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‘Celina’, el hombre que vivió en la calle desde niño y 35 años después se reencontró con su mamá

José Edilberto Cuero abandonó su casa en Palmira a los 11 años y partió hacia Bogotá, donde convirtió a El Cartucho y El Bronx en su hogar. Su madre nunca perdió la esperanza de volverlo a ver.

José Edilberto Cuero salió de su casa, en Palmira, Valle del Cauca, cuando tenía tan solo 11 años. Su destino fue Bogotá , donde lo llamaron ‘Celina’. Convirtió las calles de El Cartucho y El Bronx en su hogar, los andenes en su cama y la droga en su única compañera.

Yo vine a ver si me encontraba un trabajo o algo así, no pude, no se pudo. Tuve problemas familiares. No porque yo quise, no, tuve problemas”, cuenta.

A pesar de estar a cientos de kilómetros de distancia, en el pecho, José Edilberto Cuero siempre lleva algo que ni el frío ni el hambre hacen que se olvide: su viejita.

“El amor siempre estuvo metido aquí, a pesar de que ella tenía su carácter y todo. Siempre la recuerdo y me acuerdo de todo”, afirma.

Mientras contaba su historia, tomaba una crucial decisión: dejar los desolados callejones y volver a casa. Se despidió de sus “ñeritos”, que lo bautizaron como ‘Celina’, un apodo que lo identificará a donde quiera que vaya.

Como sabía que iba a volver donde su mamá, fue a una peluquería y se puso su mejor ‘percha’. Se puso ‘pispo’, como dicen, para darle la sorpresa.

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En su recorrido hacia Palmira y gracias al Banquete del Bronx, hizo una parada en Ibagué para tenderles la mano a otros que, como él, sufren la desgracia de la indigencia.

A 253 kilómetros de allí, en Palmira, estaba María Eugenia, la mamá de ‘Celina’. Ya entrada en años, y con lágrimas en los ojos, recordó cuando su pedacito de alma se fue.

“Él, cuando tenía 11 años, salió a trabajar y hasta el sol de hoy no volvió. Lo estuve buscando con mi hermana y hermano. En una ocasión nos lo encontramos, él quedó de venirse, pero nunca apareció”, comenta la madre de José Edilberto Cuero.

Y agrega: “Hace mucho lo vi cuando sacaron a toda la gente del Bronx, a él lo entrevistaron en Puente Aranda y un familiar mío lo vio, me dijo que estaban entrevistando a mi hijo”.

Asegura que, pese a los vicios y las malas compañías, su hijo es para ella un orgullo.

“Él no ha sido mal hijo, a pesar de ser un indigente, el único orgullo que me llevo es que no ha sido ladrón”, dice.

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Con fotos en mano, María Eugenia desempolva los capítulos más felices de su vida, los mismos en los que ’Celina’ estaba con ella.

“Esto es una lesión que yo he tenido toda mi vida. Lo quiero mucho, lo quiero ver y abrazar, no sé si voy a tener esa fuerza. Y saber que, en tantos años, hay muchos que no va a encontrar”, señala.

Después de su paso por Ibagué, ‘Celina’ ya estaba en Palmira, masticando las ansias de ver a su familia.

Sin esperarlo, a María Eugenia le volvió el alma al cuerpo, pues 35 años después tuvo de nuevo entre sus brazos al niñito que se fue por problemas con su padrastro.

Nunca perdí la esperanza de encontrar a mi hijo, de volverlo a ver, abrazarlo estar con él. Dios es muy grande, ha sido lindo conmigo”, dice María Eugenia.

Se fundieron en un abrazo que parecía eterno. El tiempo se detuvo y solo existían ellos dos. Las lágrimas de ‘Celina’ pedían perdón y las de María Eugenia se lo concedían.

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‘Celina’ y su mamá tomaron asiento y comenzaron a desatrasar el cuaderno. Él se sentía como un niño pequeño en una juguetería, estaba emocionado. Todo era nuevo.

“Gracias a Dios estoy con ellos, siento otro descanso. Estos años fueron un karma”, expresa José Edilberto.

No aguantó el dolor cuando le dijeron que su hermano había sido asesinado. Y que su tío fue víctima de las balas que a diario se disparan en Colombia.

Asegura que la calle es para verracos y que muchos de los que se acuestan a dormir en los andenes, al otro día no se despiertan.

“Lo más difícil es dormir en la calle, todo por el frío”, sostiene.

Entre la droga y la desesperanza, un ápice de luz zarandeó las tinieblas. Tuvo un hijo y, aunque no lo conoce, lo ama con cada fibra de su ser.

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Tuve a mi mujer y un hijo. Ella ya murió. Espero que él esté bien, que, si me está viendo y me escucha: ‘Papá, estoy con mi mamá, duré mucho tiempo sin verla. Estoy acá, usted es mi sangre’”, afirma.

Exhibe, como trofeos de guerra, las cicatrices que le recuerdan que, en la calle, además de verracos, también hay salvajes.

Me pegaron con una pata de tijera, no fui al hospital. Con un cuchillo me puntearon por saludar a un parcero”, asegura.

Orlando Beltrán fue el artífice del reencuentro. Él es el director de la fundación Banquete del Bronx, unos ángeles para los que sobreviven a la selva de cemento.

“Él era un habitante de calle. Las personas son muy indiferentes con ellos… A las familias, quiero decirles que no pierdan la esperanza, siempre hay que buscar a los hijos, no importa que estén en las drogas”, manifiesta.

‘Celina’ volvió y dice que esta vez para quedarse. Se fue siendo un niño y retornó convertido en hombre, uno que ya libró sus batallas y purgó sus demonios para poder estar, por fin, tranquilo con los que ama.

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