran entrar a las casas para que no los mataran”, afirmó.

Fabiola dice que ya perdonó a los que asesinaron a su esposo y dejaron huérfanos a sus tres hijos. Hoy solo les pide que no vuelvan a las armas.

“No más violencia porque hay muchos hijos huérfanos, hay muchas madres sufriendo por sus hijos, por sus esposos”, clamó.

Los pueblos de la vía al Llano quieren cerrar, por fin, el horror que dejaron a su paso las pescas milagrosas y las tomas guerrilleras.

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