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Secretos del expediente contra Jennifer Arias: director de tesis habla por primera vez

Correos electrónicos, actas con falsedades, jurados inexistentes y un minucioso peritazgo revelan que detrás de la tesis de maestría de la presidenta de la Cámara de Representantes hubo mucho más que un enorme plagio.

Tesis de Jennifer Arias: falsedades, jurados inexistentes y otras irregularidades

La prueba documental del plagio académico en la tesis de maestría de la congresista Jennifer Arias Falla es demoledora. No solo copió párrafos enteros de distintos libros y autores, sino que en su carpeta como egresada de la Universidad Externado figuran registros dudosos, archivos incompletos, un acta de sustentación falsa y unos jurados que no aparecen.

La Unidad Investigativa de Noticias Caracol conoció todo el expediente que indaga la justicia sobre este caso y las evidencias que aportó el externado para solicitar la anulación de los títulos de magíster en Gobierno y Políticas Públicas de la presidenta de la Cámara de Representantes y de su compañera de trabajo Leydy Lucía Largo. Diplomas que esa universidad les confirió el 2 de mayo de 2016 en ceremonia solemne presidida por su entonces rector Juan Carlos Henao.

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“Yo no había visto, digamos, en otras acusaciones de plagio, que una universidad institucionalmente se pronunciara así. Entonces frente a eso la idea de que me están persiguiendo es armar una conspiración por todos lados que no tiene ningún sustento”.

Lo dice Rodrigo Uprimny, uno de los abogados y académicos más respetados del país. En su criterio, este episodio debió terminar en la renuncia de Jennifer Arias al Congreso, pues el robo intelectual es algo inaceptable, pero es doblemente grave entre quienes ostentan un alto cargo público.

“Yo he tenido algunos casos en donde he constatado plagios de estudiantes y es que uno dice: este estudiante no es capaz de decir esta cosa tan inteligente, esto tuvo que copiárselo de alguien. El primer filtro es el del profesor. Obviamente si uno tiene un gran estudiante y escribe como Borges uno le cree, pero si uno tiene un estudiante que ha sido mediocre y resulta que escribe algo parecido a un poema de Borges, uno dice: pues se lo plagió”, añade.

Siguiendo el ejemplo de Uprimny, podría decirse que la tesis de grado de Jennifer Arias y Leydy Largo, dos estudiantes promedio según su propio director de tesis, está repleta de poemas de Borges.

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El documento, que no aparece en el repositorio de la universidad, está en poder de este noticiero: tiene 109 páginas, 51 referencias bibliográficas y hasta un libro citado que habla sobre ética y economía. En la página dos de la tesis aparece esta dedicatoria: “A nuestras familias, universidad, amigos y a Colombia”.

Y apenas unos párrafos después se lee el siguiente agradecimiento sentido: “Dios como base fundamental de nuestras vidas es a quien primero queremos agradecer por darnos la oportunidad de hacer y terminar nuestra maestría (…) A Manuel Calderón Ramírez que siempre nos ha acompañado como director de la maestría y quien nos ayudó en la recta final de la consecución de este documento”.

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¿Quién fue el director de la tesis de Jennifer Arias?


Manuel Calderón Ramírez fue el director de la tesis de Jennifer Arias y Leydy Largo y es protagonista central en esta historia. El 29 de febrero de 2016, casi tres años después de haber terminado sus materias en la maestría, las estudiantes le hicieron llegar la versión final de la tesis a Calderón.

Ésta fue remitida desde el correo personal de Jennifer Arias a las 8:09 de la noche con el siguiente mensaje: “Buenas noches, Manuel. Primero reiterarte nuestro profundo agradecimiento por tu apoyo incondicional en este trabajo. Te agradecemos enormemente y esperamos sea de tu agrado. En el adjunto está el documento final. Quedamos atentas a tus comentarios. Un abrazo. Leydy y Jennifer”. Ahí empezó todo este enredo.

Al día siguiente, el primero de marzo de 2016, el profesor Calderón remitió la tesis titulada “Los OCAD’S y su contradicción con las teorías de elección racional” al correo de la maestría. Según los registros del Externado, el 7 de abril de 2016 se llevó a cabo la sustentación de esa investigación.

