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10:28 am - 21 de Abril de 2015

Papa Francisco acepta renuncia de obispo de EE. UU. que no reportó abusos

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EFE / AP

El obispo estadounidense Robert Finn se declaró culpable de no informar sobre un sacerdote que supuestamente abusó de menores, respondiendo a las peticiones de víctimas para actuar contra los prelados que encubren a sacerdotes pedófilos.

El Vaticano informó que Finn presentó su renuncia en virtud de un código de la ley canónica que permite dejar el cargo por enfermedad o por un motivo "serio" que les haga inadecuados para el puesto.

La Santa Sede no dio la razón de la renuncia de Finn, quien con 62 años todavía le faltaban algunos para retirarse a la edad promedio de 75.

Finn, que lidera la diócesis de Kansas City-St. Joseph en Missouri, esperó seis meses antes de informar a la policía sobre el reverendo Shawn Ratigan, cuya computadora contenía cientos de fotos lascivas de niñas tomadas dentro y alrededor de iglesias en las que trabajó. Ratigan fue condenado a 50 años de cárcel tras declararse culpable de cargos de pornografía infantil.

Finn se declaró culpable de un cargo menor de no denunciar un supuesto abuso y fue condenado a dos años de libertad condicional en 2012. Pero desde entonces había enfrentado la presión de católicos locales para que renunciara, mientras algunos creyentes pedían a Francisco que lo retirara de la diócesis.

Hasta ahora ningún obispo había sido retirado de su cargo por encubrir a sacerdotes culpables. Y técnicamente hablando, Finn no fue retirado, sino que él renunció, de la misma forma como el cardenal de Boston, Bernard Law, ofreció dejar el cargo en 2002 después de que un escándalo de sacerdotes pedófilos explotara en su arquidiócesis.

Law no fue sentenciado de crimen alguno, como Finn, y el hecho de que el Vaticano no le hubiera sancionado o depuesto había alimentado las quejas de las víctimas sobre que los obispos seguían estando protegidos, incluso tras la promesa de "tolerancia cero" de Francisco.

Anne Barrett Doyle, codirectora de BishopAccountability.org un sitio en internet que denuncia abusos de sacerdotes, dijo en un comunicado que la renuncia de Finn es bienvenida pero pidió al papa pronunciarse públicamente sobre el hecho de que el obispo fue retirado del cargo por actuar erróneamente en el caso Ratigan y por no proteger a los niños.

Agregó que a otros obispos se les ha permitido renunciar con los dos papas anteriores, pero el Vaticano nunca ha vinculado públicamente estas acciones con los casos de abuso. Finn, quien se disculpó por las acciones de Ratigan y adoptó medidas para hacer la diócesis más segura para los niños, sigue siendo el cargo eclesiástico de mayor rango condenado en Estados Unidos por no tomar medidas ante acusaciones de abusos.

Incluso el principal asesor de Francisco en la gestión de casos de abusos sexuales, el cardenal Sean O'Malley, había dicho públicamente que el pontífice debía abordar el caso de Finn "con urgencia". El Vaticano envió un arzobispo canadiense a la diócesis de Finn el pasado otoño, dentro de una investigación sobre su liderazgo.

Pero hasta el martes no se había apuntado sobre qué medida podría adoptar el pontífice.

Otro obispo en medio de la controversia y el rechazo

El polémico Osorno Juan Barros, a un mes de ser nombrado por el papa a pesar de peticiones en contrario, cosecha una creciente indignación de parte de sus feligreses, a los que pareciera temer porque acude a misas y reuniones acompañado de policías con perros y escoltas privados.

El malestar del Movimiento de Laicos y Laicas de Osorno se tradujo en el incremento de las manifestaciones pacíficas para exigir la renuncia o remoción de Barros, de quien testigos afirman que presenció y no denunció los abusos sexuales de su mentor, el cura Fernando Karadima, el peor sacerdote pedófilo de la Iglesia Católica chilena.

