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Temblando, pero intentando mostrar coraje ante sus hijos, ucraniana no sabe si su casa sigue en pie

Ella, su hermana y cuatro niños empezaron el éxodo luego de que una bomba cayera cerca de su hogar. Los hombres de su familia “siguen peleando” en el país, cuenta.

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Más de 3,2 millones de ucranianos han salido buscando refugio, sobre todo en Polonia, país con el que Ucrania comparte una frontera de 530 kilómetros y que actualmente tiene ocho pasos fronterizos por donde a diario cruzan, en su mayoría, miles de mujeres y niños. Algunos hasta con sus mascotas. Allí, voluntarios les brindan café, té, fruta, pizza, elementos de aseo, abrigo y hasta comida para sus animales.

Una de esas familias fracturadas es la de Ilena. Sus manos tiemblan, pero toma aire para recuperar algo de fuerza y narrar la odisea con sus hijos.

Es muy difícil para mí por mis niños, estoy muy preocupada por ellos, me preocupa mi casa porque muchos vecinos perdieron sus casas, yo no sé si mi casa sigue en pie, tuve que irme”, dice la ucraniana.

Vivía en una ciudad en medio de Dnipró y Jersón y guardaba la esperanza de que las cosas mejoraran, pero luego de tres semanas de guerra decidió irse “porque la bomba cayó muy cerca de mi casa, entendí que no me podía quedar ahí más; además, las ciudades alrededor también han sido fuertemente bombardeadas y la gente de mi ciudad empezó a irse también.”

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Sus familiares hombres “continúan en Ucrania, ellos siguen peleando”, señala.

Aún conserva la esperanza de poder “regresar a casa, a Ucrania, y creo que sí puede haber paz de nuevo”.

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Ilena estuvo poco tiempo en el campamento de refugiados y junto a su familia emprendió una nueva travesía hacia República Checa, donde le consiguieron un lugar para quedarse.

Anastasia es otra desplazada de Ucrania. Viaja sola y dice que “la guerra es la guerra, esto es una situación muy dura. En Sumy muchos edificios han sido bombardeados, hay tiroteos en las calles, estábamos viviendo sin luz, sin agua, sin comida por dos semanas”.

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