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Bogotá y alrededores: ¿un paraíso para la producción de cocaína?

Descubrimiento de laboratorios y el incremento de incautaciones de insumos cerca de la capital dispararon las alarmas. La ciudad se está convirtiendo en un eje de la producción del alcaloide.

Bogotá y Cundinamarca se están convirtiendo en ejes de producción de la coca

Hace 17 meses estalló un narcoescándalo nacional: las autoridades allanaron la finca de la familia de Fernando Sanclemente, quien era el embajador de Colombia en Uruguay. Allí encontraron un laboratorio de cocaína con siete toneladas de insumos para hacer el alcaloide, y diez kilos de droga.

El caso se concentró en responder un interrogante: ¿sabía o no sabía el diplomático de la existencia del laboratorio?

Pero más allá de la controversia, para los investigadores del narcotráfico lo más llamativo era la ubicación del hallazgo: en Guasca, Cundinamarca, un pueblo a 50 kilómetros de Bogotá.

“Bogotá no es ajeno al fenómeno y que el fenómeno sea solamente de las zonas de cultivo. Al contrario. Eso hace que se haya deslocalizado la producción de cocaína. entonces se produce pasta básica en la zona rural, y la producción de cocaína se ha descentralizado y se ha internacionalizado. Dentro de eso, la zona central de Bogotá y la sabana cundiboyacense se ha convertido también en centro de operaciones”, explica Camilo González Posso, director de Indepaz.

Hoy se sabe que ese laboratorio es apenas la punta del iceberg. Distintas fuentes le dijeron a Noticias Caracol que, en los últimos años, la capital y sus alrededores se convirtieron en un paraíso de la producción de cocaína.

Algo impensable hace unos años, en un país acostumbrado a ver que la guerra del narcotráfico se libra en las selvas más profundas.

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La Defensoría del Pueblo explicó en una de sus alertas tempranas:

El descubrimiento y desmantelamiento en Guasca (Cundinamarca) de un laboratorio de cocaína, cuya capacidad de producción rodeaba una tonelada de alcaloide mensual y se encontraba en un predio privado a 59 kilómetros del aeropuerto El Dorado, pone en evidencia los intereses descritos en tanto su ubicación estratégica permitía mimetizar los requerimientos de precursores químicos con el alto comercio legal de Bogotá y disminuir los costos de transporte y almacenamiento.

Desde que ese descubrimiento encendió las alarmas en la región, las autoridades han encontrado que el problema es grande.

En los últimos dos años, la Policía Antinarcóticos ha destruido 12 laboratorios de cocaína en Cundinamarca y Boyacá. Las incautaciones de insumos para el procesamiento de la cocaína también se dispararon: en 2017 fueron 938 kilos de insumos sólidos, mientras que en 2018, 2019 y 2020, la cifra superó las 11 toneladas. Y, este año, en los cuatro primeros meses, ya iba en 8,4 toneladas.

Lo paradójico es que, según el último informe de Naciones Unidas, en Cundinamarca no hay ni una sola hectárea de coca sembrada, y en Boyacá hay apenas cuatro.

Los expertos, la Defensoría del Pueblo y la Policía coinciden en su análisis: el negocio es traer la base de coca desde los grandes ejes de la siembra y procesarla en Bogotá.

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“Al igual que en su momento lo fue Tumaco o lo es el Urabá, donde tampoco hay hectáreas cultivadas con coca, son puntos de salida del narcotráfico por la ruta del aeropuerto. Y con esta expansión del narcotráfico, todas las rutas asociadas a aeródromos, incluido El Dorado, se ha reactivado”, dice el investigador y académico Daniel Rico.

Los investigadores antinarcóticos le explicaron a Noticias Caracol que la base de coca que procesan en los laboratorios cerca a Bogotá llega en su mayoría desde Putumayo y Caquetá. Hay redes de transportadores que compran un kilo de base en 2,5 millones y en el centro del país lo venden en 3,5 millones.

Esos recorridos duran hasta cuatro días, pues los hacen por carreteras terciarias, por las selvas y llanuras de Caquetá, Guaviare y Meta para evadir los controles.

La mayoría de los laboratorios del centro del país han sido descubiertos en el Valle de Tenza, una región sobre las estibaciones de la cordillera oriental, entre Cundinamarca y Boyacá, que tiene desde llanuras hasta páramos.

“El tener los laboratorios y a los cristalizadores de la cocaína cerca de centros económicos importantes les da ventaja. Se pueden camuflar más fácil, tienen movilidad de insumos más fácil. piense el tema de la gasolina en medio de la pandemia, o del cemento, o el permanganato de potasio, ácido sulfúrico, todos los precursores”, explica el director de Indepaz.

La llegada de los laboratorios alrededor de Bogotá preocupa porque con la producción del narcotráfico es muy probable que también lleguen la corrupción y las guerras de narcos por el control de los laboratorios, que cada vez son más poderosos.

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“Donde hay cocaína y recursos importantes hay disputas y ajustes de cuentas y violencia. De modo que ese es un riesgo que tenemos en esta zona de Bogotá y sus alrededores”, explica González Posso.

En esto coincide el investigador Daniel Rico: “Talvez el riesgo más importante para Bogotá no va a ser solamente las confrontaciones que se generan por el control de esta cadena criminal, sino la necesidad de un pago de corrupción y una estructura detrás de apoyo en la que están incluidos desde personal del aeropuerto, fuerza pública, puntos de migración, como ya lo vimos en los años 90 y la década pasada”.

El 24 de junio, la Policía Antinarcóticos destruyó uno de los laboratorios más grandes que se han encontrado cerca de la capital: en Macana, Boyacá.

Hallaron un complejo capaz de producir dos toneladas de cocaína cada mes, y encontraron 450 kilos ya listos para mandar al extranjero.

Sin duda, ese no será el último hallazgo en una región que empieza a convertirse en un nuevo eje de la producción de droga.

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