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Lupa a las CAR: funcionarios llevan 20 años en un puesto y no tienen título universitario

Luis Alejandro Motta y Andrés Iván Garzón defienden su idoneidad argumentando que luchan por el medio ambiente.
Aquí tienen asiento delegados del gobierno nacional y regional, pero también representantes de sectores productivos y ONG que pueden reelegirse sin restricción alguna.
La excongresista Alegría Fonseca, fundadora de la ONG ambiental Alma, está convencida de que en muchas corporaciones los delegados no representan a los ambientalistas. Sin rodeos asegura que “en algunas partes es un cartel reeleccionista corrupto que se ha apoderado de las CAR. Estamos cuestionando esto porque antes no se había hecho, estamos destapando la olla podrida existente”.
Lo dice porque la reelección en estos consejos está permitida y, según ella, ha incubado relaciones negativas de poder al interior de las CAR. En la corporación de Cundinamarca, por ejemplo, los dos voceros de las ONG que acaban de ser reelegidos llevan 20 años. Se trata de Luis Alejandro Motta y Andrés Iván Garzón.
“Son personas que se han atornillado durante 20 años en el poder, que tienen toda clase de negocios y trabajos dentro de la propia corporación, y que usan todos los métodos imaginables para reelegirse”, según Alegría Fonseca.
Esta visión la comparte Juan Pablo Ruiz, profesor universitario y uno de los más respetados consultores en asuntos ambientales. “El manejo que se le ha dado a eso es supremamente irregular al punto en que las mismas dos personas llevan 20 años como representantes de las ONG, gente que no tiene ningún trabajo ambiental, gente que las organizaciones ambientales no conocían el día que fueron elegidos”, dice.
En su criterio, la política pública ambiental es algo demasiado serio para estar en manos de inexpertos que terminan reeligiéndose en asambleas privadas.
“Las Corporaciones Autónomas Regionales son las que dan el visto bueno a los planes de ordenamiento del territorio que definen las opciones del uso del suelo. Y eso qué significa, lo que llaman el ‘volteo de tierras’, es decir que tú pasas una tierra de ser rural a ser urbana (…) si no tenemos un mejor seguimiento desde la ciudadanía de los recursos de las corporaciones autónomas, esos recursos van a seguir siendo gastados para conveniencia de quienes tienen el poder de tomar las decisiones”, indicó.
A sus 74 años, Luis Alejandro Motta refuta todas y cada una de esas críticas. Dice que es un apóstol del medio ambiente y que lleva 48 años luchando por la naturaleza. “Yo soy comerciante de esmeraldas, y además comercio en arte (...) mis credenciales son mi actitud, mis principios éticos y morales y mi trabajo en la investigación (...) soy un autodidacta”, señala.
Sostiene que es un hombre sin tacha, que jamás ha cometido ninguna irregularidad y que no le preocupa no tener un título universitario: “se equivocan al creer, y las universidades pueden tener razón o algunas personas, que para poder estar en los consejos directivos se requiere un título profesional que le da la idoneidad. Ninguna universidad da idoneidad, eso no es cierto, ninguna universidad vende por gramos la inteligencia”.
Aunque lleva 20 años reelegido en el consejo directivo de la CAR Cundinamarca, Motta asegura que no le gusta la reelección y que ha pedido incluso que se elimine esa figura. No obstante, dice, ni la Corte Constitucional ni el Congreso han querido acabarla. Y a quienes lo acusan de manejar una especie de carrusel de ONG para perpetuarse en su cargo, les responde así: “cada uno es libre de decir lo que quiera”.
Sin embargo, algunos expertos ven con suspicacia lo que ocurre en Pacho, Cundinamarca. En un municipio de apenas 27 mil habitantes hay cerca de 30 organizaciones ambientalistas que han venido respaldando la elección de Andrés Iván Garzón, su colega en el consejo directivo.
“Esa operación la hizo una persona que es en este momento la suegra de mi compañero Andrés Iván Garzón (…) y ella fue la que armó esas 290 organizaciones que aparecieron que esas sí son de papel”, indicó Motta.
Antes de terminar, cuenta que Garzón es comerciante como él y que tampoco tiene carrera universitaria, pero que es un defensor consagrado del medio ambiente. Además, le deja esta constancia a Fernando Carrillo: “yo le diría al procurador que sea más prudente en sus intervenciones”.

 

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