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Del testamento de Carlos Castaño a la guerra entre hermanos: correos olvidados de los paramilitares

En decenas de mensajes se ve el pulso entre la cúpula de las autodefensas: “Nuestros supuestos amigos nos reciben en sus casas armados hasta los dientes”. Informe especial

Los hermanos Castaño

Los secretos de las guerras intestinas en las autodefensas , el pulso entre la cúpula del paramilitarismo por el control de sus hombres, la tras escena del narcotráfico que permitió a capos colarse en el proceso de paz comprando franquicias, y hasta las intimidades del testamento de Carlos Castaño quedaron al descubierto en múltiples mensajes en poder de la unidad investigativa de Noticias Caracol.

Los protagonistas de una historia que sumió al país en un desangre de décadas fueron los hermanos Fidel, Vicente y Carlos Castaño . Pero lo más irónico es que los tres terminaron siendo sus propios verdugos. Los correos son la evidencia de esa guerra de sangre.

En abril de 2003, Carlos Castaño le escribió a su hermano Vicente, el jefe de jefes en las Autodefensas Unidas de Colombia -AUC-, que en asuntos de familia era mejor tener los negocios claros para evitar los chismes. "…Con esto evitaré posibles malos entendidos y agravios que nunca faltan en las empresas, además de malos comentarios como el que ha rodado que usted y yo matamos a Fidel (Castaño) para quedarnos con la plata".

Además de esas salvedades sobre el manejo de propiedades o fortunas, Carlos Castaño era muy insistente en que Vicente debía escoger muy bien a los comandantes paramilitares que se sentarían en la mesa de negociación con el gobierno Uribe. Por eso, en mayo de 2003, le envió este correo a Vicente:

"…Hermano, sea muy prudente en esas máquinas oxidadas, que ahora usted ya no se debe solo a su familia y a la gente que lo queremos, sino a Colombia, convénzase de lo que espera el gobierno de usted. Lo otro es que podrá ser accidentado el desenlace interno y ahí nos necesitaremos mutuamente".

Mientras le expresaba sus preocupaciones a su hermano mayor sobre el proceso de paz o el fantasma de la extradición, Carlos Castaño se dolía porque su amigo Carlos Mauricio García, alias 'Doble Cero' o 'Rodrigo', se había vuelto inmanejable cazando peleas con otros jefes de las AUC.

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"No sé qué está pasando con Rodrigo cuando lo que más hablamos era en que no podíamos caer en la trampa de destruirnos a nosotros mismos. Si él cayo en ese error, yo jamás caeré en dicha trampa", afirmaba Carlos en una comunicación con Vicente.

Dos días después de ese correo, el 8 de junio de 2003, Carlos Castaño le advirtió nuevamente a Vicente que esas guerras le costarían muy caro a la organización. "Yo nunca he creído que nuestra salida sea gloriosa y debemos pegarnos de la primera rama que alcancemos, si no nos ahogamos todos".

Pero su principal preocupación siempre fue el narcotráfico que se había tomado completamente a las autodefensas y estaba desbordado.

"Tratar de desmentir la infiltración del narcotráfico en las autodefensas sería como tapar el sol con un dedo, tratar de justificarlo es imposible y la única opción de dejar los vínculos es la desmovilización, no hay otro camino (…) tenemos que aprovechar este cuartico de hora que nos están dando, si lo dejamos ir es posible que no vuelva nunca más", dice uno de los apartes de un correo fechado 11 de junio de 2003.

Los años le darían la razón a Carlos Castaño. El proceso terminó llenó de mafiosos colados que, al final, fueron extraditados en 2008.

La correspondencia entre los hermanos Castaño ese año 2003 también revela cómo escaló entre ellos el enfrentamiento que fracturó para siempre sus destinos en el paramilitarismo.

