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Impactante relato de colombiano que captó con su lente el horror del 11 de septiembre

El camarógrafo Humberto Acosta y la reportera dominicana Sofía Lachapelle fueron los primeros en cubrir los atentados. Hoy recuerdan cómo fue estar al borde de la muerte.

Humberto Acosta

Humberto Acosta, camarógrafo colombiano radicado en Estados Unidos, logró imágenes de alto impacto de aquel 11 de septiembre de 2001 que cambiaron su vida para siempre. Él y su compañera la periodista Sofía Lachapelle cuentan su historia en los atentados.

Ese martes 11 de septiembre su trabajo rutinario se cumplía desde el amanecer. Estaban en un pequeño descanso esperando el llamado de la mesa de asignaciones del noticiero, cuenta Humberto.

“Eran poco antes de las 8 de la mañana cuando pega el primer avión, no recuerdo bien la hora. Cuando recibí la llamada, que se tiene que ir al World Trade Center que una avioneta se estrelló”.

Sofía Lachapelle, periodista dominicana novata en el oficio de la cadena Univisión 41, y sus compañeros, tenía una tarea que repentinamente le fue cambiada con ese llamado.

“Me tocaba ir a cubrir a Rudy Giuliani quien en ese momento era alcalde de Nueva York, pero estaba relanzándose para un segundo término. Y esa era la misión, íbamos rumbo a la oficina del exalcalde Rudy Giuliani”.

Pasadas dos décadas Sofia reflexiona sobre su actividad ese día:

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Los periodistas salimos a la calle, sabemos que cada día que estamos en la calle tenemos un peligro muy grande. Porque se ve muy bonito ahí en las cámaras, pero nosotros que estamos afuera sabemos que cada día nos jugamos la vida
¡Jamás! ¡jamás ¡nadie sale a la calle para morirse!”.

El equipo periodístico se dirigía hacia el World Trade, lugar de los hechos en el bajo de Manhattan, cuando hicieron el primer avistamiento de la Zona Cero . Humberto iba conduciendo el camión:

“Íbamos ya como a dos millas de llegar, vimos la humarada que salía y ¡claro! nos hicimos a la idea, claro, una avioneta que perdió el control”.

Sofía estaba confiada pues sabía que fuera lo que fuera estaba en compañía de un camarógrafo curtido en el oficio: “Algo que le extraño a Humberto, y te digo algo muy importante, que Humberto viniese de un país como Colombia y sabíamos que venía de trabajar como en la zona de conflicto, de guerra. Teníamos claro que no era como el diario de cubrir un edificio quemándose, o un tiroteo, era la experiencia que él tenía porque yo era una novata”.

Pasados 20 años Humberto lo reconoce: “Uno se vuelve un perro sabueso, por decirlo así de una manera vulgar, un perro sabueso que olfatea dónde está la noticia y qué puede suceder“.

Quedó grabado: todo estalló frente a nosotros

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Y sucedió frente a sus ojos cuando iba conduciendo y acercándose: “Alcanzamos a ver el segundo avión y fue cuando nosotros dijimos, un momentico esto no es accidente, esto es otra cosa, ¡esto es terrorismo!“.

La cámara de Humberto empezó a captar cada segundo y no volvería a apagarse. El grupo decide separarse, Orestes (otro compañero) se queda a pocos metros en la móvil, buscando la señal de antena. Periodista y camarógrafo avanzaban en sentido contrario a la multitud que buscaba alejarse de la zona. Fue cuando Humberto le dio la orden a la periodista de abandonar el carro, que no lograba abrirse paso, y empezar a correr.

“Él me dijo: 'dejamos el carro tirado y tenemos que llegar corriendo'. Cuando yo salí del carro de noticias yo no llevaba mi bolso, yo no llevaba zapatos, yo no llevaba cartera; y llevaba siempre colgado mi carnet. Él llevaba la mochila, cámara, micrófono, todo lo que se lleva básico para ir corriendo a un lugar”.