El lío es que el acta de esa sustentación está llena de irregularidades. Para empezar, fue llenada a mano por Manuel Calderón en su doble condición de coordinador de la maestría y director de la tesis. Incluso en el recuadro de observaciones y preguntas, Calderón hizo un resumen de la supuesta exposición de las estudiantes cuyo resultado final fue una X en la casilla de aprobado.

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Lo más delicado del acta es que en la casilla de jurados evaluadores aparecen los nombres, también escritos a mano, de los profesores John Marulanda y Carlos Augusto Giraldo, quienes jamás estuvieron en esa sustentación.

Pero eso solo vendría a saberse cinco años y medio después cuando estalló el escándalo. El Externado lo dice con todas sus letras en la demanda que busca la nulidad de los títulos de Jennifer Arias y Leydy Largo: “Existe una falsedad en el acta de sustentación del 7 de abril de 2016, al hacer constar el examen y aprobación de la tesis por parte de dos jurados que no suscriben el documento y desconocen hoy haber adelantado tales actividades”.

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A pesar de esto, el viernes 15 de abril de 2016, Manuel Calderón envió a la dirección administrativa del Externado el listado de 39 estudiantes de la maestría que habían aprobado sus tesis con el fin de que les expidieran sus paz y salvos académicos y se procediera con su ceremonia de graduación. Allí estaban, por supuesto, Jennifer Arias y Leydy Lucía Largo. En julio de 2021, sin embargo, todo empezó a saberse.

¿Cómo salió a la luz el supuesto plagio de la tesis de Jennifer Arias?


El portal Plagio SOS, especializado en hacer denuncias sobre violaciones a los derechos de autor en tesis académicas, comenzó a destapar las primeras irregularidades en este caso. Aunque no pudieron evaluar la tesis de Jennifer Arias, pues ésta jamás fue subida en línea ni enviada al repositorio de la universidad, encontraron en internet una presentación de las estudiantes de la sustentación. Varias denuncias llegaron al portal y por eso se interesaron en el caso.

“Entre dos personas en media mañana encontramos que ocho párrafos de tres documentos en las primeras 11 páginas de ese trabajo se encontraban con copias sin cita”, le dijo a Noticias Caracol Mateo, uno de los miembros de este portal anónimo que prefiere no revelar su identidad.

Según él, de inmediato hicieron las denuncias en redes sociales y exigieron explicaciones a la congresista y a la universidad. La respuesta de Jennifer Arias, según el vocero del portal, fue bloquearlos en Twitter. El caso no pasó del ruido virtual hasta que el diario El Espectador retomó esas denuncias en octubre pasado.

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Fue entonces y solo entonces, con el escándalo creciendo como espuma, que la Universidad Externado empezó a rastrear en serio lo ocurrido.

“El caso del trabajo de Jennifer Arias en la Universidad Externado pone de presente que realmente en la institucionalidad y el ejercicio editorial se carece de la aplicación, del rigor que exige cualquier investigación y cualquier publicación. La egresada, sin ningún tipo de sonrojo, mantiene no solamente el título sino el puesto que ha obtenido por medio de esa práctica”, dice Mateo.

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Tras desempolvar los registros de graduación de Jennifer Arias y su compañera, el Externado documentó que la aprobación de su tesis fue irregular. Los documentos en poder de la Unidad Investigativa así lo demuestran: jamás se designaron jurados para evaluarlas, no se encontró un concepto previo de jurados, requisito indispensable para que pudieran presentar la sustentación del trabajo, y, para rematar, el acta de sustentación del 7 de abril de 2016 es mentirosa porque incluyó los nombres de unos jurados que no estuvieron ese día.

La universidad contactó a los profesores suplantados en esa acta y les preguntó si tenían noticia de la tesis de Jennifer Arias. John Marulanda respondió tajante: “De Jennifer tengo son dos invitaciones de LinkedIn y de Leydy entregas de trabajo en 2012. No encontré invitación a ser jurado. No encontré envío de material. No encontré citación para el día correspondiente de sustentación. La verdad es muy difícil que haya sido jurado y no tenga al menos un correo de algo. Me preocupa que esté mi firma en la sustentación y, además, no recuerdo esa sustentación”.

