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De las drogas a la alta costura: exhabitantes de calle realizaron pasarela con sus confecciones

Quienes una vez consumieron alucinógenos y vivieron en los andenes, hoy crean prendas que van desde los 500 mil pesos hasta los 5 millones. Así fue el desfile de moda que organizaron.

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En Bogotá vive una mujer conocida como Diamantina Arcoíris; ella realiza una labor que merece todos los aplausos: brinda una segunda oportunidad a los exhabitantes de calle a través de la moda.

Los que no tenían casa cambiaron las pipas y las drogas por máquinas para confeccionar prendas.

Hace poco presentaron su pasarela, un evento que estuvo marcado por el agradecimiento, el talento y las segundas oportunidades para quienes tomaron malas decisiones en algún momento de sus vidas.

Ella creó la fundación Rediseñándonos, el espacio que ha permitido que todo lo anterior sea una realidad.

“Todo nació gracias a mi hermano, él fue habitante de calle y lo asesinaron. Nos entregaron su cuerpo y a partir de ahí nació la fundación. Todo fue en memoria a él”, comentó Diamantina.

Las puertas de la fundación se abrieron para que los habitantes de calle dejaran los vicios y a cambio, ella les enseñara a confeccionar prendas de alta costura.

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“Ahora vivo aquí con ellos, son mi familia, todo lo que hago lo empecé a hacer con ellos. Ahora hacen parte de la cadena productiva de mi marca. Son mi inspiración. Siempre que cualquier persona deje las drogas se convierte en un ser autónomo y digno”, afirmó Diamantina.

Yurbelis Paredes es una joven que ahora hace parte del negocio textil. Ella tiene 26 años y desde los 14 empezó a consumir drogas. Hoy es maestra en pedrería. “Yo me sentaba en las escaleras de mi casa a fumar bazuco o a meter pegante. Ahora trabajo con mi hijo. Esto me ayudó a dejar el consumo, a sentar cabeza”.

Estas personas confeccionan hermosas prendas cuyos precios oscilan entre los 500 mil y hasta 5 millones de pesos. “La persona que bordó recibe el 40 % y el resto va para la manutención de la casa, compra de materiales y reinversión”, dice Yuberlis.

Hoy estas personas, que antes llevaban un estilo de vida que los marginaba, son aplaudidos por el público, el mismo que alguna vez los rechazó cuando los vio en la calle pidiendo limosna. Esta es la prueba de que todos en la vida merecen una segunda oportunidad.

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