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Leila Guerriero

Periodista y editora argentina, ha sido reconocida con los premios Fundación Nuevo Periodismo, Konex y Manuel Vázquez Montalbán. Algunas de sus obras más destacadas son 'Los suicidas del fin del mundo', 'Frutos extraños', 'Plano americano' y 'El rastro en los huesos".

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¿Qué percepción tiene de las redes sociales? ¿Son la panacea de la democracia y la libertad de expresión como alegan algunos o la quintaesencia del insulto, el linchamiento y la mentira política, como dicen otros?

“Creo que ninguna de las cosas. Por momentos son una cosa o por momentos otra, y depende de quiénes sean los usuarios.

Es fácil odiar y esparcir mensajes de discriminación y de racismo detrás de una identidad falsa. Uno puede aparecer en cualquier sitio y decir barbaridades bajo el nombre Darth Vader 62.

Creo que sirven para ambas cosas y, como todo, dependen del uso que se haga ellas.

El ruido que hacen cuando son tóxicas, cuando están puestas al servicio de distribuir fake news es muy pernicioso”.

Las redes operan bajo la lógica del vértigo y la inmediatez. Antes hablábamos del periódico de ayer, como la canción de Hector Lavoe, hoy del post de hace 15 minutos que ya se olvidó. ¿Como cree que las redes alteraron nuestro sentido del tiempo?

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“Enormemente. El tiempo no solo se acelera en las redes sociales, sino que se fragmenta enormemente. Siento que también transformaron el espacio.

Las redes producen la sensación de que uno está viviendo en ese espacio, que uno es como un avatar en esta tierra incógnita y se deja de tener contacto con la realidad.

Las redes sociales están llenas de likes y haters y uno termina creyendo que eso es el mundo, cuando el mundo es más amplio.

Creo incluso que los ‘me gusta’ son más perniciosos porque uno termina creyendo que ese es el mundo. Se tiene una enorme proporción de seguidores y aduladores y se cree que el mundo está a sus pies, en esa especie de representación a pequeña escala”.

Hablemos de soledad en estos tiempos de pandemia. ¿Estamos más solos ahora en estos tiempos de hiperconexión y redes que tienen esta burbuja aceitada y creada por un algoritmo?

“Las redes lo que hacen más que enervar un estado de soledad, es enervar un estado de narcisismo, de estar en la bandera del yo.

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Yo soy el centro del mundo, todo lo que digo y hago es superimportante. Entonces cuento desde la mermelada del desayuno y la foto del plato que me comí en la noche, hasta la frase que se me ocurrió.

Es una vuelta de la mirada a uno mismo como centro del mundo. Nos hace creer falsamente que somos superinteresantísimos”.

El mundo perfecto de la megalomanía. Pero al margen de las críticas, es verdad que las redes con sus más y menos han permitido denunciar abusos que se sospechaban, pero no se documentaban, en videos como el caso de George Floyd en Estados Unidos. ¿El poder del ciudadano que graba algo y luego lo comparte en sus redes cómo cambió el mundo?

“Es el uso de las redes como algo virtuoso, que señale algo que en otro momento hubiera permanecido oculto.

Lo que pasó durante los estallidos sociales en Chile, en Oriente Medio… muchas de esas cosas fueron vistas a través de las redes sociales.

Sobre las redes sociales no se trata de echar una palada de tierra y decir nada de esto sirve. En muchas ocasiones han servido para denunciar cosas de derechos humanos, de maltratos”.

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Quisiera que habláramos sobre el sentido del amor en este mundo de redes, clics y plataformas que cambiaron lo que conocíamos como el sentido de seducción. ¿Amamos diferente ahora?

No lo sé. Lo que si queda claro, es que el deseo lo atraviesa todo siempre. No hay que ser conservadores, lo que siempre está de fondo es la necesidad de estar en contacto con el otro, de seducir y ser seducido. Eso se mantiene inoxidable.

Hay gente que es feliz con eso. Que coquetea en las redes sociales. Dispara mucho la fantasía tener una relación con alguien primero en la pantalla. En el siglo XVII y XVIII intercambiaban cartas y al final de camino se conocían…no es tan distinto a eso”.

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