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Un recorrido por el Museo Nacional demuestra que la belleza no solo entra por los ojos

De la mano de guías excepcionales, Noticias Caracol le enseña este espacio cultural para que viva una experiencia sensorial cargada de sorpresas.

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El Museo Nacional de Colombia fue creado en 1827, tiene 17 salas y cuenta con 2.500 obras y objetos que hacen parte del patrimonio nacional. Una de ella es el aerolito, pero ¿qué hace tan importante a esta pieza?

Jefferson Ramírez, es uno de los mediadores del Museo Nacional y conoce a la perfección esta pieza.

El aerolito, como anteriormente se le decía a los meteoritos, es la primera pieza obtenida por el museo. Este objeto fue descubierto por Cecilia Corredor en 1810 luego de que cayera durante Semana Santa, explica Jefferson.

Jefferson invita al público del Museo Nacional a tocar, oler y percibir piezas tan importantes como el aerolito, para que, como él, la gente pueda tener una experiencia sensorial al visitar el lugar.

Para sorpresa de muchos, Jefferson es invidente, hace 8 años tuvo un desprendimiento de retina por una cirugía mal practicada y perdió por completo su capacidad visual. Es comunicador social y trabaja en el Museo Nacional desde hace 5 años.

Este excepcional guía contó a Noticias Caracol que conoció la estructura del Museo Nacional cuando era niño y ahora invita al público a percibir el espacio por medio de los sentidos.

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Pero este joven no está solo, pues lo acompaña Shaira, una perra guía. “Ella hace el papel de mis ojos, yo soy el ser racional y ella es el ser visual”.

De la mano de Shaira, Jefferson busca una de las pinturas más emblemáticas del museo, ‘El árbol de la vida’, una obra del artista amazónico Abel Rodríguez.

Jefferson explica que “cada persona con discapacidad se hace una imagen diferente. Yo uso, por medio del recuerdo visual que tengo, referencias de distintos árboles para hacerme la idea más clara. El arte no es visual, hay múltiples formas de percibir el arte, de percibir el mundo”.

En el equipo de guías también está Iván Martínez. Él estudió mercadeo y perdió la visión hace 10 años por desprendimiento de retina.

Iván percibe la belleza, explica, como algo sensorial, “a través de la imaginación, del conocimiento”.

Lorena, otra de las maravillosas moderadoras que expande la percepción del museo, perdió su capacidad visual antes de cumplir un año de vida. Tiene 26 años y es psicóloga.

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Hoy Lorena es la encargada de interactuar con los visitantes del museo y con alegría expresa: “La gente ya no me ve como ‘Lorena, la muchacha ciega que nos va a hablar’, sino como ‘Lorena, la mediadora que nos va a contar una historia”.

Para ella, la belleza no es visual, es como cada quien la quiera sentir.

El Museo Nacional ha apostado a una nueva forma de aproximarse a la cultura, la historia, el arte y la belleza. Es un museo para todo el mundo y que no necesariamente se debe leer desde lo que se ve, sino desde lo que se siente.

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