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Humberto de la Calle habla de la situación del país: “Creo que vamos realmente mal”

También se refirió a las manifestaciones, cómo ve el proceso de paz y la aspersión con glifosato, que considera es un error.

Humberto de la Calle

Humberto de la Calle, miembro de la Coalición de la Esperanza, habló con Noticias sobre lo que piensa de la situación de Colombia en medio de la pandemia y las protestas sociales.

Para el excandidato presidencial, el Gobierno de Iván Duque ha cumplido parcialmente con los acuerdos de paz.

También considera que “fumigar es un error, no solo por las mil consecuencias que tiene, sino porque las cifras lo muestran, usted fumiga y parece que acabara con el 100% del cultivo, pero reaparece”.

Esta es la entrevista completa con Humberto de la Calle

¿Cuál es el diagnóstico sobre lo que nos está pasando hoy?

Lo primero es eso, buscar un diagnóstico certero, porque surgen las últimas movilizaciones y se dijo, incluso el Gobierno, que eso era resultado de la pandemia, olvidando que en noviembre del 19 ya venían movilizaciones de gran tamaño, que precisamente se vieron interrumpidas por la pandemia. Claro que el virus ha hecho muchos daños, ha agravado todo en materia de empleo, etcétera. Es decir, sí tenemos al frente una circunstancia particular, pero yo creo que esto es una acumulación que viene desde antes en términos de insatisfacción muy profunda que no se podía expresar. Uno quisiera ponerle una gotica positiva. Diría que es una sociedad que encuentra que por fin se expresa, que moviliza de manera inédita, lamentablemente con violencia mezclada, pero de alguna manera creo que hay una nueva expresión, un nuevo deseo, sobre todo de los jóvenes, de una visión cultural y política distinta.

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¿Tiene que ser un encuentro democrático que lleve a cambiar un poco nuestra manera de interlocutar con el Estado y con los ciudadanos?

Sin duda. Primero, hay una especie de negación permanente sobre lo que todos vimos, las enormes movilizaciones inéditas en materia geográfica, nunca había habido esto en todo el territorio nacional, generalmente cosas que ocurrían solo en Bogotá o en las grandes ciudades, segundo la duración, y tercero una cosa muy particular. Cuando éramos jóvenes y salíamos a manifestarnos nuestros padres nos regañaban, ahora yo vi madres con sus hijos protestando. Por eso creo que esto es mucho más profundo y que no se está leyendo bien. Se ha vuelto casi un mantra decir el diálogo y etcétera, pero no es solo el diálogo como una puesta en escena estéril, yo sí creo que aquí sí es necesario buscar un nuevo método de gobernar y además rectificar el camino del país.

Yo sí creo que vamos realmente mal, a mí me parece que eso es indiscutible, y hay una oportunidad de corregir mil cosas y particularmente ojalá por la vía electoral, entre otras cosas porque veo mucho muchacho en plan de inscribir la cédula. Yo veo que hay ahí también un fenómeno nuevo, que ojalá fructifique porque además, con presidente y sin Congreso tampoco hacemos nada, quedamos siempre varados en esa mermelada que venimos padeciendo desde hace años.

¿Somos tercos al ponerlo todo en términos ideológicos, o de izquierda, o de derecha, o realmente el país está así?

Hay disyuntivas que son ideológicas y que son fundamentales, por ejemplo, en materia económica. Lo que hemos tenido es un crecimiento, pero en medio de la mayor inequidad del mundo. Lo saben los economistas, etcétera. Luego, dijéramos que la noción de desarrollo que hemos aplicado, pues ahora resulta equivocada, que fue acumulando toda esta Colombia invisible. Sí hay decisiones que tienen que ver con una orientación ideológica, pero lo que sí tenemos que combatir es la idea de que centro izquierda es desorden, que la autoridad es patrimonio de, llamémoslo la derecha. No es cierto ni puede ser cierto. Una sociedad progresista, que esté vigorosamente en plan de reformismo también necesita conducir esto de una manera adecuada. Ha habido de alguna manera un gran descontrol.

¿Hay frustración en un país que no entendió cómo tramitar los cambios que sugería el acuerdo de paz?

