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El proyecto a 1.600 metros sobre nivel del mar que crea lazos entre niños indígenas y campesinos

La cultura, la artesanía y la tecnología se mezclan en una noble iniciativa que está dando importantes frutos.
A 1.600 metros sobre el nivel del mar en plena Cordillera Central y a 16 kilómetros del casco urbano de Sevilla, norte del Valle del Cauca, está ubicada la vereda Cominales.
Allí tiene una de sus ocho sedes la Institución Educativa Benjamín Herrera, que atiende a niños campesinos e indígenas en su primaria básica.
Desde hace tres años, en dicha escuela se desarrolla el proyecto "Mis manos crean", que permite que niños y niñas de las etnias embera chamí y embera katío, residentes en la vereda, les enseñen, a sus compañeros mestizos y a vecinos del lugar, a fabricar hermosas artesanías de sus culturas.
"Es una propuesta de inclusión comunitaria y emprendimiento. La filosofía del proyecto radica en un proceso de interacción entre las comunidades embera chamí, embera katío y los campesinos que atendemos en la sede Santa Lucía", dice José Luis Jiménez Rodríguez, rector de la institución.
De esta manera, niños indígenas y campesinos comparten un aprendizaje que los beneficia gracias a la aplicación de principios ancestrales en la elaboración de artesanías.
"Yo me demoro haciendo esta balaca cuatro días. Entonces, la flor representa cuando nosotros, la comunidad, estamos reunidos todos y los caminos son los caminos que tomamos cuando vamos a ir la comunidad”, dice, en su idioma, Valentina Cardona Ugarí, estudiante embera chamí.
La escuela cuenta con una profesora indígena, que se denomina etnoeducadora. Su nombre es Claudia Ogari, quien asegura que la amistad entre sus alumnos es el mejor premio al proyecto.
"La convivencia pacífica era de que los niños indígenas y los niños campesinos se trataran en mejor forma, llegaran a una buena convivencia, fueran más tolerantes, porque ellos anteriormente no eran así”, afirma.
Y así se traduce la amistad que atraen las manos tejedoras, acompañada de la tecnología de los computadores para educar, donde los pequeños artesanos plasman primero sus diseños.
"Mis amiguitos embera chamí, me enseñan a hacer pulseras, manillas, collares, anillos y también aretes", comenta Jimmy Alejandro Barco, niño campesino de la vereda Cominales.
Jesús Antonio Arcila es un campesino que asiste sagradamente a las clases de sus pequeños y talentosos vecinos. "Quisiera aprenderles a ellos estas artesanías para poner mi propio negocio", asegura.
Llevar turistas extranjeros y colombianos a la montaña y ofrecerles tejer estos objetos con los niños y niñas de "Mis manos crean" es uno de los proyectos del profe Jiménez, rector de la escuela rural desde hace diez años.

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