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Carlos Mattos se evade de la cárcel: así se mueve libremente un preso por Bogotá

Noticias Caracol siguió y grabó al detenido empresario, quien despacha desde su oficina privada con complicidad de funcionarios del Inpec. Allí ha recibido a varias personas, entre ellas a Iván Cancino, uno de los abogados más conocidos del país.

Mattos se evade de la cárcel: así se mueve libremente un preso por Bogotá

A las 2:05 de la tarde del 25 de febrero, el portón de un parqueadero en la carrera 19 con calle 100, en un cotizado sector del norte de Bogotá, se abre para dejar entrar una camioneta del INPEC. Un guardia de la autoridad penitenciaria se baja del puesto del copiloto, mientras que del puesto trasero desciende el empresario Carlos Mattos.

La escena tendría poco de inusual de no ser porque desde noviembre pasado, y por orden de un juez, Mattos es un preso de la cárcel La Picota, donde debe permanecer mientras se le juzga porque presuntamente le pagó sobornos a funcionarios judiciales para que lo favorecieran en un pleito judicial multimillonario.

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Como si se tratara de un ciudadano común y corriente, Mattos camina del parqueadero hasta la entrada de las oficinas de ese mismo edificio, que según un certificado, es propiedad de su inmobiliaria CJM. Lo hace solo, sin la compañía de su custodio. Con tanta libertad que en cualquier momento puede simplemente fugarse.

La unidad investigativa de Noticias Caracol siguió y grabó durante varios días al detenido empresario y pudo constatar que con complicidad de funcionarios del INPEC, Mattos sale de La Picota, atraviesa media ciudad y se va hasta este edificio donde recibe visitas a sus anchas.

Luego de la salida de Mattos, un guardia del INPEC ingresa al mismo edificio a donde entró el empresario al que se supone que tiene que vigilar a cada segundo.

Ocho minutos después de la llegada de Mattos, el vigilante que custodia el parqueadero con una escopeta al hombro vuelve a abrir el portón y entran dos carros. Primero una camioneta Hyundai, la misma marca que Mattos representó en Colombia durante años. Vendiendo este tipo de carros consolidó su fortuna. Noticias Caracol pudo constatar que esa camioneta de placas IEM 062 está registrada a nombre de NEOS Group, una compañía cuyo socio mayoritario es Jorge Mattos, hermano de Carlos. El vehículo está embargado por la Superintendencia de Sociedades desde junio de 2020. Detrás de la camioneta entra un Mazda de placas GCQ 369, registrado a nombre de Laura Kamila Toro.

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Tres minutos después de la llegada de los dos carros, una mujer sale del parqueadero y camina hasta la puerta de las oficinas, las mismas a las que previamente entró Mattos. Es justamente Laura Kamila Toro, abogada de la firma Cancino Abogados.

Y siete minutos después de la mujer, de ese mismo parqueadero sale su jefe Iván Cancino, uno de los abogados más conocidos del país, que además de ser apoderado de Mattos, lleva casos como el del abogado Diego Cadena, investigado por supuestamente manipular testigos para favorecer al expresidente Álvaro Uribe. Cancino, quien se cruza y se detiene a saludar a un transeúnte, es miembro de la junta directiva del Colegio de Abogados Penalistas. Siendo uno de los penalistas más reputados de Colombia, debe saber que su cliente, con el que está a punto de reunirse, viola la ley al evadirse de la cárcel. El abogado finalmente entra a las mismas oficinas donde permanece Mattos. Esta conducta del abogado tendrá que ser investigada por las autoridades.

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Cuando Mattos completa 45 minutos en el edificio entra en escena un carro Hyundai de alta gama, de placas DDT 312, registrado a nombre de la Inmobiliaria CMB, una empresa de Carlos Mattos. Un hombre con una chaqueta deportiva se baja y le entrega unas cajas de comida a dos mujeres que parecen ser empleadas de las oficinas. El hombre regresa al carro y lo guarda en el parqueadero contiguo.

De inmediato, sale del parqueadero con unos papeles en la mano y se dirige de nuevo a las oficinas. Ese hombre seguirá yendo y viniendo de un lado para otro el resto de la tarde. El movimiento de personas entre el parqueadero y las oficinas donde está Mattos no se detiene. Cabe señalar que antes de la llegada del empresario al edificio, la actividad allí era prácticamente nula.

Sobre las 5 de la tarde, poco menos de dos horas después de haber llegado, la abogada Toro, empleada de Cancino, sale de las oficinas y regresa al parqueadero. De allí se marcha en su carro Mazda.

Casi al mismo tiempo que la mujer se va, el hombre de chaqueta deportiva empieza una serie de movimientos entre las oficinas y el parqueadero. Va de un lado al otro de prisa y con una carpeta en la mano.

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Luego, sale de las oficinas acompañado del guardia del Inpec, para más tarde volver a entrar de nuevo en el parqueadero, sacar el Hyundai de alta gama y dejarlo parqueado sobre la acera.

Sobre las 5 de la tarde parece que la reunión en el edificio de Carlos Mattos está por acabarse. El guardia del Inpec regresa a las oficinas. Pero antes, los reunidos tienen tiempo para recibir una pizza a domicilio.

