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Del Holocausto a Fidel Castro: historia de una de las mayores fábricas de zapatos del país

Hace casi 60 años se creó en Colombia la empresa de la familia Bakalarz, Stanton, que empezó en un local arrendado en el centro de Bogotá.

La planta de Ronald Bakalarz, a plena capacidad, puede producir más de 13 millones de pares al año.

La compañía fue fundada por su padre, Julius Bakalarz, quien nació en Polonia y sobrevivió al Holocausto de la Segunda Guerra Mundial.

“Mi padre es internado con sus hermanos en campos de trabajo forzoso. De ahí él se escapa. Regresa a Polonia para enterarse de que toda la familia, sus padres, casi todos sus hermanos, fueron asesinados en los campos de concentración de Alemania y él fue el único sobreviviente con un hermano después de la guerra. Entonces él se dedica al trueque entre los comunistas y el mundo occidental. Ganó una plata simplemente intercambiando cigarrillos americanos por vodka ruso, vodka ruso por relojes americanos, relojes americanos por pieles rusas”, recuerda el empresario Ronald.

Con el dinero obtenido viajó a París y se casó con Helena Nachtgeist.

Juntos emigraron a Estados Unidos y en ese país nacieron, al inicio de la década de 1950, sus dos primeros hijos, Ronald y Edward.

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Unos amigos, cuenta Ronald, “le convencen de que un buen sitio para crecer, hacer y tener oportunidades era Cuba. Cuando yo tenía 2 años nos mudamos a La Habana. Allá tiene un negocio de medias nylon para señoras, tiene una cadena perfumerías. Se dedica a la importación de chancletas”.

Pero entonces Fidel Castro llegó al poder “y a los dos años nacionaliza toda la propiedad privada y pierde de la noche a la mañana nuevamente todo lo que tenía. Unos amigos de él le dicen que lo pueden ayudar a conseguir una visa para venir a Colombia y monta aquí una fábrica chancletas”, agrega el empresario.

La nombró Industrias Modernas y la fundó en 1961. Al poco tiempo, un inversionista estadounidense llamado John Stanton le aportó el capital para entrar al negocio del calzado inyectado.

Y la compañía adoptó esa figura "en honor al señor Stanton, que estuvo varios años de socio y después dijo ‘ya cumplí, gané mi plata, soy inversionista, no soy industrial; camine le vendo mi participación en el negocio’, pero el nombre se quedó”, dice Ronald, que a los 14 años empezó a trabajar en la empresa familiar.

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Estudió en el colegio Abraham Lincoln de Bogotá y se graduó de forma anticipada como economista en la Universidad de los Andes.

Tomaba clases en las mañanas y trabajaba en las tardes y al ganar la confianza de su padre probó que con incentivos podía multiplicar la productividad de la compañía.

La familia, entonces, compró la quebrada Compañía Colombiana de Caucho El Sol y rescataron su marca. Levantaron una fábrica fuera de Bogotá de 5.000 metros cuadrados. La actual supera los 80 mil. Entrada la década de 1970, Bakalarz propuso a su padre explorar nuevos mercados.

“Yo salía a maletear y me fui por todos los países de América Latina a ofrecer o zapatos o insumos para la industria del calzado porque teníamos la planta de caucho también. Entonces en los años ochenta hacemos un impulso muy grande y abrimos unos mercados americanos gigantescos”, revela el empresario.

De paso se convirtieron en el exportador de calzado más grande de Colombia cerca de 20 años.

Sin embargo, dice Ronald, “cuando se hizo la apertura económica, durante el gobierno de Gaviria, no me pareció que esa apertura se hizo de una forma adecuada ni cautelosa. Y en cuestión de dos años perdimos el 90% de nuestros mercados exportación”.

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Buscando la sostenibilidad del negocio, la familia tomó decisiones importantes, como especializarse en líneas de producto usando marcas propias y no licencias, y fue ahí cuando nacieron Brahma, Sol y Mar, Baxter, y en la actualidad exportan y venden su marca-

Los empleados le decían al empresario que comercializaran sus productos en Colombia, pero él no creía en un futuro para un producto tan costoso.

“Entonces les dije, para que no insistan tanto, vamos a lanzar uno a ver qué pasa. Y lo demás es historia”, comenta.

Hoy Stanton tiene más de 500 referencias activas de zapatos y ha incursionado en el negocio de la ropa. Su operación es vertical y flexible. Sus marcas son líderes en la industria y después de haber repensado su negocio y luchar de manera constante contra el contrabando, sus mercados y tiendas, que se acercan a las 100, crecen de manera constante.

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Julius Bakalarz, el fundador de Stanton, falleció en 2011, pero ya había dejado en manos de sus hijos la operación de la compañía.

“Nos enseñó muchas cosas en la vida porque sufrió tanto en su vida, tanto las experiencias de la guerra como perder todo en Cuba y empezar por tercera vez en su vida de ceros, sin un peso en el bolsillo”, sostiene Ronald, quien agrega que “siempre se recompensa el trabajo duro”.

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