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Aumenta a más de 670 la cifra de muertos por ciclón Idai en Mozambique y Zimbabue

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Su paso por África austral dejó cuentos de daños materiales y familias enteras sin un techo donde dormir.

El ciclón Idai, que arrasó la semana pasada Mozambique y luego Zimbabue, dejó en estos países vecinos 676 muertos y afectó a cientos de miles de personas, que han perdido sus casas o sus cosechas.

El feroz ciclón impactó en la costa del centro de Mozambique el viernes de la semana pasada, desatando vientos huracanados y lluvias que inundaron el interior y anegaron el este de Zimbabue dejando un rastro de destrucción.

La ONU, que advirtió del sufrimiento en la zona, pidió más ayuda en Mozambique mientras las agencias de asistencia luchan por ayudar a decenas de miles de supervivientes.

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"Desastre sin precedentes"

El ministro de Medio Ambiente mozambiqueño Celso Correia estimó el sábado que la zona afectada por el desastre cubre una superficie de 3.000 km2 y dio un nuevo balance que subió de 293 muertos a más de 400.

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"Hasta ahora tenemos 417 muertos y 1.528 heridos", declaró Celso Correia a la prensa en Beira (centro), la segunda ciudad del país, que resultó en parte devastada por el ciclón Idai.

"Es un desastre natural sin precedentes. La zona afectada (en Mozambique) es de unos 3.000 km2", estimó Celso Correia.

Tras la limpieza de los grandes ejes y el rescate de personas aún bloqueadas en las zonas inundadas, "la próxima etapa es tener acceso al agua potable, porque lo que nos esperan son enfermedades", declaró el viernes a la AFP la directora de Unicef, Henrietta Fore, que viajó a Mozambique para analizar los estragos.

"El tiempo apremia, estamos en un momento crítico", advirtió desde la ciudad de Beira (centro), en parte devastada por el ciclón.

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Fore expresó su preocupación por "el agua estancada y la llegada de mosquitos" y habló de "cuerpos descompuestos y falta de higiene y de instalaciones sanitarias".

"En Beira ya se registraron casos de cólera y las infecciones de malaria se multiplican", subrayó la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja.

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"Las enfermedades respiratorias también amenazan con ser un problema sanitario. En el interior de las casas sigue lloviendo y para las personas sin hogar acogidas en escuelas o iglesias el confinamiento favorece la transmisión de estas enfermedades", advirtió por su parte Médicos Sin Fronteras (MSF).

Las agencias de la ONU y las oenegés se esfuerzan por socorrer a las personas desplazadas y hambrientas, pero el reparto de ayuda es caótico.

"La magnitud de la situación va mucho más allá de lo que puede hacer un país o un gobierno", explicó Gerry Bourke, portavoz del Programa Mundial de Alimentos (PAM).

Ayuda a largo plazo

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"Decenas de miles de familias lo perdieron todo. Hay niños que perdieron a sus padres y comunidades que perdieron escuelas y clínicas", comentó el secretario general de la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, Elhadj As Sy, quien sobrevoló las zonas inundadas.

"Debemos reaccionar rápidamente a gran escala y prepararnos para acompañar a la población afectada a largo plazo", destacó.

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El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, pidió el viernes a la comunidad internacional multiplicar las donaciones.

La ONU ya liberó 20 millones de dólares en un primer paquete de ayuda de emergencia. "Pero se necesita una ayuda internacional mucho mayor", señaló Guterres.

El 11 de abril está prevista una conferencia de donantes en Beira.

Regreso paulatino a la normalidad

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Escuelas, hoteles e iglesias se han transformado en centros de acogida tanto en Mozambique como en Zimbabue.

En Beira, ciudad de medio millón de habitantes, el principal hospital, cuyo techo fue parcialmente dañado, sólo puede funcionar al 40% de sus capacidades.

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Pero en las calles, la normalidad regresaba progresivamente y el viernes se formaban colas frente a los bancos, que reabrieron sus puertas.

Las operaciones de reconstrucción también se han iniciado lentamente. Algunos habitantes buscaban entre los escombros de un supermercado para recuperar planchas de metal con las que construir viviendas precarias.

Y los técnicos trabajaban para restablecer líneas telefónicas y la electricidad.

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