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“Carlos Castaño en su mejor momento, cuando salió al país y le habló y se consolidó como el gran líder, perdió, por alguna razón. Es decir, hacia afuera tuvo un gran liderazgo, pero hacia adentro generó resentimientos. En ese sentido Vicente Castaño parece que manejó las alianzas mucho mejor”, afirmó a Noticas Caracol Gustavo Duncan, investigador, profesor y conocedor de la historia paramilitar.

En ese año 2003, el cruce de correos entre los hermanos deja en evidencia el rápido deterioro de la relación entre Carlos y Vicente, que empezaba a notarse por el tono de los reclamos. "Fui a visitarlo en dos ocasiones hace un rato y no pudo ser más tenso y hostil el ambiente que encontré: si quiso hacerme un desaire, era suficiente con dejarme dicho que estaba indispuesto, pero no crear un ambiente enrarecido con un móvil 5 atrincherado, con una mirada desconfiada y una guardia que me hizo recordar el mundo de (Pablo) Escobar con hombres raros y sucios vigilando en la puerta de la habitación de su patrón. si es que desconfía de mí, lo que me rehúso a creer, entonces hermanito ya hemos llegado al punto extremo de la bajeza y la paranoia".

Poco después, en otra carta sin fecha precisa de envío, pero en todo caso del año 2003, Carlos Castaño es aún más ácido con sus comentarios hacia Vicente y se nota que la desconfianza entre ellos es mutua."…Tampoco entiendo por qué lo impresiona a usted un fusil. Todos nuestros compañeros y supuestos amigos nos reciben en sus casas armados hasta los dientes y usted nunca ha venido a mi casa sin fusiles, entonces por qué yo tengo que estar como Dios me echó al mundo" . Y añadió: "esté tranquilo que si algún día no me siento en capacidad de hablar con usted, se lo digo o no vuelvo a asomar mis narices por acá".

Ya entonces la relación estaba rota entre los hermanos Castaño. Carlos era una rueda suelta en el proceso y había empezado contactos con la DEA para explorar su entrega a la justicia de Estados Unidos que lo requería por narcotráfico.

En abril de 2004, finalmente, Carlos Castaño fue asesinado en una de sus fincas en Córdoba. Tiempo después se supo que quién ordenó su muerte fue Vicente Castaño, el mismo que en este correo de 2003 enviado a alias 'el Alemán' se autodefinía así: "Alemancito: usted sabe que conmigo siempre ha sido y será con dialogo y sin rabias y más dándole la razón a las cosas. Con una mano en el corazón y la otra con el fusil".

“Hubo mucha presión del resto de las autodefensas contra Carlos y, cuando se da el asesinato de Carlos, Vicente tenía que tomar bando: o seguía protegiendo a Carlos y se echaba de enemigo al resto de las autodefensas o la suspicacia o los distanciamientos que tenía con Carlos lo llevaban a eliminarlo”, afirma el profesor e investigador Gustavo Duncan.

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Quizá previendo el destino inexorable que finalmente le tocó, Carlos Castaño dejó listo su testamento desde 2002. En ese documento y otros más sobre sus finanzas, se revela que el dinero escaseaba, que su hija de un año sufría una extraña enfermedad y que necesitaba 300 mil dólares para su tratamiento. Castaño incluso intentó vender algunas obras de arte que tenía en sus fincas.

"Querida familia: es mi deseo dejar en manos y conciencia suyas mi voluntad respecto al destino de mi humilde patrimonio familiar, el cual deberá ser distribuido a mis herederos por ustedes…esta es mi voluntad cuando ya haya terminado mi misión aquí entre ustedes. Mi legado humano a todos es el ejemplo de una vida entregada al servicio de su país sin olvidar nunca su familia", dice uno de los apartes de su testamento.

Muerto Carlos en 2004, después le seguiría en esa misma ruta de ajustes de cuentas su propio verdugo y hermano: Vicente Castaño, asesinado en 2007. Casi dos décadas después estos correos constituyen una cronología de sangre que, aunque se conocía, jamás había documentado por dentro la historia de los peores criminales que tuvo Colombia y que dejaron miles de víctimas asesinadas y desplazadas.

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