Las imágenes de lo irracional

En el video se ve la cámara de Humberto avanzar sin perder su objetivo, las Torres Gemelas que se convirtieron en una chimenea gigante entre bocanadas de humo y llamas. Fue cuando Sofía recibió la segunda orden de su camarógrafo.

“Yo recuerdo que él me dijo no mires para abajo y luego entendí porque, ¿recuerdan las imágenes de la gente que se estaba lanzando? Nosotros lo teníamos de frente, la gente te caía por el lado, pero yo miré para abajo y obvio está demás decir lo que vi”.

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Quebrado por el recuerdo de las imágenes que captó, Humberto toma aire y señala:

“En ese momento yo hubiese querido tener una malla gigante para aguantarlos a ellos. Pero sé que tenían que decidir... o se quemaban o saltaban a la muerte, y la mayoría decidieron saltar”.

Las imágenes fuertes que Humberto dejará guardadas éticamente, pero que se clavaron en las pupilas de estos dos sobrevivientes. Fue una de las experiencias más fuertes para la reportera.

La mente humana jamás va a saber la magnitud de lo que estaba pasando. Si lo que veían por televisión era dantesco, gigantesco, tenerlo en tu nariz todavía era más fuera de proporción”.

Pero no había tiempo para perder en ese crucial momento. Sofía es reconocida por sus colegas actualmente como una mujer de temperamento fuerte y decidido. Así fue como habló con su camarógrafo y en medio de la tragedia se pone en posición de ir en directo, prueba el sonido del micrófono, hace conteo y se van al aire.

“Agarro mi micrófono, en esa época existía el micrófono conectado a una cámara, pero la cámara estaba conectada a un cable al camión que saca la imagen. Yo recuerdo que empecé a hacer lo que yo hacía”.

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Segundo estallido y segunda salvación

Así se ve en el video que hoy se recupera para aportarle memoria al mundo entero de lo que allí se vivió.

“¿Qué paso?… Nunca tú vas a ver a tu camarógrafo correr y dejarte ahí o huir de una escena. Yo recuerdo que como pudo Humberto arrancó su cámara del trípode y ahí empieza a decirme ¡Sofía corre, corre!”.

El recuerdo de Humberto la complementa: “Cuando Sofía va a ser su vivo y esa torre se viene abajo, yo veo como un volcán que viene moliendo vidrio, piedras, muertos porque eso fueron 3 mil y pico de personas que murieron ahí y eso venia hacia nosotros”.

Sofia complementa su recuerdo: “Impresionante lo que es tener un camarógrafo que entienda que el lente de la cámara son los ojos del mundo, porque en vez de correr a lo loco, él corría al revés, iba corriendo y voltea su cámara para que la gente siguiera viendo con la conciencia de que estamos en vivo”.

Una forma de grabación usada por los reporteros y camarógrafos en cubrimiento de guerra, empleado por el colombiano ese día.

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“Sofía estaba de espaldas, Sofía desconocía lo que venía para donde ella, al lado le pasaban policías, bomberos, se ve el video donde todos comienzan a huir y yo no me paro de grabar porque estoy conectada al camión y estamos transmitiendo en vivo. Pero cuando a Sofía le gritan que se tiene que ir, entonces ella decide correr y grita ¡graba, graba!”.

Es un momento que como sobrevivientes en equipo más recuerdan.

“Yo dije como cuatro veces, ¡graba, graba!, como que no pierdas esta historia. A nooo, espérate si él está corriendo, escapando es por algo. Yo debería correr también. Fueron segundos, pero en vez de correr y avanzar yo me agacho a recoger mi micrófono, porque no puedo dejar mis cosas tiradas, el entrenamiento es como militar, tú mueres, pero con el fusil encima”, dice la reportera.

Sofía y su equipo eran adrenalina pura, no había tiempo para temer por perder la vida.

