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Petro llama a la unidad nacional: “Queremos que sea una Colombia, no dos Colombias”

Prometió que en su gobierno “nunca habrá persecución política” y recalcó que la solución “no es matarlos los unos a los otros, sino amarnos los unos a los otros”. También envió un mensaje a los EE. UU. Este fue su discurso.

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Gustavo Petro fue elegido presidente de Colombia este domingo 19 de junio. Con un 99,99% de mesas informadas, el líder de izquierda logró 11.281.002 votos, contra 10.580.399 de su contrincante, Rodolfo Hernández.

En el Movistar Arena de Bogotá el mandatario electo se pronunció ante sus seguidores. Este fue su discurso:

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Estamos escribiendo es una historia nueva para Colombia, para Latinoamérica y para el mundo. Lo que viene es un cambio real, en ello comprometemos la existencia, la vida misma, no vamos a traicionar ese electorado que le ha gritado al país, a la historia, que a partir de hoy Colombia cambia, es otra. Implica un cambio real que nos conduce a algunos de los planteamientos que habíamos hecho en estas plazas públicas: la política del amor.

No es un cambio para vengarnos, para construir más odios, no es un cambio para profundizar el sectarismo en la sociedad. El cambio consiste en dejar el odio atrás, consiste en dejar los sectarismos atrás, las elecciones más o menos mostraron dos Colombias cercanas en términos de votos. Nosotros queremos que Colombia en medio de su diversidad sea una Colombia, no dos Colombias.

Para que sea una Colombia en esa enorme diversidad multicolor que somos, necesitamos del amor, entendida la política del amor como una política del entendimiento, del diálogo, de comprendernos los unos a los otros.

El cambio también significa la bienvenida a la esperanza, la posibilidad de abrir un futuro, el cambio es abrir las oportunidades para todos y todas las colombianas. La esperanza del cambio significa que esa esperanza pueda ser y llenar todos los rincones del territorio nacional. Llegó el gobierno de la esperanza.

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Tengo que agradecerles, primero a ustedes, las miles y miles de personas que, a lo largo del país durante días, meses, bajo el sol, bajo la lluvia, fueron a seducir el voto, fueron a dialogar para convencer a otros.

Ahora son ustedes la fuerza del cambio, la fuerza del amor, la fuerza de la esperanza.

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Quiero agradecerle a mi mamá, que exiliada se tuvo que ir. A mi padre que cogió las banderas para luchar, a mis hijos e hijas. Agradecerle a Verónica que me ha aguantado durante años, que ha logrado un espacio de liderazgo propio.

Agradecerle a Francia, con todo lo que eso significa para el pueblo colombiano.

Gracias a todo ese esfuerzo, que viene de antaño, de generaciones que ya no están con nosotros, somos parte apenas de un acumulado, de una resistencia que ya tiene cinco siglos, que somos la sumatoria de las resistencias de Colombia, que hemos congregado no solo ese pasado de luchas, de resistencias, de rebeldías contra la injusticia, contra un mundo que no debería ser, contra la discriminación, contra la desigualdad. Cuánta gente que desapareció por los caminos de Colombia y no se encuentran, decenas de miles. Cuánta gente que murió, cuánta gente presa en estos momentos, cuántos jóvenes encadenados y esposados, tratados como bandoleros simplemente porque tenían esperanza, porque tenían amor.

Le solicito al fiscal general que libere a nuestra juventud, liberen a los jóvenes. Le solicito a la procuradora que restituya en sus puestos a los alcaldes de elección popular.

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No es el momento de los odios, este gobierno que va a iniciar es un gobierno de la vida, el que quiere construir a Colombia como una potencia mundial de la vida.

Primero, la paz; segundo, en la justicia social; tercero, en la justicia ambiental.

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La paz como eje de un gobierno de la vida, sin la paz no tendría razón el cambio, no tendría razón el amor, no tendría razón la esperanza, este esfuerzo mayúsculo. No tendría sentido si no lleváramos la paz a la sociedad.

Poder hacer la paz significa que los diez millones y pico de electores de Rodolfo Hernández son bienvenidos en este gobierno, significa que Rodolfo Hernández, que hizo una campaña interesante, puede dialogar con nosotros cuando quiera, significa que no vamos a partir de este gobierno a utilizar el poder en función de destruir al oponente. Significa que nos perdonamos. Significa que la oposición que tendremos, bajo los liderazgos que quieran, sea el de Uribe, sea el de Federico, el de Rodolfo, el de todos juntos, será siempre bienvenida en el Palacio de Nariño para dialogar sobre los problemas de Colombia, porque el clima político que nos ha acompañado en este siglo que ha sido de odios, de confrontaciones, de persecuciones, hoy no puede seguir así.

Habrá oposición, indudablemente, quizá férrea y tenaz, pero de este gobierno que se inicia nunca habrá persecución política ni persecución jurídica, solo habrá respeto y diálogo, es así como podremos construir lo que hace unos días llamamos ‘el gran acuerdo nacional’.

El gran acuerdo nacional ya se comenzó a construir entre 11 millones de colombianos, pero tiene que ser entre 50 millones de colombianos, tiene que ser en toda la sociedad. Construirse a partir del diálogo regional vinculante, que lo que se decida regionalmente para acabar los conflictos violentos, para construir la prosperidad, se vuelve norma, se cumpla.