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Yo soy cuidadoso en señalar que el Gobierno proclama que ha cumplido. Yo digo que parcialmente ha cumplido el acuerdo, en eso no me gusta el dogmatismo. Pero en el terreno de la reincorporación del doctor Archila, de los planes de desarrollo con enfoque territorial, pero lo que era una hoja de ruta, que ya no dependía de ningún gobierno ni de ninguna guerrilla, sino que era un camino para Colombia, está totalmente olvidado. La reforma política no existe, ya no se habla de eso.

Ha habido acciones en el campo frente a quienes dejaron las armas, en un proceso solo de reincorporación, que incluso desconoce el elemento estructural de una reforma rural que es una frustración de siglo y medio en Colombia. Y luego la resistencia contra la justicia transicional. Hay colombianos que sencillamente odian a las FARC, les parece que deberían tener un tratamiento distinto, pero también hay gente que lo que quiere es culpar a las FARC, con razón porque sus crímenes fueron horrendos, pero barrer debajo de la alfombra respecto de otros victimarios, y una de las condiciones de la justicia transicional es ese reconocimiento integral de todos los victimarios.

Creo que sí hay una frustración, hay un riesgo de que esto se pierda, uno se entristece. Creo que es realmente una oportunidad y confío en que logremos rescatar eso.

¿No puede ser la pobreza un eventual camino de unión en el país?

Hay que cambiar la prioridad básicamente. Vamos a tener recursos limitados. Lo diría como con un eslogan: primero los pobres. Cuando uno hablaba de pobreza decían ‘ah, no, este es un político hablando carreta y no hay que creerle’. Pero en la priorización del gasto me parece que vamos a tener que abandonar esa ilusión que tuvimos de que ya éramos un país de clase media, que entrábamos a la OSD, ¡no! Aquí lo primero es atender la pobreza y la situación extraordinariamente difícil de tantos colombianos informales a los cuales el Estado no tiene casi forma de llegarles.

¿Cómo decirles a las personas que sienten que todo es populismo, tanto lo que hace el Gobierno, tanto lo que dice la oposición, hacia dónde puede llevar un liderazgo como el suyo o como el de otros para generar credibilidad?

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Hay que persistir, hacer pedagogía, seguir indicando caminos razonables. Pero lo otro es que no pintemos más pajaritos de oro. Yo creo que un liderazgo serio lo primero que tiene que decirles a los colombianos es tocó apretarse el cinturón y vamos a sufrir 10 años. Yo creo que vamos a salir adelante. Se recupera tanto en economía, pero también en la vida política en la medida en que aprendamos a manejar estas protestas, logremos separar el vandalismo y el exceso y me parece que es una sociedad que está actuando y que va a seguir actuando.

¿En esos 10 años que vamos a estar en crisis hay algo que plantear específicamente sobre el narcotráfico?

Frente a las organizaciones del narcotráfico primero hay que enfrentarlas, porque si no están en el narco están en el lavado y si no están en el lavado están en la trata de personas. Una sociedad no puede convivir con eso. Segundo, los pasos hacia una especie de legalización o regulación más abierta tienen que tomarse con la comunidad internacional. Me parece una ingenuidad creer que el día de mañana Colombia diga ‘aquí somos el Afganistán de Sudamérica y vamos a cambiar’, eso no lo podemos hacer nosotros. Pero los otros dos elementos, que son cultivos y consumo sí me parece que la política actual es absolutamente equivocada y que lo que se logró en La Habana era realmente el camino, que es sustitución preponderantemente voluntaria, es lo único que ofrece soluciones sostenibles. Fumigar es un error, no solo por las mil consecuencias que tiene, sino porque las cifras lo muestran, usted fumiga y parece que acabara con el 100% del cultivo, pero reaparece. Hay unas cifras de Naciones Unidas clarísimas. Lo único sostenible es lo que se pactó y me parece un error separarlos de eso, y en cuanto al consumo todavía queda esa cosa represiva de la Policía buscando unos muchachos en los parques… No, yo no quisiera que todo el mundo usara drogas, ni que mis hijos las usaran, yo nunca he usado drogas, por fortuna, pero convertir eso en un delito o una persecución policial me parece que es un error.

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