Yo vine a temer por mi vida después, porque la adrenalina y ese entrenamiento que tenemos todos los periodistas de la calle es vamos a hacer esto y después pensamos en nosotros”.

Casi que por instinto Sofía buscó la unidad móvil para refugiarse.

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“Llegué hasta donde estaba el camión, cuando yo ya me acerco a esconderme en el camión, recuerdo la cara de Orestes que estaba adentro y me llego a decir: metete aquí, o sea él me extendió sus brazos para protegerme”.

Es cuando Humberto llega hasta ellos gritando que se desconecten, pero contrario a lo dicho, él sigue grabando.

La cámara capta el momento en que son alcanzados por la nube de polvo: “Ella estaba desesperada, yo intento entrar al camión con ella, pero no me dio chance. Ese humo era tan intenso y por más que respirabas era como si cogieras el cemento puro y te lo metieran en la nariz, así era que se sentía, era una cortina negra que no se veía, como si hubieras perdido la vista”.

Sofía y Orestes, que se creían protegidos dentro del vehículo, fueron alcanzados por la nube.

“Era como el monstruo que se te venía encima, recuerdo cuando uno era niño y te decían ahí viene el monstruo a comerte. Todo se fue a negro y todo se va a negro porque el cable se parte y todo el mundo que estaba viendo se fue a negro”.

Fue cuando el día se convirtió en noche sobre el corazón de Nueva York. Humberto corrió para salvarse, fue cuando sintió que solo él había escapado del desastre.

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Me volví loco, yo no los iba a dejar encerrados allá, yo tenía que si llegamos los tres nos vamos los tres con vida”.

Aunque los cables que lo unían a la móvil estaban quebrados, Humberto seguía grabando todo.

“Algo me decía que yo tenía que dejar algo porque sentí la muerte cerca y hubo un momento en que yo volteo la cámara para que en la estación me vean que yo estoy todavía vivo y les digo no sé dónde está Sofía”.

Desorientado pide ayuda a los policías que encontró a su paso.

“Luché con unos policías, me dijeron malas palabras. Ellos querían que saliéramos del área y yo no, hasta que no los saquemos a ellos yo no iba a salir, y al poco rato los policías me hicieron caso”.

Entraron a la zona con máscaras de salvamento llevando tanques de oxigeno para sus compañeros, los auxiliaron cuando ya estaban perdiendo la respiración. Sofía dice que tomar esas bocanadas de aire fue como volver a nacer, gracias a la acción de Humberto.

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“Por eso yo digo que fue un acto de compañerismo y valentía porque cuando pudo escapar él se quedó. Él corrió hasta donde se sentía a salvo, pero no se olvidó que atrás quedamos nosotros atrapados”.

Humberto lo sabe, sabe que salvó a sus compañeros.

“A partir de ahí Sofia dice que yo soy su ángel, yo creo que yo estaba en el momento adecuado para poder ayudarlos a ellos”.

Los une un lazo familiar de supervivencia, aunque hoy Orestes no esté con ellos, pues falleció hace dos años. Son esos fragmentos que por el alto poder de sentimiento no se borran de la mente de Sofía y sus ojos se inundan de lágrimas para expresarlo:

“Y ahí nos topamos con Humberto. O sea, nosotros nos abrazábamos y parecíamos niños, uno está vivo, uno está vivo y estás viendo a una persona que pensaste que no volverías a ver. Nosotros nos abrazamos los tres y es esa alegría de ¡coño! ¡estás vivo!”.

Salvarnos fue volver a nacer

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Esta vez Sofía, Orestes y Humberto se habían salvado. Humberto le pide a Sofia que reanuden la grabación. El video recuperado deja ver a la reportera ya sin chaqueta, cubierta de polvo, reanudando una trasmisión que aparenta ser en directo y que es conocida como falso vivo:
“Estábamos grabando para que algún día alguien nos viera”.

Habían perdido toda la conexión con el mundo exterior. Sofía tomó impulso para seguir transmitiendo sin presentir lo que estaba por pasarles cuando cayó la segunda torre.

