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La lucha de Nicole y sus padres: el reflejo de una Colombia pobre y discriminada pero resiliente

Las cifras de los expertos revelan un enorme desigualdad y pobreza que necesita ser superada. Pero una familia no solo representa estos indicadores, sino la enorme fortaleza de la que están construidos los sueños.

La familia de Nicole es el reflejo de una Colombia pobre y discriminada pero resiliente

Nicole tiene 16 años y quiere ser una cantante muy reconocida. “Pues ha sido un poco difícil, pero, gracias a Dios, pues ahí vamos al paso del burro, al paso del buey”, dice el padre.

“Yo digo que uno desde que se levante con la actitud positiva, y que uno tenga salud, todo está bien”, agrega la madre.

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“La verdad quiero ser cantante, una profesional. Mejor dicho, que todo el mundo me vea y me diga: ‘Nicole, quiero un autógrafo’. Eso me hace sentir supercómoda”, explica la joven.

Para cumplir sus sueños, Nicole y su familia deben derrumbar primero enormes obstáculos de inequidad.

María Dávalos, economista senior del Banco Mundial, explica por qué para esta entidad Colombia es el país más desigual de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE.

“Es que las desigualdades en Colombia empiezan, desde temprano en la vida, con inequidades en acceso a salud, a educación, a servicios. Y esas inequidades se amplifican a lo largo de la vida, cuando las personas pasan al mercado laboral, tienen trabajos de menor calidad, cuando tienen hijos, cuando reciben transferencias y pagan impuestos, es decir, el sistema fiscal, y también cuando pasan ya al retiro”, indica la economista Dávalos.

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“Uno lo intenta, pero pues también es difícil porque mi papá y mi mamá eran muy pobres. Mi papá vendía periódicos y mi mamita, en el hogar. Ellos hacían su máximo esfuerzo, pero nunca fue suficiente porque teníamos una familia numerosa, nosotros somos 9 hermanos, entonces si le daban al uno, ¿ cómo le daban al otro? Entonces tocaba todo equitativamente. La comida sí nunca faltó, así fuera arroz y papa, o papa y arroz, pero siempre hubo”, dice Mario, el padre de Nicole.

Pese a las adversidades, don Mario es un optimista como pocos. No ha logrado conseguir un trabajo con todas las de la ley, en una empresa, la que sea. Por eso se gana la vida en el mercado del rebusque.

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“Hago barecitos, vea. Esto es para un señor arriba del tanque que tiene un bar, le estoy haciendo varios de estos, y hago unas lámparas también con este material. Hago estos arbolitos”, explica don Mario.

En Colombia, el desempleo es muy alto y no solo eso, la mitad de los que tienen un trabajo están en la misma situación de don Mario: en la informalidad.

“Pero cuando ya las cosas se ponen pesaditas, toca, como dicen, ir donde Peña. Peña es el de la prendería. Esta pulidora, por ejemplo, me ha sacado varias veces de apuros, porque voy y la empeño, y ahí está, uno después la desempeña”, asegura.

Con una informalidad tan alta, a este paso, 3 de cada 4 trabajadores colombianos nunca lograrán una pensión.

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“No… eso ya de la pensión yo me puedo estar olvidando. Es más, yo nunca coticé en el seguro ni nada, por lo mismo y tanto, porque, pues, no… no le dan oportunidad muchas veces a la gente… es más bien como falta de oportunidades”, analiza el padre de familia.

Para resolver las inequidades laborales y pensionales, el Banco Mundial habla de reformas.

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“Entender cómo hacer un sistema de pensiones más equitativo y que vaya más acorde con las contribuciones que las personas hacen a lo largo de su vida, pero también de cómo promover reformas que aumenten la formalidad de manera que estas personas que actualmente no puedan beneficiarse del sistema de pensiones lo hagan en el futuro”, dice María Dávalos.

