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Hombre que vive hace 20 años en una cueva se vacunó contra el COVID y pide a todos hacer lo mismo

Sabe bien lo que es el distanciamiento social por su estilo de vida ermitaño, pero considera que el virus "no escoge, vendrá aquí también, a mi caverna".

ermitaño que vive en una cueva se vacunó contra el covid
Panta Petrovic es un ermitaño que vive hace 20 años en una cueva, aislado de todos y se vacunó contra el COVID-19
OLIVER BUNIC/AFP

Panta Petrovic vive hace 20 años en una cueva en Serbia para evitar el contacto con la sociedad. Sin embargo, en 2020, en una de sus visitas al pueblo, se enteró de que había una pandemia y cuando aparecieron las vacunas contra el COVID-19 decidió inocularse y ahora urge a todos a hacer lo mismo.

El virus "no escoge, vendrá aquí también, a mi caverna", dijo el hombre de 70 años en la montaña boscosa de Stara Planina, en el sur de Serbia.

La cueva donde vive Petrovic solo puede ser alcanzada tras una subida empinada y no es para corazones débiles.

Está equipada con una bañera herrumbrada que él utiliza como inodoro, algunas bancas y una paca de heno que le sirve de cama.

ermitaño serbio despertando en su cueva
Este ermitaño serbio duerme sobre una paca de heno
OLIVER BUNIC/AFP

Petrovic proviene del poblado vecino de Pirot, donde trabajó como peón en el mercado negro, como lo hizo en el exterior durante algún tiempo. Se casó varias veces, en un estilo de vida que considera "frenético".

Este amante de la naturaleza gradualmente descubrió que aislarse de la sociedad le brindaba una libertad que no conocía antes.

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"Yo no era libre en la ciudad. Siempre hay alguien en tu camino, se discute con la esposa, los vecinos o la Policía", declaró Petrovic mientras pelaba unos vegetales para su almuerzo.

"Aquí nadie me molesta", agregó con una sonrisa que reveló los dientes descuidados de este hombre que vive hace 20 años en una cueva.

ermitaño en su cueva
Así vive Panta Petrovic, que vive hace 20 años en una cueva
OLIVER BUNIC/AFP

Dinero maldito

Petrovic suele alimentarse de hongos y pescado que saca de una quebrada cercana, pero también baja a la ciudad en busca de sobras en los basureros.

Sus visitas a la ciudad se han vuelto más frecuentes últimamente.

Después de que los lobos mataron a algunos de los animales que tenía cerca de la caverna, Petrovic decidió trasladarlos a una choza que levantó en las afueras del pueblo donde cree que estarán a salvo.

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Este hombre que vive hace 20 años en una cueva tenía varias cabras, gallinas, unos 30 perros y gatos y su favorita, una jabalí adulta llamada Mara.

Cuando Petrovic la encontró hace ocho años era una cerdita atrapada en los arbustos y la cuidó hasta que se recuperó.

Ahora, la intimidante criatura de 200 kilos juega en la quebrada y come manzanas de la mano de Petrovic.

ermitaño serbio con su jabalí
Panta Petrovic junto a su querida mascota Mara, una jabalí de 200 kilos
OLIVER BUNIC/AFP

"Ella es todo para mí, la amo y ella me escucha. No hay dinero que pueda comprar algo así, una verdadera mascota", comentó.

También tiene tres gatitos cuya madre fue matada por un lobo, y ahora los alimenta con una jeringa.

ermitaño alimentando a gatitos
Estos son los gaticos que Panta Petrovic protege, luego de que perdieran a su mamá
OLIVER BUNIC/AFP

Petrovic, que vive hace 20 años en una cueva, recibe asistencia social, pero también depende de donaciones de alimentos y suministros para los animales.

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Cuando las vacunas estaban disponibles, se arremangó y se la puso.

Petrovic dijo no entender las quejas que hacen algunos escépticos y asegura creer en un proceso que busca erradicar las enfermedades.

"Quiero recibir las tres dosis, incluida la adicional, llamo a todos los ciudadanos a vacunarse, cada uno de ellos", expresó.

Antes de aislarse, Petrovic donó todo el dinero que tenía a la comunidad, al financiar la construcción de tres pequeños puentes en el pueblo.

"El dinero es una maldición, echa a perder a las personas. Creo que nada corrompe a la gente como el dinero", opinó Petrovic.

Sobre uno de los puentes, Petrovic construyó un palomar al que él, pese a su avanzada edad, escala para dejar migas de pan que recoge al rebuscar en los basureros.

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