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Juan Luis Mejía

Abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana, es actualmente el rector de la Universidad EAFIT de Medellín. Fue ministro de Cultura y director de la Biblioteca Nacional. Jugó un papel clave en la realización de la primera Feria del Libro de Bogotá. Es miembro de la Academia Colombiana de la Lengua.

Juan Luis Mejía: “Hay un gran problema, sobre todo en las instituciones públicas. Yo creo que tenemos un atraso inmenso, sobre todo en infraestructura, porque las nuevas pedagogías exigen nuevos escenarios. Y, sobre todo en lo rural, yo quedé alarmado la última vez que escuché el déficit que hay en las escuelas rurales. Pero no son solamente problemas de aula, sino problemas de agua potable.

La brecha digital en el campo en esta pandemia se ha acentuado, porque incluso aquellas escuelas rurales que tienen conectividad, pero los hogares no tienen.

Las estadísticas revelan de cada 100 menores que ingresan a primeria en la ruralidad solo cinco culminan la educación básica, ¿qué podemos hacer para garantizar la movilidad social de esos niños y el acceso a oportunidades de educación superior?

Juan Luis Mejía: Tratar de llevar las universidades al campo. Creo, y en eso coincido con el doctor Gilberto Echeverry, que decía que las grandes universidades oficiales han sido una bendición para este país, pero también han sido un atractivo para que lo mejor de las capacidades humanas de las regiones se queden en las ciudades. Por tanto, creo que hay que hacer un esfuerzo inmenso porque el joven rural, o no tiene las opciones para venir a la ciudad o tiene que entrar a trabajar muy rápido, un poco presionado por su familia para generar ingresos.

La pandemia nos ha enfrentado al mundo de la virtual y a la educación desde el computador. ¿Qué repercusiones tendrá en nuestros jóvenes estas complicaciones de la virtualidad en el futuro?

Juan Luis Mejía: La educación no es solamente ir al aula, por eso en la universidad tenemos un lema que dice ‘educamos en el aula, formamos en el campus’, porque esas otras competencias, la competencia democrática, la competencia de la socialización, la conversación creativa, entre generaciones y distintos grupos sociales, etcétera, eso se da es en el campus. Un campus universitario es un campo donde se cultiva la inteligencia, de manera que nos estamos enfocando muchos hacia una capacitación muy rápida, pero la capacitación no es una educación integral. La educación integral implica el trabajo colectivo, la creación colectiva de conocimiento. El inventor despelucado en un laboratorio desordenado es de caricaturas. El conocimiento, y lo estamos viendo con las vacunas del COVID, son construcciones colectivas.

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Uno de los programas bandera para garantizar la educación de casi ocho millones de niños es el PAE, ¿qué se le pasa por la cabeza cuando se entera de corrupción en este?

Juan Luis Mejía: Rabia es lo que nos da. Uno pone, por ejemplo, ciertos departamentos con los escándalos del PAE y compara las cifras de desnutrición y muerte infantil y dice “no hay derecho”. No es solamente la desnutrición parte ya de que hay jóvenes o niños que en el partidor de la vida ya parten en desventaja, porque la desnutrición impide, sobre todo los primeros tres años, el desarrollo adecuado del cerebro, el desarrollo cognitivo. Entonces esa plata que se robaron y que se roban en el PAE es plata que está poniendo a esos niños en desventaja. No hay derecho. La plata que se pierde en educación y en salud eso es imperdonable.

Hablemos de los salarios de nuestros maestros y de sus condiciones laborales. ¿Considera usted que estamos muy por debajo de los países desarrollados en materia de sueldos de los profesores?

Juan Luis Mejía: Yo creo que parte del problema es que la sociedad no valora lo suficiente el papel del maestro. No basta solamente los buenos salarios, sino un reconocimiento social. Lo primero que a uno le muestran del modelo finlandés o neozelandés, por ejemplo, es ante todo el reconocimiento del papel del maestro.

Las normales educaban o formaban a estos maestros como unos verdaderos líderes sociales, sobre todo el maestro rural, que tiene un papel fundamental en la cohesión social en la construcción de sociedad, en la construcción de democracia. De manera que no es solamente el salario, sino el reconocimiento social. Nos falta mucho en Colombia de dignificar la labor del maestro.

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