Doña Yineth es la columna vertebral de la familia. Hace todo lo que está en sus manos para que sus hijos salgan adelante y para que Nicole algún día pegue canciones y llene estadios. Quisiera hacer mucho más, pero las mujeres enfrentan mayores barreras que los hombres.

“Yo dejé de pasar hojas de vida porque la verdad no llamaban ni nada, mientras que a los hombres los reciben con o sin experiencia, mientras que nosotras sí tenemos que tener una experiencia y el rechazo se ve, y más porque uno tiene hijos dirán que uno es madre cabeza de hogar y, de pronto, que por estar con los hijos y cuando se enferman toca pedir permisos”, analiza ella.

El mercado laboral como está concebido es un mercado laboral para hombres, es para personas que no tienen obligaciones o tareas por fuera del trabajo.

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“El hombre gana más, no sé por qué a nosotras nos pagan menos. Igual en Colombia se rigen por el mínimo, pero no alcanza para cubrir todas las necesidades que tenemos”, dice Yineth.

Antes de la pandemia, los hombres en Colombia ganaban un 12% más que las mujeres en los mismos cargos.

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Para la profesora de la Universidad Javeriana Paula Herrera, hay mucho por hacer para cerrar todas estas brechas de género, empezando por valorar la economía del cuidado remunerado y nivelar la cancha en el cuidado no remunerado, donde los hombres podrían contribuir más con las tareas del hogar.

“Lo que necesitamos es tener una sociedad cuidadora y que entendamos el cuidado como algo universal, algo que tanto hombres como mujeres podemos realizar. Y si se da esa redistribución de los cuidados entre hombres y mujeres, muy probablemente eso les da la oportunidad a las mujeres para salir y buscar trabajos remunerados”, dice la profesora Herrera.

“Lastimosamente por lo que uno está desempleado no le dan la posibilidad de acceder a un préstamo bancario ni nada de esas cosas, porque, de todas maneras, para acceder a eso uno tiene que pedir un prestamito y cosas así. Pero, lamentablemente, hay mucha gente como nosotros que están vulnerables en este momento, que no tienen las posibilidades. Quieren, el sueño es tener su casita, pero no han podido; el nivel de pobreza es absoluto”, asegura don Mario.

El 42% de los hogares tiene vivienda propia, al resto les toca como a don Mario, pagar arriendo o vivir en una propiedad familiar. Colombia ha avanzado en acceso a vivienda, pero además de ampliar la cobertura, el profesor de la Universidad de los Andes Alberto Miani propone mejorar en calidad.

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“Entonces, todo lo que está alrededor, lo que llamamos los equipamientos, los complementos como las lavanderías, lugares de trabajo, las tiendas, el comercio, los lugares para los niños, la recreación, etc., son fundamentales y eso está por fuera de la vivienda. Entonces, la calidad de la vivienda no es solo la calidad de la vivienda per se, sino todo lo que eso complementa en hechos ciudadanos y urbanos”, indica Miani.

Don Mario, Nicole y su familia viven en la localidad de Ciudad Bolívar, una zona de Bogotá donde las personas carecen de muchos de esos componentes que brindad equidad.

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Sin embargo, sus habitantes valoran mucho proyectos como el Transmicable, en el que se movilizan diariamente cerca de 21 mil pasajeros. Desde donde está ubicada la estación Mirador del Paraíso hasta el Portal del Tunal, las personas antes se tardaban más de una hora movilizándose. Hoy, gracias a este proyecto, solo les toma 13 minutos.

Tanto como la música, a Nicole también le apasiona estudiar. Ella y sus hermanos se benefician de los programas de educación gratuita y alimentación escolar.

En educación, las nuevas generaciones tienen un mayor acceso frente a sus padres y abuelos, pero nos rajamos en calidad. Por eso, Ana Fernanda Maiguashca, presidenta del Consejo Privado de Competitividad, pide que esta sea la prioridad para tener un país más equitativo.

