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8:59 pm - 15 de Octubre de 2017

Protectores de los jaguares enfrentan a cazadores y poderosos intereses económicos

La fundación Panthera trabaja por estos felinos tratando de mantener los caminos que recorren en Suramérica.

El recorrido, conocido como ‘la ruta del jaguar’ está repleto de obstáculo. De una parte, están los cazadores que buscan su codiciada piel. Por la otra, están intereses económicos como la agricultura extensiva y las extracciones petrolíferas.

Extendiéndose a lo largo de 16.000 hectáreas, entre los municipios de Paz de Ariporo y Hato Corozal, en Casanare, está el hato La Aurora, en donde 27 jaguares recorren la ribera del río Ariporo.

Allí estos felinos se camuflan entre el ganado, los chigüiros, monos aulladores, caimanes y otras especies, como tratando de superar la mala fama que les da su gran tamaño y el hecho de que se alimentan de carne.

 “Cada jaguar tiene pintas distintas al lado izquierdo y al lado derecho. Los nombres son Mariposa, Cayenita, Sabana, Kirpa… son animales hermosos”, cuenta Jorge Armando Barragán, copropietario del hato La Aurora.

Allí, hace nueve años, llegó la fundación Panthera. Su objetivo, la protección de la especie. Para ello usan cámaras trampa, instaladas en los llamados corredores del jaguar. Gracias a ellas individualizan a los grandes felinos.  

Los biólogos, en alianza con los propietarios del hato y la comunidad, trabajan por su conservación.

 “A través de esas cámaras nosotros sabemos que están esos 27 individuos. Entramos a los bosques, y hay un olor muy característico, como del felino de la caza. Pero es mucho más fuerte cuando uno entra al campo. Esto está asociado a las huellas de ellos, entonces sabemos que ellos han estado muy cerquita”, dice Jenny Paola Gallo, investigadora.

El equipo, además, emprende visitas a los campesinos que habitan en los bosques y sabanas con el fin de quitarles el miedo a los jaguares y llevarles claves para mantenerlos alejados de sus animales de corral y de trabajo.  

El objetivo de la fundación Panthera es unir todos los bosques y sabanas bien conservadas, a lo largo de Colombia, desde las poblaciones de centro y Suramérica, en donde habita el jaguar. Todo, para garantizar su existencia, por lo menos durante los próximos 600 años, de la mano con los habitantes.

El éxito de estas estrategias solo se ve afectado por la intromisión descontrolada de las plantaciones de arroz y las exploraciones petroleras que devastan los bosques en la zona y pronostican un futuro incierto al jaguar, a la biodiversidad y al ecosistema.

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