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Los héroes de las UCI en Colombia: así luchan contra la muerte y el COVID-19

Noticias Caracol accedió a las entrañas de hospitales y clínicas en distintas regiones de Colombia, allí donde el personal médico enfrenta día a día el coronavirus.

En las unidades de cuidado intensivo de Colombia (UCI), los profesionales de la salud han tenido que enfrentar todo tipo de situaciones por cuenta del COVID-19.

Hay casos como el de Diógenes Cuevas, de 40 años y con una esposa que lo adora. Él cree que se contagió en una salida a mercar.

“Estuve hospitalizado por 28 días, de los cuales 12 estuve en la UCI”, cuenta.

Sin embargo, lo más duro fue cuando escuchó a dos doctores que lo estaban examinando y dijeron: “démosle dos días. Si no, lo desconectamos”.

El coronavirus no es un juego y estar en una UCI tampoco es garantía de ganarle a la muerte.

Mientras las autoridades se esfuerzan para tener la mayor cantidad de camas disponibles, los médicos trabajan lo impensado durante la pandemia.

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En la Clínica Universitaria Bolivariana de Medellín están haciendo turnos hasta de 36 horas continúas. Sí, 36 horas.

“Los médicos intensivistas estamos acostumbrados a una tasa de mortalidad de los pacientes que están ventilados del 10%. Con esta enfermedad, la tasa de mortalidad es del 50%. Es decir, uno de cada dos pacientes se nos va a morir. Es difícil vivir con ese dolor, con ese sufrimiento y con esa gran impotencia que tiene uno como médico”, dice el doctor Francisco Molina, líder científico de la UCI de la Clínica Universitaria Bolivariana.

Ellos también se contagian, si no, que lo diga el doctor Rafael Cotes, de 52 años y quien coordina la UCI de la Clínica San Martín en Barranquilla.

La situación más difícil que he pasado fue el día que me dijeron que tenía la enfermedad. Muchos pensamientos negativos pasaron por mi cabeza, mi familia, se comienzan a esfumar los sueños. Sentí que en el piso se abría un hueco y me iba por ahí. Extremadamente difícil”, reconoce.

Estos hombre y mujeres se juegan la vida, están agotados, pero siguen a la altura de semejante reto.

Salas llenas, médicos y enfermeras agotados; una tragedia a cuentagotas, respiradores que no alcanzan, pacientes sumidos en un sueño profundo, lidiando por la existencia… afuera otros tantos como si nada estuviera pasando, como si alguien fuera inmune a esta tragedia.

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