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Los rostros de dos tragedias que se unen: informalidad y pandemia

El coronavirus ha golpeado especialmente a los más vulnerables de la sociedad. Familias como las de Diana, Iván, Milton y Astrid de la noche a la mañana se vieron sin el sustento diario. ¿Cómo debe el Gobierno darles una mano?

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A mediados de marzo las ciudades colombianas quedaron paralizadas por el miedo a la pandemia del coronavirus.

Como náufragos sociales, los más vulnerables salieron a las calles mostrando el rostro de un país con una dinámica de desigualdad lacerante.

Diana heredó a los 13 años el oficio de ser recicladora y una pobreza que raya en la miseria. Hunde sus manos en busca de cartón, láminas y plástico. Es una competencia contra el reloj antes de que pase el camión de la basura.

“Antes de la pandemia me iba mejor, porque ahora me estoy haciendo $15 mil a $10 mil pesos. Antes me hacia $30 mil o $25 mil pesos en mis días, diariamente”, dice.

Hace un recorrido diario de 25 kilómetros, durante 4 horas, arrastrando el peso de una carretilla. Los pesos que gane tendrán que alcanzarle para alimentar las ocho bocas pequeñas que le esperan.

“Me ha tocado muy difícil porque si yo les compro una libra de arroz, no tengo el jabón para lavarles la ropa”, se lamenta.

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“Si no tengo para carne, toca huevo. Si no hay arroz, lenteja. Si no hay chocolate, agua de panela”, agrega.

El pequeño mundo de Diana está encerrado en dos habitaciones coloridas. El tiempo se le va en amamantar, cuidar que no se enfermen y salir a recorrer las calles bajo la ruleta de jugarse la vida. Y volver sana.

Diana dice que su grupo de recicladores son sus ángeles terrenales que la protegen. Le regalan mercados, le reciben la carga, le ayudan a seleccionar el material para que no se exponga al virus. Lo pesan y le pagan, con eso sobrevive.

La pandemia aumentó la pobreza extrema en el país. Son cerca de cinco millones los colombianos que no consiguen alimentos.

Marcela Eslava, decana de Economía de la Universidad de los Andes, lideró un reciente estudio sobre el impacto socioeconómico de la pandemia en Bogotá.

“Los que ya de entrada, antes de la crisis, eran socioeconómicamente más vulnerables se han visto también más golpeados por la crisis misma. Por cada 40 mil personas en el estrato 1, 90 quedan hospitalizadas por COVID; en el estrato 6 son menos de 8 las que tienen esa característica”, explica.

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Dos tragedias que se unen: la necesidad de subsistencia de familias enteras y la fragilidad frente a la exposición al contagio, que en la voz del analista económico Luis Fernando Garay encierra la brecha social en Colombia.

“Los más afectados en términos de la pandemia misma, sanitariamente, fueron los hogares de los estratos 1 y 2; aparte de que son los estratos que vieron la caída de sus ingresos dado el alto grado de informalidad, de fragilidad en la composición de sus ingresos” , señala.

El columnista de El Espectador José Fernando Isaza pone su alerta máxima sobre esta franja de la población en situación de pobreza e informalidad.

"Ha habido un fenómeno en pocos meses que llevó a la gente de la pobreza a la miseria y a una clase media, que la verdad se estaba consolidado en los últimos 25 o 30 años, que pasa a engrosar las filas de la pobreza y las de la pobreza a las de la miseria”.

Desde que llegó el COVID-19 a sus vidas, su economía se convirtió en un juego más de restas que de sumas. Milton y Astrid creían que tenían un patrimonio consolidado de 15 años. Y hoy descubren que están al borde de la quiebra.

Astrid tiene su pequeña empresa de elaboración y venta de uniformes escolares, que al inicio de año tenía su temporada más alta.

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"Con la pandemia quedamos como en la mitad, se puede decir con deuda, con inversión ya hecha", revela Astrid.

Milton tiene una camioneta que compró hace nueve años a crédito y que ocupaba para el transporte escolar. Ya no hay niños, ni colegio. Está varado laboralmente y debe todos los gastos del carro.

"Para yo reactivar esa camioneta en el momento, me toca más o menos tener como $3.500.000 para quedar al día y volver a comenzar", explica.

La pareja tiene cuatro hijas que han podido sacar adelante con esfuerzo.

Ya no les queda otro recurso que implorar, rezar y hacer velatones a las puertas del gobierno, buscando un salvavidas para sus familias.

En Colombia la informalidad antes de la pandemia era del orden del 53%. Con la pandemia, la informalidad sobrepasó el 60%.

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Un alarmante retroceso que ni el más profesional ha podido soportar.

Iván Gómez de León es abogado especialista en Ciencias Penales y Criminología, con años de experiencia y reconocimiento en su pueblo: Chinú, Córdoba.

Iniciaba el año expandiendo sus servicios hasta que se le atravesó la pandemia. Tuvo que cambiar los salones de audiencia por el overol y la escafandra de operador de desinfección.

Con máquina en mano aprendió la técnica.

“Uno estaba siempre en una sala de audiencias ejerciendo la defensa penal y ahora entrar a un sitio, de pronto a una clínica o a un hospital, que han sido focos de contagio de COVID-19 es una actividad riesgosa se podría decir”, señala.

Un gran capital social que después de caer por la borda del desespero necesita ser salvado con una economía de honor que los dignifique de cara a la pospandemia.

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“Las medidas de mitigación que el Gobierno pueda tomar para tratar de minimizar el daño económico incluyen hacer el esfuerzo fiscal tan grande como sea posible, para tratar por un lado de estimular la demanda y, por otro, generar ingresos para todos. Quiere decir hacer transferencias, seguir haciendo transferencias monetarias a los más vulnerables. Hay muchos modelos para hacerlo. Y apoyar a las empresas que sean solventes en el largo plazo”, indica la decana Marcela Eslava.

El analista José Fernando Isaza opina que "hay que empezar a mirar con seriedad el ingreso básico universal. Posiblemente no tan generoso como lo pueden hacer algunos países, pero sí hay que pensar en el ingreso básico universal durante un tiempo para paliar el sufrimiento de esas familias que se vieron de un momento a otro con las manos vacías”.

“Tenemos que avanzar en una reconstrucción del tejido productivo y social para poderlos incorporar otra vez a un mercado laboral en condiciones dignas y más acordes con el desarrollo de sus capacidades y destrezas y habilidades. Y esto, infortunadamente, dependiendo de la política pública social y económica proactiva que tome el Gobierno, se demorará más o menos dependiendo del grado de profundidad que tenga la política pública”, dice por su parte el analista Luis Jorge Garay.

Reconstruir un tejido social desde la base, donde está el grueso de una población con los bolsillos rotos. Las miles de Dianas, de familias como los Vega – Hernández y los profesionales como Iván necesitan una política incluyente para ser salvados del naufragio económico que les dejó el COVID-19.

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