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A las 5 y 10 de la tarde, el grupo sale de las oficinas. Adelante va un guardia del Inpec que lleva una especia de bolsa de compras en sus manos. Carlos Mattos sale detrás y se despide de un apretón de manos del hombre de la chaqueta deportiva. También se despide del abogado Iván Cancino. Al grupo de seis hombres lo cierra otro guardia del Inpec.

El hombre de la chaqueta se despide de todos los demás presentes y aborda el Hyundai que minutos antes había dejado parqueado en la acera. A ese mismo carro se sube el abogado Iván Cancino y se van del lugar.

Tras ellos sale la camioneta del Inpec con los dos guardias y Carlos Mattos a bordo. El empresario estuvo durante más de tres horas recibiendo visitas y despachando desde su propio edificio como si se tratara de sus propios conductores o empleados. Los funcionarios del Inpec esperaron a su salida. Y ahora comienzan el regreso a la cárcel, en una camioneta oficial que más parece el taxi de Carlos Mattos.

El vehículo acelera y se pasa en rojo el semáforo de la carrera 19 con calle 100, en medio de la lluvia y el pesado tráfico de la hora pico bogotana.

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De la calle 100 toma la carrera 11, y en cada esquina se vuelve a atascar en un nuevo trancón.

Tras 15 minutos de recorrido, los guardias encienden las luces de emergencia de la camioneta y así tratan que los demás carros les cedan el paso. Por la forma de conducir, se nota que llevan prisa.

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El equipo de la unidad investigativa de Noticias Caracol los siguió durante media hora por las calles del norte de Bogotá. Finalmente, hacia las 5 y 40 de la tarde, la camioneta tomó rumbo hacia la avenida Circunvalar y aceleró hasta perderse de vista. Por otras fuentes, pudimos corroborar que Carlos Mattos regresó esa noche a la cárcel La Picota.

El preso que pasea

El paseo de Carlos Mattos por la ciudad y su visita a la oficina para encontrarse con su abogado no fue un hecho aislado. Días antes, la unidad investigativa de Noticias Caracol ya había seguido al empresario en otra de sus habituales salidas de la cárcel. Esa vez, bajo el pretexto de practicarse un examen médico, y con la complicidad de guardianes y altos funcionarios de La Picota, se fue a despachar a su oficina privada en el norte de Bogotá.

Sobre las 9 de la mañana del 21 de febrero esta camioneta del INPEC se parqueó frente a la Clínica Palermo, cerca al centro de Bogotá. Se trata del mismo vehículo que lo transportaría cuatro días después, como ustedes pudieron ver en la nota anterior. A bordo van los mismos guardias y el empresario Carlos Mattos.

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Pocos instantes después aparecen en la escena una mujer y este hombre de blazer negro. Es la misma persona que, como se registró en la nota anterior, estuvo presente y moviéndose todo el tiempo mientras Mattos permaneció en su oficina, evadido de La Picota.

Quince minutos después, Mattos se baja de la camioneta y en compañía de un guardia del Inpec y del hombre de blazer, entra a la clínica donde le practican exámenes médicos.

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A las 9 y 40 de la mañana, Mattos sale de la clínica y vuelve a la camioneta del Inpec, que arranca de inmediato. Nada de esto habría sido inusual si después de atender sus asuntos de salud, el preso hubiera regresado a la cárcel La Picota, pero, en vez de hacerlo, la camioneta toma un rumbo contrario, coge la avenida Carrera 30 hacia el norte de la ciudad.

El equipo de la unidad unvestigativa de Noticias Caracol siguió la camioneta del INPEC con Mattos a bordo. El vehículo avanza durante 15 minutos por la misma vía hasta que se sube al puente de la calle 92 para desembocar en la autopista Norte. De ahí sube por una calle hasta tomar la carrera 19, sobre la que está ubicada la oficina de Mattos.

A las 10 de la mañana, la camioneta del Inpec entra al parqueadero del edificio de Carlos Mattos. Un hombre de camisa gris le abre la puerta mientras mira para lado y lado con una actitud sospechosa. Minutos antes este mismo hombre había estado vigilando la zona, como percatándose de que nadie notara la extraña entrada de un carro del Inpec a un parqueadero privado.

Instantes después, Mattos y la mujer que lo acompañaba en la entrada de la Clínica Palermo salen del parqueadero y caminan a la oficina. Lo hacen con completa libertad, sin la guardia de los custodios del Inpec.

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Los guardias entran un minuto después a las mismas oficinas a las que Mattos acaba de entrar.

Allí permanecen todos durante poco más de dos horas. A las 12:11 del mediodía, los guardias vuelven a salir de las oficinas. La unidad investigativa de Noticias Caracol estaba presente cuando Carlos Mattos se dirigió hasta el parqueadero para abordar el vehículo.

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Finalmente, dos minutos después, la camioneta del Inpec sale del parqueadero de Carlos Mattos en medio de un trancón y toma el deprimido que conecta con la avenida Carrera 30 con rumbo al sur de la ciudad.

De repente, los guardias encienden las luces de emergencia del vehículo y se saltan al carril exclusivo de Transmilenio, por donde avanzan a toda velocidad hasta perderse de vista.

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