medellín
4:39 am - 27 de Noviembre de 2017

María vivió a los 15 años la peor pesadilla para una mujer reclutada por el ELN en Antioquia

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Antioquia, Santander, Nariño, Bolívar y Valle encabezan las regiones más afectadas por el flagelo del abuso sexual.

Uno de los datos más estremecedores del informe del Centro de Memoria Histórica es que en el 53 por ciento de los casos las víctimas  de violencia sexual en la guerra eran menores de edad.

Como en la siguiente historia.

Esta mujer, que llamaremos María, fue reclutada por el ELN cuando tenía 15 años en uno de los caminos serpenteantes del Oriente antioqueño.

No duró mucho en las filas subversivas porque la dejaron volar, pero lo que le hicieron dos guerrilleros todavía espanta sus noches.

“Yo no pude gritar, él lo hizo porque… yo no sé, se creyó con el derecho. Yo pensé que eso era normal y me dejé. Yo qué más podía hacer si era una niña. Él era grande, estaba armado y era el que mandaba en ese momento”, recuerda María.

Primero lo hizo un comandante de escuadra que tenía bajo su mando a doce hombres. A hurtadillas la metió a rastras a un rancho en la manigua.

“Yo en el momento pensé que para eso estaba allá, para que hicieran conmigo lo que quisieran porque allá me sentí como una letrina, suena feo pero es verdad”, continúa María.

Le dijo a un guerrillero que le ayudara a volarse, que ella solo quería volver a su vereda del Carmen de Viboral para abrazar a su mamá, que las botas de caucho y las caminatas extensas en medio de esa escarpada geografía le habían ampollado los pies, que el morral en el que cargaba las raciones y la munición pesaba más que ella.

“Nunca se me olvida el olor de la ropa húmeda cuando uno camina y se seca y uno no tiene donde bañarse, y que a uno le da hambre y le dan agua con sal. Y tampoco el sonido de los grillos. Me aterra. Y también el de los sapos”, recuerda angustiada María.

Ese guerrillero la ayudó, sí, pero mientras elevaba consultas al alto mando, o eso le decía, también la abusó. Cuando iban por leña, cuando patrullaban por ahí.

Al fin regresó a casa, todavía no sabe muy bien por qué, pero la dejaron volar.

Solo a su mamá le contó lo que pasó. Pactaron sepultar aquello y jamás discutirlo de nuevo. Pero las grietas del pasado se abrieron a zarpazos y fueron derrumbándola a destiempo. La escritura la salvó. A través de esa rendija liberó sus fantasmas.

Con el tiempo “empecé a no verme sucia, a reconciliarme con el espejo, a estar mejor, a verme bonita, a quererme un poquito más. Es muy importante que se haga memoria con las historias, para nosotros es muy importante que se nos reconozca como sujetos de derecho, como mujeres, no mirando ahí a la victimita, a la pobrecita”, afirma María.

Pero el miedo jamás se le fue, y en las noches, bajo el cielo estrellado del Valle de Aburrá, sobre el filo de una esas comunas de Medellín que parecieran no terminar, se lamenta por el pavor que se le instaló para siempre y con el que batalla a diario cada que sale de su casa y deja a sus dos hijos.

“Cómo hago para protegerme, para meterme en un cascarón, para que las manos humanas no me toquen y no me hagan daño de la manera que lo han hecho. O sea, cómo se protege uno como mujer. Dios mío, por qué no hay una justicia. Yo la verdad me siento muy desprotegida y hablo por las otras mujeres de Colombia que se sienten desprotegidas”, reflexiona María.

Lo peor de todo es que la impunidad en estos casos ronda el 90 por ciento.

Tres casos emblemáticos de este delito: Raúl Reyes, exjefe de las FARC, abatido en 2008. Un informe asegura que abusaba de guerrilleras menores de edad a las que escogía como escoltas y a quienes turnaba para complacerlo día por medio.

También está el exjefe paramilitar Hernán Giraldo, extraditado a los Estados Unidos en mayo de 2008. Se calcula que abuso de medio centenar de menores de edad en la Sierra Nevada de Santa Marta. Según decía, las niñas debían ser vírgenes y menores de 15 años porque las de 20 ya eran ancianas para él.

Y el subteniente del Ejército Raúl Muñoz Linares, quien abusó y asesinó a machetazos a tres niños en Arauca en 2010. Su caso estremeció a Colombia y hoy purga una pena de 60 años de cárcel.

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