“Aquella cosa explota en la cara de nosotros, la primera me explotó en la espalda, pero esta me explotó de frente. Ahí se perdió el sentido de la orientación porque las calles no existían”.

Como una tromba la nube gigante de humo envolvió toda la Zona Cero obligándolos nuevamente a buscar refugio. En ese fragmento de video rescatado se escucha a la periodista llorando y gritando, como si presintiera que esta vez no tendían escapatoria.

Logran entrar a un subterráneo que conduce a un parqueadero, pensaron que ese sería su nuevo refugio, pero las puertas se cerraron al tiempo que ingreso el humo, estaban atrapados y sin salida, así lo describe la periodista.

“Uno de los oficiales de policía decía, nos vamos a morir sofocados, porque cuando las puertas cerraron el humo venía hacia nosotros, se metía por las rendijas”.

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Nuevamente el recuerdo de las palabras dichas por su camarógrafo ahoga a la periodista.

“Humberto dijo, si nos vamos a morir aquí yo estoy seguro de que esta cámara la van a encontrar”.

Con la ayuda de un residente del edificio, en la oscuridad y la dificultad par respirar, encontraron una pequeña puerta que conducía a unas escaleras auxiliares de evacuación.

La gran lección: nos cambió la forma de ver la vida

Cuando lograron salir a la superficie reconocieron el tamaño de la destrucción y la tragedia. Y como efecto búmeran, sintieron miedo a perder la vida.

“Sofia sufrió más que yo, mal, muy mal. Yo pensé que Sofía no iba a salir de esto, pensé que iba a caer en psiquiatría, por la forma en que ella no entendía por qué había vivido todo esto”.

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Fue cuando Sofía se derrumbó íntimamente, se le acabó la fuerza.

“Yo entraba al apartamento y pensaba que se estaba cayendo, pasé por psicólogos, por psiquiatras, me dieron una licencia médica”.

Sofía fue diagnosticada con ataques de pánico y síntoma de estrés postraumático. Decidió renunciar, irse a su país natal para no volver a ejercer la reportería.

“Solo tú conoces lo que te está pasado en tu cabeza. Y, estando en paz y tranquilidad, yo hice un acto de reflexión, yo no quería el dinero y la fama esa, porque yo quería estar bien conmigo misma, porque yo quería seguir viviendo”.

Como sobreviviente del 11 de septiembre, Humberto guarda un teléfono rojo.

“En los pasillos estaban colgados estos teléfonos para emergencias”.

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El caso de la periodista Sofía está expuesto en museo de las víctimas en Nueva York, está su chaqueta, su carné de periodista y el cubo de su micrófono.

Sofía pidió dejar un mensaje a las nuevas generaciones de periodistas

“Que nunca se crean ellos la noticia, tú no eres la notica, ese es el gran error ahora en el mundo de las redes que todos pretenden informar, tú no eres la notica. Tú vas a respetar la noticia, la noticia es la noticia. Son los elementos que hay que ir a buscar, los humanos que debes entrevistar, tú eres lo menos importante, tú eres el vehículo, tu ropa y tu maquillaje es lo último”.

Humberto sigue trabajando en el mismo canal de televisión y ha cubierto detrás de su lente todos los eventos conmemorativos del 11-S, este año ha decidido no hacerlo.

“Es fuerte, es fuerte”, y continúa en medio del dolor y el llanto de sus recuerdos: “Saber que estoy vivo al lado de mi familia, el saber que pude salvar a mis compañeros y que todavía mi Diosito me tiene aquí y lloro por los miles de personas que perdieron la vida y muchos de ellos quedaron con sus hijos huérfanos. Creo mucho en Dios, creo en los ángeles que fueron los que me ayudaron ese día”.

Para esta fecha decidió desconectarse, estar al lado de su familia y disfrutar sus nietos, a los cuales dedica su legado visual que hoy en una fecha tan especial entrega a los colombianos.

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