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Travesía de venezolanos errantes, así se vive en carne propia el éxodo más grande de Latinoamérica

Hombres, mujeres, jóvenes o niños desafían el hambre y la sed, bajo las inclemencias del clima, en busca de un futuro incierto. Primera parte.
Un equipo de reportería de Noticias Caracol los acompañó para contar, paso a paso, sus historias de supervivencia y lucha mientras caminan largas jornadas por las carreteras de Colombia.
A diario, unas 45.000 personas huyen de Venezuela y atraviesan el puente Simón Bolívar: son un río humano inquieto donde palpita el drama de rostros atravesados por la angustia, en sus hombros cargan lo poco que les pertenece, o arrastran sobre ruedas el futuro incierto de sus familias.
Cúcuta no es su destino, se ha convertido, en cambio, en la primera estación del éxodo.
Aquí buscan los albergues religiosos para tomar el primer aliento, mitigar el hambre padecida por meses, dormir su desespero y limpiar loa cuerpos.
El abrigo bien pueden encontrarlo en la casa de paso que dirige el sacerdote italiano Francesco Bortigno, a sus 70 años lleva 21 en esta misión auxiliadora en Cúcuta, antes lo hizo por 10 años en Venezuela.
Él, mejor que nadie, sabe leer el carácter de los inmigrantes: El fenómeno que estamos viviendo es catastrófico en este momento y cada vez se está volviendo peor porque no hay remedio y tampoco soluciones a la vista”.
Para estos errantes, Colombia es más país de tránsito que destino.
En el camino, el equipo de Noticias Caracol se unió a la travesía de un grupo de 14 personas.
Una de sus paradas obligadas fue para mirar el mapa y reconocer la ruta que deben seguir: Los Patios, Pamplona, el Páramo de Berlín, el sector del Picacho.
Luego el descenso a Bucaramanga les da un respiro: Floridablanca, Piedecuesta, San Gil, Socorro, Oiba, Barbosa. Entrando por Boyacá el paso es por Moniquirá, Arcabuco y Tunja hasta alcanzar a Bogotá.
En este grupo familiar van tres pequeños, todos son conscientes de la realidad que vive su país. Y de tramo en tramo van cantando.
"Somos venezolanos de puro corazón, somos mochileros y vamos para Ecuador”.
Por supuesto que a ellos les gustaría volver a Venezuela, pero no saben cuándo van a mejorar las cosas.
“Allá los niños estamos pasando un momento muy difícil y más los que nos estamos desarrollando, necesitamos comer bastante y allá no se puede como se come en otros lugares”, lo dice Miguel, uno de los mochileros, que, pese a todo, no deja de ser alegre.
Y es que Venezuela tiene en su crisis humanitaria una perdida generacional incalculable con la salida de los migrantes más jóvenes que no encuentran futuro en su país. Son pequeños errantes, como estos, que van dejando su huella en el exilio.
Vea la segunda parte del informe este lunes a las 7:00 pm, en la emisión central de Noticias Caracol.

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