Su colega, el profesor Carlos Augusto Giraldo, contestó en esa misma línea: “Desde el mismo día que hablamos busqué en mis archivos y no encuentro nada. Por demás, el tema no se me hace cercano: los asuntos de financiación a través de las OCAD no han sido mi tema. Y menos aún con ese título”.

El Externado siguió escarbando y encontró que, según los registros contables de la universidad, los profesores Marulanda y Giraldo no recibieron honorarios como jurados de dicha tesis, tal como estipula el protocolo académico. En cambio, sí recibió su pago como director de la tesis Manuel Calderón, a quien se le canceló un millón y medio de pesos.

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Con semejantes hallazgos, cada uno más grave que el anterior, solo quedaba por demostrar el plagio.

El puntillazo llegó el 14 de diciembre de 2021. En un documento de 135 páginas, con sus anexos, Juan Carlos Monroy, experto en propiedad intelectual y derechos de autor, determinó seis casos puntuales de plagio. El exhaustivo reporte comparado mostró en color rojo las copias textuales y en verde los párrafos parafraseados. Es decir, donde se intentó disimular un poco la trampa.

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La conclusión del perito Monroy fue contundente: “Se evidencia una copia o reproducción realizada literalmente o mediante paráfrasis de apartes o fragmentos de creación arbitraria u original de sus respectivos autores”.

Para estar segura de su veredicto, la universidad le pidió a la firma experta Adalid que le certificara si el correo enviado por Jennifer Arias el 29 de febrero de 2016, que tenía la tesis originalmente presentada, había sido alterado o modificado. Adalid confirmó que la tesis analizada fue la misma enviada por Arias hace casi seis años.

Con estas pruebas inobjetables, el Externado emprendió acciones legales contra sus egresadas ante el Consejo de Estado y la Corte Suprema de Justicia.

¿Cuál es la versión del director de la tesis de Jennifer Arias sobre un presunto plagio?


Noticias Caracol buscó a todos los implicados en este caso, pero nadie quiso hablar, salvo una persona: Manuel Calderón Ramírez, ni más ni menos que el director de la tesis de Jennifer Arias.

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Según dice, pone la cara porque el plagio es atribuible a los estudiantes y no a sus tutores. Aunque admite una cadena de errores en este caso, asegura que jamás actuó de mala fe y por eso le pide a la justicia que se pronuncie pronto.

“¿Cómo se siente como director de una tesis de maestría que resultó plagiada?”, se le pregunta. “Me siento devastado y me siento profundamente consternado y ha sido una confrontación conmigo mismo”, contesta.

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Calderón cuenta que en su momento aprobó esa tesis porque el tema le pareció novedoso y porque fue testigo de la evolución del trabajo de las estudiantes, así como de la construcción metodológica.

“Cuando yo leo el documento me parece que desde el punto de vista de la lectura que yo le puedo hacer, y al ojo humano, es un documento que cumple con unas características y tuvo una estructura de citación”.

Enseguida relata que nunca se percató de ningún plagio y que puede dar fe de que hubo sustentación de la tesis. Incluso acepta que elaboró el acta del 7 de abril de 2016 que para la universidad es falsa. Aunque, dice, dicho documento era un borrador.

“Ese documento que está en la coordinación desde hace 6 años es un documento que finalmente yo construí con una postulación de unos jurados y de unos lectores. Pero es un borrador y es un documento que está escrito a mano”, agrega.

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Cuando le pregunto por qué aparecen en esa acta los nombres de dos jurados que nunca estuvieron allí, Calderón señala que no se acuerda de muchos detalles de esa sustentación. Eso sí, insiste en su buena fe.

“Como fue un episodio del 2016 yo no tengo los documentos adicionales que prueban quién asumió esa lectura y esa verificación, y solo hay un documento que es un acta que está escrita a mano, que es mi letra y que está firmada por mí. Yo reconozco un error humano de mi parte, un error que ha tenido un enorme costo personal y que probablemente tendré que cargar toda la vida”, asegura.