“Tenemos que avanzar en la provisión de cuidados en la primera edad en guarderías y centros de cuidado que permitan mejor desarrollo para los niños y, sobre todo, también la capacidad de que sus madres puedan pasar a un mejor escenario de generación de ingresos. Yo creo que si a mí me dieran a escoger, sería en la calidad de la educación donde tenemos que centrar muchos de los esfuerzos para mejorar la calidad de vida de todas las ciudades de Colombia”, dice Maiguashca.

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Aunque el Estado se encarga de buena parte de la educación de sus hijos, don Mario se las ingenia para que no les falte nada.

“Yo mismo elaboro mis computadores. Yo voy y busco el disco duro en la chatarra, que la CPU, que la keyboard (teclado), que la memoria, yo los voy armando y, cuando menos pienso, ahí está el computador”, dice don Mario.

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En medio de sus dificultades, esta familia cuenta con salud gratuita y se beneficia de programas sociales que evitan mayores índices de pobreza y desigualdad.

“Yo recibo Familias en acción. Hace como 14 años más o menos, como de 300 mil pesos cada dos meses. Pues uno no tiene que ser desagradecido, porque eso amortigua mucho la vida económica de la casa”, explica Yineth.

Colombia podría fortalecer la inversión social combatiendo la corrupción y mejorando el recaudo de impuestos para cerrar más agujeros de inequidad.

“En particular hacer los impuestos más progresivos, de manera que las personas de mayores recursos puedan contribuir más al recaudo y esto se pueda utilizar para aumentar los programas sociales, para aumentar el gasto en educación y en salud, o la eficiencia del mismo. Es decir, que por ambas partes, gasto social y tributación, es importante repensar para hacer un mejor uso del sistema fiscal hacia ese objetivo de reducir la desigualdad”, dice la economista del Banco Mundial María Fernanda Maiguashca.

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Miles de familias no solo deben derrumbar los muros de la desigualdad para salir adelante, también los obstáculos del rechazo y discriminación. Este es el llamado de atención que hace el profesor de la Universidad Nacional Gerardo Ardila.

“Tenemos que empezar por reconocer que todos somos seres humanos con los mismos derechos, inclusive con las mismas obligaciones. Tenemos que reconocer que las diferencias de color, etnia, lengua, religión, género, edad, pertenencia a un sector de la sociedad, capacidad de pago, no son factores que se puedan usar ni para segregar a otros ni para impedirles, sobre todo, su acceso a los derechos plenos”, asegura el profesor Ardila.

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“Porque hasta un nivel de degradación hay para la gente que es pobre y humilde. Usted llega a un restaurante y le ven la facha, así usted lleve la plata, pero le ven la facha y le hacen el feo. Entonces, no hay una nivelación social, ven caras y estigmatizan mucho a la gente. Todo debería ser más equitativo”, reflexiona don Mario.

El papel de las empresas y de las instituciones es fundamental para cerrar las brechas de inequidad, pero cada quien puede contribuir, con poco o mucho, para hacer de esta una sociedad más justa.

“Cuando hablamos de democracia, estamos hablando de eso, de cómo fortalecer los procesos en los cuales todos podemos participar para tomar decisiones acerca de nuestro futuro y cómo, en ese proceso, ampliamos eso que llamamos ‘el nosotros’ y disminuimos eso que llamamos ‘los otros’”, indica el académico Gerardo Ardila.

Pero la familia de don Mario no puede sentarse a esperar a que en Colombia se cierren las brechas de desigualdad. El tiempo corre y sus metas son muy grandes. Madrugan a cumplirlas. Cada uno hace su aporte, cada uno derriba sus propios muros de inequidad.

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Para ellos no hay obstáculos que impidan que el país conozca la voz y el talento de Nicole.

Así lo explica doña Ana: “Mis hijos, ellos son mi motor. Yo me levanto todos los días pidiéndole a Dios para que ellos estén bien, que no padezcan necesidades, que salgan adelante, que sus sueños se cumplan”.

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“Yo sé que tiene talento. Entonces, ella va a echar para adelante, yo sé que eso sí va a ser así”, dice con certeza el padre.

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