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¿Quién está detrás del asesinato de Rafael Moreno, valiente periodista de Córdoba?

Denunció a los corruptos en una de las regiones más peligrosas y durante 3 años le pidió a la UNP que mejorara su esquema de seguridad, pero la institución se negó y hasta dudó que sus amenazas “fueran reales”. Su compañero de investigaciones corre el mismo riesgo de muerte.

¿Quién está detrás del asesinato de Rafael Moreno, valiente periodista de Córdoba?

Rafael Moreno y Organis Cuadrado lo compartían casi todo. Tenían la misma edad: 37 años; la misma cantidad de hijos: cuatro; eran padrinos de los hijos del otro, socios en los negocios y ejercían juntos la misma vocación: el periodismo investigativo. También padecían las mismas amenazas de muerte.

“Más que un compañero periodístico se me fue un hermano. No fue hermano mío de sangre, pero yo lo considero como un hermano, incluso me atrevo a decir que un hermano más que mis hermanos de sangre”, dice Cuadrado.

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Ese lazo tan estrecho se quebró el domingo 16 de octubre, cuando un sicario entró al restaurante que ambos manejaban en Montelíbano, Córdoba, y le disparó a Moreno.

“El asesino llega por la parte de la panadería de la avenida Los Estudiantes, se asoma, y cuando se alza la camiseta, saca la pistola, entra, dispara, y sale por la calle 4 corriendo”, cuenta Cuadrado.

Moreno y Cuadrado dirigían Voces de Córdoba, un medio de comunicación local y digital en el que denunciaron corrupción pública en el sur de su departamento. Se atrevieron a enfrentar los poderes de una de las regiones más violentas del país, donde Los Caparrapos y el Clan del Golfo disputan una guerra sin tregua.

“Rafael Moreno llevaba muchas investigaciones, las más fuerte en el municipio de Puerto Libertador. Nosotros habíamos sacado un contrato de un transporte escolar que lo puedo decir públicamente: se lo robaron descaradamente”, recalca Cuadrado.

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Organis Cuadrado se refiere a la última denuncia de su compañero, de la que él mismo habló en una transmisión de Facebook dos semanas antes de su asesinato. El mismo Moreno aseguró: “Mil millones de pesos por solo 50 días. El día de transporte escolar en Puerto Libertador le estaba constando al municipio un promedio de 19 millones de pesos diarios. ¿Y ustedes sí se dieron cuenta de las condiciones en las que estaban transportando a los niños? Una cantidad de pelados parados en esos buses, en las veredas una cantidad de pelados en los techos”.

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El par de periodistas empíricos se especializaron en escudriñar en los contratos de su región. “Nosotros nos caracterizamos por buscar en el Secop los contratos ya ejecutados, pagados y nos vamos a la obra y verificamos si ese contrato lo hicieron o no lo hicieron. Y esto es más que todo lo que le da rabia a los corruptos, que nosotros los delatemos”, señala Cuadrado.

Denunciaron a alcaldes, funcionarios de la gobernación y empresas mineras. Con una vocación temeraria, Moreno y Cuadrado se llenaron de enemigos poderosos en una región donde la reacción ante la injusticia suele ser el silencio.

“Las amenazas de él eran esas: que si sigues publicando las contrataciones te vamos a matar. Las amenazas que recibimos siempre eran esas. Por eso digo que la muerte de él vino fue por parte de la política”.

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Los amenazaron de muerte por mensajes de texto, por redes sociales, les hicieron seguimientos y hasta les dijeron que les iban a cortar la lengua. Cuadrado recuerda una de las últimas intimidaciones que padeció Moreno hace un par de meses.

“Él tenía una moto y le metieron una bala, esa fue la última denuncia que él puso. Le dejaron una bala y una nota que decía: como te descuides esta va a ser para ti”, relata Cuadrado.

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Por el rosario de amenazas que se volvieron parte de la cotidianidad, la Unidad Nacional de Protección (UNP ) les asignó un esquema de seguridad a cada uno que consistía en una camioneta blindada y dos escoltas. Pero desde octubre de 2020, esa entidad determinó que el riesgo ya no era tan grave, y cambió el esquema de Moreno por un escolta, un chaleco antibalas y un botón de pánico. luego pasó lo mismo con el esquema de Cuadrado.

