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Zonas rojas de Colombia, azotadas por el conflicto armado, también sufren por el coronavirus

Estas comunidades permanecen preocupadas, bien sea porque no cuentan con sistema de salud eficiente o por falta de recursos para conseguir alimentos.

Los mismos municipios y territorios olvidados que hasta hace un mes fueron primera plana en las noticias por los enfrentamientos armados, los asesinatos de líderes sociales y los desplazamientos masivos campesinos causados por los grupos armados, hoy viven la amenaza de la pandemia del coronavirus.

Noticias Caracol buscó saber cómo están viviendo la cuarentena.

Por fortuna allí tienen a su lado a religiosos que cumplen la misión pastoral de acompañarlos.

Las calles de San Vicente del Caguán, en el Caquetá, se ven vacías y con un fuerte control de las autoridades, pero la difícil situación continua.

Pese a la presencia de autoridades, el Padre Ricardo Tovar, párroco del municipio, señaló que “desde hace ocho días que volvieron los campesinos a sus veredas, han ocurrido siete asesinatos”.

En tiempo de cuarentena el problema de la quema forestal en los parques naturales La Macarena, Picachos y Tinigua no ha parado.

Por su parte, el hermano Marcial Gamboa es misionero claretiano y se encuentra en Riosucio, Chocó, donde están las comunidades más pobres del país. “Estos pueblos no están preparados para una emergencia, el puesto de salud no tiene capacidad”.

Cuenta el hermano marcial que su gente está preocupada por la llegada de un virus, incluso grabó los testimonios de su comunidad.

Son 5.000 indígenas, entre los más vulnerables están las mujeres y niños que quedarán confinados en esta parte de Choco, ya no por los actores armados, sino por un decreto que los alarma.

“Estoy escuchando que se va a ver cierre de vías, que no va a haber alimentación y cómo indígenas estamos preocupados porque salimos al pueblo y compramos algo para las comunidades. Pandemia y hambre van a matar a los niños porque lo más importante son los niños”, afirmó Luis Fernando Bailarín, quien pertenece a esa comunidad.

En los pueblos del Bajo Cauca Antioqueño, donde hasta hace un mes se vivieron desplazamientos campesinos y fuertes enfrentamientos entre los grupos armados, viven una tensa calma por cuenta de la cuarentena del coronavirus.

Por estos días circula un panfleto del frente 18 de las FARC-EP donde se avisa a las poblaciones de Ituango, Bajo Cauca y sur de Córdoba que “hagan caso a lo que las autoridades sanitarias y fuerza pública han dado a conocer sobre la pandemia COVID – 19, que no es un juego o recocha”, de lo contrario, serán sancionados. Una vieja sentencia que hace recordar a los pobladores las normas guerrilleras de los viejos tiempos.

Este virus importado y letal se ha convirtiendo en el antídoto contra los grupos violentos, que bajo el accionar de sus armas pusieron por siglos los muertos.

 

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