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La confesión de un exmilitar que asesinó a 54 civiles

El relato del sargento (r) Jaime Coral se convirtió en uno de los principales testimonios con los que cuenta la JEP para llamar a responder a oficiales y suboficiales por falsos positivos.

La confesión de un exmilitar que asesinó a 54 civiles

El escalofriante relato de un suboficial retirado del Ejército se convirtió en uno de los principales testimonios con los que cuenta la Justicia Especial para la Paz para llamar a responder a oficiales y suboficiales por los crímenes de centenares de inocentes, algunos siguen en servicio. Noticias Caracol habló con Jaime Coral, el exmilitar que podría ser quien más crímenes ha confesado en la JEP. Asegura ser el responsable de 54 asesinatos a sangre fría en Antioquia, Nariño y Tunja.

El sargento Jaime Coral apretó el gatillo para asesinar inocentes y presentarlos como importantes golpes militares. Aunque hay miles de uniformados procesados por este tipo de crímenes, Coral merece un capítulo aparte pues se trata del militar que más homicidios ha confesado como parte de la política de los falsos positivos. Su crudo relato se convirtió en una de las piezas testimoniales más valiosas con las que cuenta la JEP para poner a responder a altos mandos militares y encontrar a decenas de desaparecidos.

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“Los batallones se llenaban de una cantidad de personas que conseguían, se llegaba al descaro de conseguir personas en las calles ir a uniformarla y matarla en el área para que dijeran que esa patrulla entró en combate. Y con el estímulo de los soldados de ganarse un permiso”, dijo el exmilitar.

Jaime Coral carga en su maleta las pruebas que demuestran que es culpable de medio centenar de crímenes cometidos mientras estuvo en el Ejército.

He asesinado a 54 personas. Soy responsable de esas 54 personas, las que he hecho yo y las que han asesinado otros comandantes de patrulla
confesó

Uno a uno, acumuló los informes que rindió en 22 años de servicio reportando falsos combates. Operaciones militares completamente montadas y muertes de personas que no tenían nada que ver con el conflicto.

El sargento Coral no sabe los nombres de sus víctimas. Para recordar los casos, lleva una lista con las fechas en que ocurrieron los asesinatos. Así logra reconstruir su relato uno de los mayores asesinos que integró el Ejército y que accedió a contarle a Noticias Caracol cómo funcionaba este aparato criminal desde adentro.

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“Iniciando la primera que di, que me tocó dispararle a una persona, nunca lo había hecho, me sentí hasta deshonrado, me sentí mal. Fue la que se hizo en Tunja. Me sentí mal”. Era 17 de abril de 2004, cuando, siendo integrante del Batallón Simón Bolívar de Tunja, hizo su primer disparo a sangre fría.

“El capitán Vargas Idárraga Raúl y Gutiérrez Rivera Rafael me ordenan que tenía que asesinar a esta persona. Por demostrarles será coraje o será de berraquera, como dicen, me fui y disparé a esta persona en el hombro y no murió. Finalmente llegó el capitán Vargas Idárraga Raúl y lo asesinó”, dijo.

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El pelotón le puso camuflado, un fusil AK47 y un chaleco. También asegura que sembraron evidencias para simular un combate. “Vargas y en compañía de unos soldados que estaban ahí, profesionales de la escolta del comando del batallón, le hacen disparar un arma para que quede evidencia que la persona sí disparó y que la tropa si entró en combate”.

El cuerpo sin identificar fue enterrado como un supuesto criminal en el cementerio municipal de Tunja. Después de 18 años, este relato es la única pista que se conoce del caso, pues para desviar las investigaciones el Ejército terminó promoviendo la desaparición de decenas de personas.

Todo era fingido, nunca se pedían antecedentes, ya se sabía que esas personas venían para ser ejecutadas como falsos positivos
señala

Coral sabe que las respuestas para decenas de familias están en los cementerios municipales de Tunja, de Pasto, de los Andes en Nariño, en Carepa y en el cementerio las mercedes, en Dabeiba, Antioquia.

Es bueno que en todos los cementerios en donde están cerca los batallones y donde se han realizado esta serie de operaciones se hagan esta clase de identificaciones, porque va a haber muchas personas enterradas como NN. Al cementerio de Dabeiba llevé 15 personas”, dijo Coral.