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En esas regiones debe llegar la diversidad de Colombia, no simplemente quien ha levantado armas, sino esa mayoría silenciosa de campesinos, de indígenas, de jóvenes, de mujeres. Sobre la base de los filólogos regionales poder construir las reformas que necesita Colombia para poder convivir en paz.

No es extraño que en esos 11 millones de votos que nos han dado el triunfo la mayoría sea de jóvenes y de mujeres, una marea juvenil decidió hoy tomarse las urnas, una marea femenina decidió hoy tomarse las urnas. El acuerdo nacional tiene que ver con reformas que necesitan y han gritado hoy las juventudes y las mujeres de Colombia, tiene que ver con los derechos fundamentales, que no pueden ser más letra muerta en la Constitución, sino que tienen que ver la vida cotidiana, la existencia real de una Constitución que se pueda vivir todos los días.

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¿Para qué un acuerdo nacional? Para construir los máximos consensos.

Que el viejo y la vieja puedan tener una pensión, que los jóvenes puedan tener una universidad, que la niñez pueda tener la leche y el pan y que la carne no sea un artículo de lujo, que la familia pueda construirse más unida, más fuerte, más poderosa.

El acuerdo nacional es para construir la paz y la paz es la garantía de los derechos de la gente, la paz es que la sociedad colombiana tenga oportunidades, la paz es que alguien como yo pueda ser presidente o alguien como Francia pueda ser vicepresidenta, la paz es que dejemos de matarnos los unos a los otros. Desde el gobierno que se iniciará el 7 de agosto comenzará la paz integral en Colombia a partir del diálogo nacional entre la sociedad colombiana y en segundo lugar que las armas dejen de disparar, que las armas dejen de usarse, que dejen de existir por fuera del Estado colombiano.

No es matarnos los unos a los otros, es amarnos los unos a los otros.

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Un gobierno de la vida no solo es la paz, es la justicia social. En estas campañas venían gritándonos a partir de las mentiras y del miedo que íbamos a expropiar los bienes de los colombianos, a destruir la propiedad privada, de manera franca les digo que nosotros vamos a desarrollar el capitalismo en Colombia. No porque lo adoremos, sino porque tenemos primero que superar la premodernidad en Colombia, el feudalismo, los nuevos esclavismos, la nueva esclavitud, tenemos que superar mentalidades allá en ese mundo de siervos y esclavos que tenían los señores esclavistas.

Tenemos que construir una democracia a partir de un pluralismo de conciencia, ecológico, de colores, económico. El pluralismo económico significa superar las viejas esclavitudes, poder tener una tierra que se llene de alimentos cultivados, tener un espacio para las comunidades indígenas, para que se desarrolle su autonomía, su cultura, una economía popular que se puede fortalecer a través del crédito barato, de ahí saldarán formas de un capitalismo, ojalá democrático, no especulador.

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De ahí saldrá una economía fuerte y productiva, por eso queremos salir de la vieja economía extractivista a una nueva economía que pueda hacer crecer puestos de trabajos. La riqueza nacional depende del trabajo.

Solo sobre la base de crecer económicamente, de producir, es que podremos redistribuir. No se puede redistribuir sin producir, por tanto si queremos redistribuir para que la sociedad toda sea más igualitaria tenemos que producir, en el campo, en la industria, en el turismo, sobre la base del conocimiento, como se produce en el siglo XXI.

Paz, justicia social, justicia ambiental, el gobierno de la vida.

Queremos que Colombia se coloque al frente en el mundo de la lucha contra el cambio climático, la ciencia nos ha dicho que como especie humana podemos perecer en el corto plazo, que la vida en esta tierra hermosa puede perecer en el corto plazo, que las dinámicas de acumulación, que un mercado desaforado, que unos deseos de ganancias desaforadas, está a punto de acabar con las bases mismas de la existencia. No lo dicen las izquierdas, no lo dicen las derechas, lo dice la ciencia. Si la ciencia lo dice toca actuar ya.

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Hoy se impone que Colombia trate de cambiar la selva amazónica en función de salvar la humanidad. Nos han criticado por proponer una transición energética hacia las energías limpias, en las que Colombia tendría enormes ventajas.

Se trata de establecer un diálogo en las Américas.

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Llegó el momento de sentarnos con el gobierno de EE. UU. y dialogar de lo que significa que en este continente se emita, como casi en ningún otro país, gases efecto invernadero y aquí los absorbemos a través de la selva amazónica.

Le propongo al gobierno de Estados Unidos y a los de América sentarnos a dialogar para acelerar los pases de la transición energética, de la construcción de una economía descarbonizadas, de una construcción de una economía de la vida en toda América.

Me preguntaba si iba a ser posible llegar al 19 de junio y hablar como presidente. Aquí somos una demostración de que la paz es posible en Colombia, de que los sueños se pueden volver realidad, los sueños de justicia, los sueños de igualdad, de libertad.

Gritemos libertad para que nunca más la masacre anegue el territorio, para que nunca más un gobierno asesine a sus jóvenes, libertad para que nunca más una política económica le quite la comida al niño y a la niña, para que lo sueños puedan ser, para que una democracia se pueda construir, para que una república sea posible, una democracia multicolor, de los hombres y mujeres libres verdaderamente libres.

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Me llamo Gustavo Petro y soy su presidente. Los quiero mucho; te quiero mucho, Colombia, gracias.

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