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Putumayo, bajo el terror de la violencia: comunidades están confinadas y niños son reclutados

Una guerra se vive día y noche en todo el cordón fronterizo sobre los ríos Putumayo y Caquetá. Informe Especial.

Violencia de Putumayo, reclutamiento de menores   - 31 de enero

El aumento de las formas de violencia y amenazas en el Putumayo , en todo el cordón fronterizo, sobre los ríos Putumayo y Caquetá, tiene a decenas de comunidades confinadas bajo la ley de los armados de turno.

Lo más inhumano se esconde en una parte de la selva colombiana, donde los niños y niñas campesinos están siendo reclutados . Los líderes políticos y de derechos humanos que denuncian o intentan frenar las incursiones están bajo el ultimátum de los panfletos.

Putumayo es una tierra olvidada por el Estado.

Desde sus inicios fue territorio de colonos, labriegos y comerciantes, beneficiados por los caminos de herradura y embarcaciones que atravesaban el majestuoso río Putumayo, las mismas vías por donde entraron las primeras semillas de coca de la mano de los hombres de Gonzalo Rodríguez Gacha, alias ‘el Mexicano’.

La coca partió su destino cuando el cultivo pegó en la zona selvática y terminó regándose sin control por el Valle del Guamuez, siguió rio abajo hasta Puerto Leguízamo y San Miguel; subió hasta Puerto Caicedo y pasó a Orito. En su recorrido ascendente se instaló en Puerto Guzmán y Villa Garzón.

Son los cocales que se extienden selva adentro y los que familias campesinas defienden exponiendo sus vidas frente al control de la erradicación forzada que cumplen con rigor las autoridades.

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Es una economía ficticia, próspera con la resiembra. Andrés Cancimance, diputado y líder político de la zona, asegura que este fue el detonante de una guerra reciclada de la década de los 90.

Cancimance y Yuri Quintero, la lideresa campesina, han logrado hacer visible lo que está ocurriendo en su departamento a costa de ser amenazados.

La última alerta les llegó puerta a puerta en forma de panfleto, a nombre del grupo Comando de la Frontera, que los emplazaba como colaboradores de las disidencias del Frente Primero Carolina Ramírez de las extintas FARC.

El 9 de enero, el grupo Gaula de la Policía incautó más de 15 mil panfletos listos para ser repartidos entre la población.

El pecado de los dos líderes fue advertir y frustrar la incursión de este grupo criminal en la vereda de Yurilla.

“A partir de esta disputa que hay entre los grupos armados por el tema de quién se queda controlando la economía del narcotráfico, eso ha generado cifras de asesinatos, está generando desplazamiento forzado, reclutamiento forzado y sobre todo está generando amenazas contra líderes y lideresas en el territorio, y las comunidades campesinas, principalmente las que están en el río Putumayo y Caquetá, están confinadas”, dijo Cancimance.

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“A la fecha tenemos una lista de más de 63 líderes, hombres y mujeres que han sido asesinados en zonas rurales del departamento del Putumayo sobre todo en bajo y medio Putumayo”, manifestó Quintero.

La situación es tan compleja que Cancimance lo describe así: “La erradicación forzada se ha incrementado, han superado los 20 operativos de erradicación en toda la región del Bajo Putumayo, en resguardos indígenas y esto ha generado una cifra especifica de dos personas asesinadas en el marco de estas erradicaciones forzadas”.

El problema no es solo colombiano. Son redes que pasan por Brasil, Perú, Ecuador en un juego criminal en que todos ponen y los campesinos también, pero los muertos.

“El campesinado habla de una economía de la sobrevivencia y la coca les ha permitido abastecerse, la coca les ha permitido sobrevivir, mientras que aquí lo que tenemos que decir es que el combustible de esta guerra es el narcotráfico, es decir las mafias", indicó el diputado.

Para contrarrestar la situación, la Policía ha desarrollado varias estrategias, una de ellas es identificar a los criminales e incluirlos en un cartel de los más buscados y ofrecer una millonaria recompensa para capturarlos.

"Hay una instrumentalización de niños niñas y adolescentes, tenemos elementos probatorios, evidencias físicas, una noticia criminal, un proceso con unas órdenes de captura, generamos un cartel de los más buscados, donde estemos generando hasta 100 millones de pesos para dar con la captura de estos cabecillas que, precisamente, son los que instrumentalizan los niños, niñas y que generan el temor y el caos en la comunidad”, aseguró el coronel Francisco Gelvez, comandante de la Policía de Putumayo.

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