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La investigación de lo que ocurrió en el cementerio Las Mercedes de Dabeiba fue priorizada por la Justicia Especial para la Paz, que ha logrado identificar a nueve desaparecidos a manos del Ejército. Uno de ellos duró desaparecido 40 años, uno de los falsos positivos más antiguos hasta ahora registrados, lo cual revela que esta práctica llevaba décadas en el Ejército.

En el crudo paso del sargento Coral por tres batallones del Ejército -en Tunja, Pasto y Antioquia- aparecen toda clase de engaños a sus víctimas, a quienes lograron convencer gracias a que portaban el uniforme militar. Les pedían entregar sus papeles, movilizarse hasta el punto donde finalmente las iban a ejecutar y hasta cambiarse de ropa antes de dispararles.

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“Estos documentos inmediatamente se quemaban, se quemaba la ropa que traía, se les colocaba sudaderas, camisetas, pantalones camuflados, botas pantaneras, su armamento y ya. Toca colocarse esto porque toca cruzar acá arriba entonces si los ven de civil los van a confundir y les van a disparar. Entonces, ellos eran obedientes porque estaba el Ejército ahí, no ponían ninguna clase de problema, no ponían resistencia”, aseguró.

En Antioquia, los retenes del Ejército se convirtieron en pescas milagrosas. Uno de estos casos ocurrió en la vereda Tadó el 3 de marzo de 2006, cuando fueron asesinadas 3 personas después de ser detenidas en un falso puesto de control.

Uno requisaba el mototaxi, bajaba a las personas, inmediatamente se le quitaban los documentos a estas personas. Les manifestaba uno que iba a pedir antecedentes, entonces las personas no sospechaban, creían que era el Ejército y se hacían subir por un camino hacia la loma, para qué, pues era el sitio donde se iban a asesinar

Antes de que estallara el escándalo de falsos positivos de Soacha, cuyas víctimas eran engañadas para ser asesinadas en Santander y Norte de Santander, el Ejército ya había implementado esta modalidad criminal en otras zonas del país

“Como ya había problemas en Dabeiba, Antioquia, no podían matar gente del municipio, entonces se les complicó. Entonces, ordenó traer gente de Medellín para asesinar a estas personas”, indicó.

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Con esta estrategia tan macabra como efectiva asesinaron a un inocente que sacaron del terminal de Medellín. “Estaba sentada en el terminal, el sargento Ochoa se le acercó, le ofreció comida y le dio desayuno, se atendió bien. Le dijo que venía a trabajar a una despulpadora y que iba a ganar muy buena plata, 20.000 pesos diarios de esa época era muy buena plata y se los trajo engañados hasta este sitio. Sobre la carretera que conduce desde Medellín a Dabeiba, el mayor Guzmán colocó una patrulla, para que en el momento en que el sargento Ochoa llamara al coronel Guzmán pararan al bus y nos bajaran a los tres y nos requisaran y nos subieran por una trocha. Llegando al sitio donde estaba el mayor nos hizo tender a los tres. Y el mayor David Guzmán mató a esta persona el 31 de agosto de 2005. Le pegó un tiro en la cabeza, los soldados de la compañía España lo vistieron y le colocaron el armamento y con el fusil hicieron unos disparos para que le quedara impregnada la pólvora en la mano. Esta persona que les estoy mencionando no pertenecía a ningún grupo armado”, señala.

Algunos militares no estuvieron de acuerdo con la barbarie y terminaron pagando con su vida el simple hecho de cuestionar las órdenes. Así ocurrió con el teniente Jairo Suárez Caro, cuya verdadera historia la revela Coral:

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“En Antioquia, en Santa Rita de Ituango, se habían hecho unas operaciones y él estaba hablando por esos casos, comentándole a los soldados y a más de un suboficial y oficial. Entonces, para mantener la boca callada y que más adelante no hubiera problemas, el coronel Guzmán David lo asesina. Él directamente lo asesina con el sargento Ochoa. Ese asesinato, le dice que pase adelante el teniente Suárez Caro Jairo con su grupo. Lo matan a sangre fría reportan un combate y ahí quedó mi teniente legalizado un combate”.

El horror en Nariño

El horror del cual fue protagonista el sargento Coral también estaba enquistado en Nariño, en el Batallón Boyacá, al cual llegó en abril de 2006. Allí fue condecorado por 11 operaciones, de las cuales 8 eran falsos positivos. Quien solicitó este reconocimiento es el cuestionado general Leonardo Barrero Gordillo, que para la época era el comandante de la Vigésima Novena Brigada del Ejército: “Ahí se sentía la presión de mi general Leonardo Barrero Gordillo diciéndoles a los comandantes de batallón, bueno qué pasó, se volvieron casco azul o qué”.