“Yo tenía un carro y dos escoltas, me quitó el esquema, me dejó un hombre y me dejó desprotegido. Todos dos quedamos desprotegidos. Nosotros hablábamos de que o a mí o a él, a quien le dieran el carro, ya íbamos a estar más protegidos, porque íbamos a tener tres escoltas y un carro, sea que se lo dieran a él o a mí. Pero esto nunca pasó”.

Un solo escolta no podía cuidarlos todo el tiempo, y sin un vehículo blindado para moverse, los periodistas sentían temor. Interpusieron tutelas para aumentar el nivel de protección, pero la respuesta de la UNP, reiterativamente, fue negativa. La Fundación para la Libertad de Prensa los acompañó en esos intentos infructuosos.

Lo relata Jonathan Bock, director de la FLIP: “Rafael Moreno estuvo tres años tocando la puerta del mecanismo de protección de la UNP y durante esos tres años hubo varios capítulos donde la respuesta de la UNP no solamente era deficiente frente al riesgo sino que también incluso lo llevó a preguntarle a Rafael casi que él tenía que entregar la información e investigar quién lo estaba amenazando, cuáles eran los motivos, dándole toda la carga de la responsabilidad probatoria a Rafael y revictimizando”.

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El director de la Flip se refiere a esta respuesta que le dio la UNP a Moreno:

El valorado no identifica o individualiza el actor generador de la amenaza, por lo que no es posible determinar capacidad de materialización de esta.

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El año pasado, la UNP emitió dos resoluciones, firmadas por su entonces director nacional, Alfonso Campo, en las que negó la solicitud de aumentar el esquema de seguridad. En una de ellas, citó una sentencia de la Corte Constitucional de 1992, en la que dejaba en el aire la posibilidad de que Moreno se estuviera imaginando las amenazas que sufría. Allí se lee:

Se exige que la amenaza sea real, en el sentido que haya sido comunicada o manifestada a la víctima y pueda ser convalidada objetivamente. Esto implica que no debe tratarse de un temor individual frente a una situación hipotética, pues los riesgos imaginarios no son amparables constitucionalmente” (…) “Que el temor advertido lejos de obedecer a la paranoia o a la excentricidad de la persona se origina en la apreciación subjetiva y razonable de la situación fáctica vivida.

El tiempo demostró que la amenaza contra Moreno era real, no imaginada. “Me duele en el alma, en el corazón, que hoy en día estén agilizando para colocarme esquema a mí cuando él lo pidió de muchas maneras, por Twitter, habló con directores de la UNP, pero nunca fue escuchado”, cuenta Cuadrado.

La UNP emitió un comunicado en el que lamentó la muerte de Moreno y dijo que, cuando lo asesinaron, el escolta no lo acompañaba: “El escolta asignado manifiesta que el protegido le dijo el sábado 15 de octubre, a las 11:20 a.m., que no requería de su servicio más ese día y que estuviera pendiente hasta nueva orden”.

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A Rafael Moreno lo asesinaron sobre las siete de la noche del pasado 16 de octubre. Una hora y media después, su amigo, que apenas trataba de tramitar la noticia, recibió una nueva amenaza. “La última noche me mandaron un mensaje de texto, ahorita te lo envío, en donde dice que yo voy a ser el próximo por baboso”, afirma Cuadrado.

Ahora vive con el miedo exacerbado. Mientras daba esta entrevista el pasado jueves en su casa en Montelíbano, todavía con el mismo esquema de seguridad deficiente, Cuadrado, asustado, interrumpió la comunicación, al ver a un sospechoso frente a su casa.

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Aparte del miedo, padece el agobio del recuerdo de su amigo. “El lunes casi le mando un audio para preguntarle algo. Porque alguna cosa a mí se me venía por la mente y yo cogía el celular y ‘ey, gallo’. Y sin echarte mentiras, yo cogí el celular para mandarle una nota de voz a él”.

Ahora, Cuadrado espera que su vida, que era tan parecida a la de Moreno, su compañero de oficio, su amigo y su compadre, no tenga el mismo desenlace.

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