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De acuerdo con él, jamás intentó favorecer a las entonces estudiantes, aunque es consciente de que los hechos parecen decir otra cosa.

En ese sentido cuenta que su peor error ha sido no tener la trazabilidad completa de este proceso de tesis ya que en esa época tenía mucha carga administrativa. “Un error humano y un error procedimental que, por supuesto, genera suspicacias y muchas dificultades para mí y para mi posible prestigio”.

En resumen, es prácticamente su palabra contra los hechos.

“Pero quién le puede creer que usted, siendo el director de la tesis, diga: ‘sí, esas señoras efectivamente sustentaron, pero no, es que yo puse los nombres de unos jurados que tentativamente querían estar, pero finalmente no estuvieron. ¿Quién le puede creer este tipo de cosas cuando usted es finalmente el que da el chulo final para que las señoras puedan graduarse?”, se le pregunta a Calderón.

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“Es una pregunta legítima y válida y me pueden creer las personas que me conocen y que saben que este es un episodio aislado en mi vida y que no tiene parte sistemática de lo que soy como persona. Y si hubiese actuado mal, con dolo y premeditación, probablemente yo sería el primero en admitirlo”, me responde.

Para Calderón, el rol de los tutores no es ser detectores de plagios, lo cual no los exime de su obligación de tratar de evitarlos. Según dice, no es nadie para juzgar a sus exestudiantes, aunque el daño a su reputación haya sido hecho.

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“Lo noto mortificado y avergonzado por todo lo que está pasando. ¿Cómo cree que lo puede estar juzgando la comunidad académica ahora mismo?”, se le interroga. “Bastante fuerte. De hecho, para mí ha sido terrible. Es una situación bastante complicada porque, precisamente, es lo único que tengo, el posible prestigio académico. Y lo perdí, lo perdí por completo. Cerré espacios que me había costado mucho trabajo lograr. Muy seguramente hay personas que me están juzgando muy fuerte y eso ha sido terrible. Es una mortificación diaria desde que pasó esto. Perdón”.

Esta es su verdad, aunque cueste creerle.

¿Cuál es la versión de Jennifer Arias frente a los hallazgos de Noticias Caracol?


La Unidad Investigativa consultó a la representante Jennifer Arias, pero se negó a dar declaraciones aduciendo que los procesos en su contra son reservados.

Sin embargo, su abogado Julio Alexander Mora envió un comunicado en el que sostiene que si hubo faltas fueron faltas de la universidad. “Se debe dejar en claro que las presuntas irregularidades del procedimiento para optar por el título de grado son del resorte directo de los órganos administrativos de la universidad”, indicó.

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Y añadió: “Si bien la demandante (el Externado) soportó sus afirmaciones con un concepto jurídico elaborado años después en el que se concluyó la existencia de un supuesto plagio, es de la mayor importancia destacar que el documento que se tuvo como base para el análisis se trata de un simple borrador del escrito final que fue objeto de varias modificaciones posteriores. Así, la versión definitiva de la tesis no corresponde con el documento respecto del cual se hizo el análisis”.

En efecto, el 5 y 8 de noviembre pasados, Jennifer Arias y Leydy Lucía Largo, radicaron en la universidad dos copias de un documento impreso que, según ellas, es la versión definitiva de su tesis de grado. Una versión que llegó casi seis años después de entregar la tesis original, cuando llevaban más de un lustro como egresadas y en medio del peor escándalo político.

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Mateo, el investigador del portal Plagio SOS, concluye sobre este proceso lo siguiente: “La ausencia de formación, la ausencia de aplicación de controles de calidad y el ocultamiento o la no visibilización de los trabajos de grado de las tesis doctorales en las universidades, nos pone frente a un panorama muy sospechoso de baja calidad en la formación académica, de mediocridad académica, de mediocridad docente y de fraude académico recurrente y permanente”.

Más allá de lo que dictamine la justicia, el caso de Jennifer Arias obliga a la comunidad académica a replantear sus protocolos internos. Se trata de evitar de una buena vez que el plagio siga pasando de agache en las aulas colombianas.

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