Las últimas protestas fueron una marcha de paraguas negros en la que participaron unos 600 feligreses, profesores y apoderados de colegios católicos frente a la catedral de Osorno, el 10 de abril, y una protesta pacífica al día siguiente en la capital chilena, donde Barros participaba en un seminario, informó a The Associated Press Juan Carlos Claret, uno de los líderes del Movimiento.

"Ahora nosotros comenzamos a radicalizar nuestro movimiento. Lo vamos a transversalizar", advirtió a la AP Mario Vargas, 52 años, magister en educación, otro dirigente del grupo. El color negro se instaló entre los detractares del obispo, que antes de ser enviado a Osorno, 930 kilómetros al sur de Santiago, fue obispo castrense de las fuerzas armadas.

El inédito rechazo a Barros surgió de inmediato tras su nombramiento por Francisco el 10 de enero y cuya mayor expresión se observó en la ceremonia de asunción, el 21 de marzo, que tuvo lugar entre medio de una caótica ceremonia religiosa en la catedral de Osorno, donde los empujones y roces entre sus partidarios y detractores obligaron al obispo a acortar el rito y suspender la comunión.

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El feligrés Carlos Meza, 43 años, abogado, dijo que en Osorno "es evidente que la mayoría está en contra de su nombramiento...el descontento es genérico y a todo nivel". Añadió que tras su llegada, "se siente algo agrio que trasciende todo tipo de actividades, no solamente las misas, también las reuniones de catequesis y cualquiera actividad eclesial".

Barros, 58 años, ha realizado una media docena de misas y ha llegado a los templos con sus escotas policiales y con guardias privados que, según Vargas, no son de Osorno. La página en internet de la Iglesia Católica dice que el jueves santo Barros presidió una misa en la parroquia "San José".

Lo que no señala es que había unos 300 feligreses, los que empezaron a retirarse al verlo llegar custodiado, dijo Claret. "Es algo sorprendente, es algo que no tiene sentido y no tiene ninguna lógica porque a él nadie le ha hecho nada", opinó Meza sobre sus escoltas.

La indignación aumentó el 8 de abril cuando el obispo llegó custodiado a una reunión con líderes del Movimiento, a la que se había comprometido a acudir sin resguardo. Vargas precisó que había al menos un par de escoltas de civil, policías con perros y un autobús policial en la céntrica plaza de armas.

"Si teníamos una brecha grande en nuestro relación con el obispo de Osorno, ésta se agrandó demasiado. Es como la gota que rebalsó el vaso", afirmó Vargas.

En un video tomado por uno de los presentes se observa a una mujer encarar al obispo y preguntarle quién llamó a la policía, a lo que Barros, con rostro desencajado responde, "ellos vinieron..." y otra le gritó, "somos un movimiento laico pacífico, no nos puede violentar de esta manera".

Al concluir la reunión anual de obispos, el último viernes, Barros recordó que a fines de marzo El Vaticano emitió una declaración en la que dijo que "no se vio dificultad" para su nombramiento, y consultado sobre si pensó renunciar ante tantas peticiones en ese sentido, respondió que "yo soy un hijo de la Iglesia y como hijo de la Iglesia deseo cumplir, asumir lo que el santo padre vaya señalando".

Según él, ha habido "una evolución" en su relación con los feligreses.

"He visitado 10 comunidades religiosas, he conversado con sacerdotes, con seminaristas, con laicos", declaró. Sus detractores también están en Europa. Cuatro miembros de la comisión asesora papal sobre abusos sexuales transmitieron al papa, por intermedio de un obispo, su preocupación por el nombramiento de Barros, sumándose a quienes opinan que debería renunciar.

Barros estuvo desde los 13 años con Karadima, quien por décadas dañó a centenares de jóvenes con sus abusos sexuales, por lo que fue castigado en 2011 por el Vaticano a una "vida de oración y penitencia". Barros además defendió a su mentor en el juicio canónico y en el penal, y afirma que nunca vio sus abusos.

Dos víctimas entrevistadas por AP aseguraron que Barros presenciaba cuando Karadima abrazaba a los muchachos, les pasaba las manos por sus genitales, sobre el pantalón, y los besaba cerca de la boca.

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