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En el corazón de las UCI, donde el personal de salud se juega hasta la vida por sus pacientes

Padecen estrés, miedo y llagas en la piel. Aun así, no hay certeza de que los enfermos con COVID-19 sobrevivan. “A mí se me han ido niños”, lamenta una doctora.

“La lucha de la vida de un paciente en la zona de COVID es muy dura, porque están solos, aislados de toda su familia y solo cuentan con nuestro personal de salud que les va a garantizar una atención de calidad y con seguridad para sobreponerse a esta infección”, explica el doctor Johann Schloeter, especialista en medicina interna del hospital Eduardo Meoz de Cúcuta.

El COVID-19 ataca a adultos y menores edad, algo que bien saben en el hospital Cardioinfantil de Bogotá, donde los médicos reconocen “hemos tenido unos momentos muy difíciles desde la atención de la pandemia”.

El director de la UCI pediátrica de este centro médico, doctor Jaime Fernández, lo ha vivido en carne propia: “me ha tocado atender niños muy graves, separados de su familia, bebés llorando porque no pueden tener contacto con su mamá. Nos pasó el caso de una bebé que nació y tuvo que ser alejada de su mamá que no la había conocido”.

Además de salvar vidas, termina sus extenuantes jornadas con la incertidumbre y el deseo de no haber adquirido el virus, pues en casa lo esperan dos niños.

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Con esa consciencia, ellos que están en la primera línea de lucha contra el virus se tratan de blindar para ingresar a las unidades de cuidados intensivos. Usan capas quirúrgicas, de materiales protectores, doble par de guantes, doble tapabocas, gafas que parecen no ser suficientes.

Tienen que estar así durante 12 horas, el tiempo que dura su turno. Los cauchos de los tapabocas les lastima la nariz, los trajes les hace dar calor y los deshidrata con facilidad, sumado a esto tienen que lidiar con el estrés, el miedo y el cansancio.

La doctora Lorena Acevedo, intensivista pediátrica, además de estos problemas, tiene el corazón triste. “Considero que si dios me puso en este momento acá es porque soy su herramienta y solamente a través de ella es como yo puedo brindar mi trabajo, espero que ustedes lo puedan entender… esto es muy heavy, es que a mí sí se me murieron niños”, dijo con la voz quebrada hasta que las lágrimas le ganaron.

La batalla es larga y representa una lucha para ellos, para todos. Aún no hay un medicamento certero, por eso la insistencia es al cuidado personal: “a nosotros nos da frustración, porque sentimos que el esfuerzo que hacemos no se ve reflejado en la calle”.

A esta pandemia se le gana con cuidados y quedándose en casa para que ellos puedan seguir haciendo su trabajo y para que estas unidades no se saturen. De esta manera, habrá menos pacientes sedados, solos, y dependiendo de respiradores artificiales.

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