Un documento demuestra que el general (r) Barrero pidió estímulos para el sargento Jaime Coral bajo el falso argumento de que con la muerte de 17 personas supuestamente ayudó a contribuir a promover la paz en el departamento. Pero de las 11 operaciones por las que fue condecorado el sargento, 8 eran falsos positivos.

“Ahí está la constancia, Barrero directamente firmando el oficio para que manden la medalla”, señaló Coral.

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Lo que había detrás de estas operaciones eran ejecuciones extrajudiciales documentadas en expedientes, con fotografías y reportes oficiales. Uno de esos casos es sin duda de los más dolorosos en la historia de los falsos positivos.

“Este soldado Almeida trajo los hijos de una familia que acabó, también motivado por el batallón y por el 3 y por el 2, porque le daban dineros de gastos reservados. Se asesinaron los hijos el 9 de noviembre de 2006”, dijo.

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A los cuerpos les pusieron un fusil, una subametralladora, municiones, chalecos y los presentaron como miembros de una organización criminal. Con vergüenza, el sargento Coral cuenta el desenlace macabro de esta historia que primero cobró la vida de dos jóvenes, después, la de sus padres que los buscaban:

“Se fue el soldado a buscar más personas y se encontró a los padres y se trajo a los padres con engaño. Los padres preguntando ¿dónde están mis hijos? y él les dijo: yo sé dónde están. Venga yo le digo y los pongo antes a ustedes a trabajar allá y los trajo. A la salida del municipio, llegó el soldado con estas personas, yo los requiso, el mismo modus operandi, una requisa por favor. Me traigo a los tres con el solado, les quito los documentos a las dos personas. Y se asesinaron los padres de estas personas, qué pecado y qué sufrimiento y qué dolor tan duro para estas personas. Se murieron cuatro personas, algo tan desagradable”.

En la mente fría de los asesinos ya había asimilada una estrategia para facilitar los montajes de estos crímenes: “Tocaba primero pegarles el tiro en la cabeza y luego si colocarles el armamento. O si traían una camiseta que asemejara a miembros de las FARC o de algún grupo armado entonces se les pegaba en el pecho”.

En Nariño, Coral asegura ser el responsable de 14 ejecuciones extrajudiciales que dejaron 26 muertos. Varias de las víctimas no eran de la región, habían sido engañadas para salir de ciudades como Cali y Tumaco.

Las personas que trajeron de Tumaco las engaña Jaramillo Patiño Libardo diciéndoles que venían para trabajar como escoltas. Les decía que venían a ganar 80.000 pesos diarios, libres de alimentación

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En los siete años que duró preso Coral, fue asesorado por abogados para declararse culpable en 18 procesos de la justicia ordinaria, siempre contando una verdad que dejara impune a los altos mandos militares. “Mi general Barrero Gordillo iba para ser comandante de las Fuerzas Militares, que por favor no nombrara a nadie y que solamente me echara la culpa yo”.

La muerte acecha a estos exmilitares con cada declaración que rinden. “Siempre han querido y he recibido amenazas desde que estaba en Puente Aranda. Tuve amenazas cuando llegó Bayona Calixto manifestándole que no tenían por qué nombrarlo. Y otros oficiales que manifestaban que por hablar tanto podía morir como un sapo en la calle. Me da tristeza porque mis hijos y mi esposa han sufrido mucho. Por mí no hay problema, yo puedo morir así, pero mis hijos y mi familia tienen un futuro y no tienen la culpa por lo que yo haya hecho”, puntualiza Coral.

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El exmilitar entregó a la JEP y a la Comisión de la Verdad un listado de por lo menos diez oficiales que ordenaron y hasta ejecutaron estos crímenes, varios de los cuales no han sido tocados por la justicia y están en el servicio activo.

Les pido perdón a todas esas familias, a sus hijos que quedaron viudos, que quedaron huérfanos, que todos estos daños que les hice, estas muertes atroces

El sargento Coral es uno de los máximos responsables en la historia de las ejecuciones extrajudiciales en Colombia. Su confesión es apenas el primer paso en el largo camino de llevarles algo de verdad y justicia a medio centenar de familias que siguen esperando que los altos oficiales respondan.

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